Imagen: OPS

*Por Noelia Díaz Esquivel

Este es sin duda un año particularmente difícil para las y los trabajadores de prensa, porque ya desde inicios de año muchxs han sido víctimas de persecuciones, despidos e incluso se dio un asesinato más, Leo Vera de Pedro Juan Caballero. Haciendo un recuento recordar que 20 periodistas fueron asesinados desde la caída de la dictadura y todos esos crímenes, excepto el de Pablo Medina, siguen impunes.

El 26 de abril se conmemora el día del y la periodista en Paraguay en recordación al asesinato del periodista Santiago Leguizamón. El domingo pasado, Dante Leguizamón, su hijo, realizó un  posteo en redes sociales y dolido escribió que después de 29 años del asesinato de su padre, lejos de encontrar justicia, le informaron que la histórica Radio Mburucuya de Pedro Juan Caballero, donde trabajó Santiago, pasará a ser sólo una repetidora del holding. Dante escribió: “lejos de encontrar justicia se va traduciendo en olvido e impunidad”.

Convertir a una radio emblemática, que se ocupó de temas locales, ya de por sí complicado en contextos donde existen Acevedos, Zacarías, etc., es realmente un retroceso para la libertad de expresión y el acceso a la posibilidad de información diversa. El contenido de este medio de comunicación se reducirá a emitir, en otra radio más, los temas que se imponen y deciden desde la capital.

La impunidad en contra de las y los trabajadores de prensa también se extiende al ámbito del trabajo. Desde inicios de la cuarentena sanitaria 60 personas fueron suspendidas temporalmente en canal 9, por tres meses según la ley, pero esto implica no cobrar la totalidad sus salarios y otros que incluso, no percibirán nada. Además se dieron 20 despidos en otras empresas periodísticas. Por otro lado se incorporaron los llamados “retiros voluntarios” una estrategia que permite a los empresarios deshacerse de sus trabajadores. Santiago Ortiz, Secretario adjunto del Sindicato de Periodistas del Paraguay (SPP), contó que en el interior del país la situación de las compañeras/ros es crítica, que muchos de ellos pagan por espacios en medios radiales los cuales eran sostenidos a través de auspicios,  dinero que dejaron de percibir, se quedaron sin ingresos y sin posibilidades de seguir trabajando. Ante ello se gestionó ayuda y se logró enviar kits alimentarios a algunas filiales del interior.  Todo esto se traduce en el recrudecimiento de la precarización laboral que afecta a lxs trabajadorxs de la prensa de todo el país.

Mencionar que desde el  SPP en alianza con otras organizaciones se presentó el proyecto de Ley “Cero Despidos” con la intención de garantizar que ningún trabajador más pierda su puesto de trabajo durante este contexto de emergencia y post cuarentena sanitaria. El proyecto se encuentra en la cámara de senadores hace más de 1 mes, se pidió moción de preferencia pero aún no se logró tratarlo.

Tratamiento de la información en cuarentena sanitaria

Desde la declaración de pandemia la mayoría de lxs trabajadorxs de medios hizo un gran esfuerzo por informar adecuadamente, brindar noticias científicamente contrastadas y publicar sobre temas que colaboraron en formar una opinión pública más o menos criteriosa. Se buscó información que ayudó a generar conciencia contra las fake news que se viralizaban por redes sociales.

Además los medios de comunicación fueron un canal importante de información sobre cómo acceder a las políticas públicas que intentan llevar adelante desde el gobierno. Sin embargo, al inicio de la cuarentena sanitaria se colocó al coronavirus como el enemigo, en el marco de una guerra y muchos se olvidaron que los derechos humanos deben ser respetados en todos los contextos. Se vio, escuchó y leyó cómo varios periodistas justificaron los súper poderes que se le dio a la policía. Recién luego de la serie de denuncias de abuso de poder y la intervención del Mecanismo Nacional contra la Tortura hubo una especie de cambio respeto a las políticas represivas.

