Imagen: Ined21.com

*Por Ángeles Ferreira

Me declaro en una clara dependencia a las preguntas, a la frase “no entiendo”, a la duda constante, a la búsqueda de respuestas, a la lluvia de ideas, a las construcciones de hipótesis… Confieso total fascinación  al ver miradas de asombro, ojos que interrogan, oír comentarios inoportunos y bromas relacionadas al punto… Y sigo sumando; disfruto del sonido del timbre, me emociona el barullo como constante sonido de fondo y me enamoran los abrazos y saludos de pasillo.

Quiero compartir esta reflexión sobre el trabajo de las profes durante la pandemia desde esta confesión: amo la escuela. Y hacer esta declaración, deja en claro desde el vamos mi poca objetividad y mis límites ante la crítica.

Me han llamado muchas veces en estos días, pidiendo que comparta mi experiencia como profe en periodo de COVID -19 e incluso que plantee alguna postura política sobre “la educación y la pandemia”. Admito que es más simple responder en voz alta, de forma desordenada, las miles de reflexiones que tenemos al respecto. Pero cuando me invitaron a escribir mi experiencia, me quedé congelada… Me ha costado mucho sentarme a escribir sobre cómo estamos viviendo este momento.

Podríamos (y deberíamos) hacer un análisis más político. Urge abordar lo que está en juego en este escenario de pandemia en cuanto a educación. Temas como el agrandamiento de la brecha social la diferencia de oportunidades entre quienes más y menos recursos tienen; como la escuela en este escenario sigue siendo una gran maquinaria de reproducción de desigualdad social; el control social ejercido desde la educación; la escuela como normalizadora de un sin fín de violencias (sociales, políticas, económicas, machistas, racistas, homofóbicas) y como esto se profundiza en este contexto. Nos toca reflexionar sobre  para qué modelo de sociedad educamos, cuál es el rol del Ministerio de Educación, sobre las políticas educativas e incluso sobre el claro fracaso de esta “transformación educativa” que se encuentra en proceso.

Podríamos (y deberíamos) hacer un análisis desde lo pedagógico. ¿Qué es la Educación? ¿Qué enseñamos en un escenario de emergencia? ¿Se cumple el programa? ¿Son necesario los horarios? ¿Cómo se adecua el plan en relación a los medios? ¿Recreos? ¿Evaluaciones? ¿Son los  medios, las técnicas, las herramientas y los instrumentos pedagógicos garantes de aprendizajes y procesos educativos? Las relaciones afectivas, la escuela como espacio de encuentro, la construcción de vínculos sociales, la cantidad de horas de un/a niño/a frente a una pantalla, la seguridad en redes, la presión y el estrés en la casa. De verdad creo que urge abordar estos temas. Ordenar, sistematizar las propuestas, analizar, concluir y proponer. Harta tarea nos queda a quienes estamos relacionados con la Educación, la investigación, la historia y la política.

Pero en este espacio, ante la libertad que las compañeras de Emancipa te hacen sentir, me gustaría compartir esas experiencias que escuchamos, que vimos y que acompañamos.

Porque en este escenario de emergencia se están construyendo propuestas significativas. Alternativas educativas creativas y transformadoras. Y así como vemos ollas populares, en la educación también somos conscientes que es la organización, el compañerismo y el encuentro real con la necesidad del otro lo que nos salva. La garantía para seguir y vivir.

Desde este lado, el de los amantes de la escuela, en estos días hemos escuchado historias de profesoras que recorren casa por casa, diariamente, entregando tareas y cartitas para sus alumnos/as. Sí, una profe que, sabiendo que sus estudiantes no van a poder conectarse en estos meses, se le ocurrió la hermosa idea de que podía repartir tareas y cartas, e invita a sus estudiantes a escribirse entre ellos promoviendo la lectura y la redacción y mantiene ese tan hermoso lazo de amistad.

Hemos visto profesores que han decorado una esquina de su casa para crear su propio escenario de aprendizaje. Para que en la cámara sus estudiantes puedan encontrar un espacio similar al aula; han colgado mapas y carteles, se han comprado pizarra y hasta han prestado juguetes para tener compañeros de salita.

Hemos acompañado a otros profesoras en cualquier horario y día, a prender su cámara, probar sonido, explicar como compartir pantalla, presentar una nueva app de juegos, los museos virtuales, bajar vídeos de youtube, ponernos al día con lo que se está produciendo en Argentina o Perú, crear cuestionarios, etc.

Como nunca me he encontrado con profesores