La periodista Fátima Rodríguez, mencionó que desde grupos de medios se utilizaron hashtag que colocaba a la ciudadanía paraguaya en una guerra dejando de lado la cuestión humanitaria “es peligroso, porque en general se cree que en la guerra está todo permitido”.

Se entiende que debido al contexto de cuarentena y el asilamiento social se complicó bastante llegar a la ciudadanía, que sin embargo, tenía muchas cosas que contar respecto a la situación de vulnerabilidad que se recrudeció.

Esta situación ocasionó que se priorizaran voces de autoridades y pocas desde las organizaciones sociales y el ciudadano en cuarentena. Según la periodista Estela Acosta “faltó incorporar, escuchar más a la trinchera sanitaria de los sectores más vulnerables (como las APS en todo el país, las enfermeras, no solo a los médicos), a los especialistas no estatales, a investigadores no oficiales, para una mejor caracterización de la realidad, por más cruda que ella fuera”.

También faltó y falta visibilizar e incluir en la agenda de los medios temas como la violencia intrafamiliar en contexto de cuarentena, se habla, se lee, se escucha muy poco sobre las violencias sobre los niños, niñas y adolescentes. No se ahonda en la necesidad de una política nacional de cuidados que se sentirá aún más cuando las/los adultos vuelvan a trabajar y sus hijos e hijas ya no vayan a la escuela, cuando ya no se pueda sostener el pago de una trabajadora doméstica como consecuencia de la crisis, o de la cuidadora de una persona anciana. ¿Quién cuidará de esas personas? De esto no se habla desde periodismo, mucho menos desde el Estado.

Estela Núñez también cuestiona que hubo una excesiva confianza en salud pública y poca o casi nula búsqueda de sectores críticos a ella. Además la política de comunicación fue esencialmente dirigida a personas oyentes, sin considerar las diversas poblaciones, una de ellas con discapacidad auditiva. Además de mensajes dirigidos esencialmente a una población hispano hablante en un país oficialmente bilingüe y multicultural.

En líneas generales, hubo un importante y comprometido trabajo por parte de lxs periodistxs. Sin embargo, según el periodista Osvaldo Zayas, la línea editorial de las empresas periodísticas blinda al gobierno, cuando se posicionan como voceros de los empresarios que NO están de acuerdo en una reforma tributaria más justa. Es verdad que hubo bastante investigación periodística sobre el uso del dinero público, así se vio producción de contenido sobre denuncias de supuesta corrupción en la DINAC, PETROPAR, etc., pero cuando se plantea la necesidad de reformas de fondo, los empresarios de los medios defienden al sector que no quiere pagar más impuestos, aunque la pandemia desnuda un Estado débil en términos tributarios y eso se ve cuando no puede dar respuesta en áreas sensibles como salud, educación, alimentación y trabajo. La inversión social en Paraguay es la más baja de la región, según la CEPAL. Y obviamente no hubo, y probablemente no habrá forma de sostener las deudas contraídas si no se implementa una política fiscal que recaude más y mejor de los sectores que generan mayor renta. Y es aquí donde los empresarios de los medios ponen freno.

Zayas también menciona que “nos debería llamar la atención el mensaje subyacente que deja el hashtag del diario Ultima Hora que dice: #NomasPrivilegios y preguntarnos ¿no más privilegios para el Estado? pero que pasa con los privilegios para el sector empresarial?”.

A partir de ahora en adelante sería importante incorporar ya el plan de futuro, la llamada «cuarentena inteligente» porque todos y todas estamos pendiente de la «normalización». Buscar las respuestas oficiales, pero también la mirada desde las organizaciones de sectores que serán los más afectados.

Las y los periodistas debemos garantizar que se escuchen la mayor cantidad de voces. Y contarlas desde sus dirigencias y desde las poblaciones.

Y como dice Estela Nuñez, contar desde la «construcción de la esperanza, los temores, aciertos, las historias de resiliencia, eso nos hará más fuertes para enfrentar la nueva fase que se aproxima”.

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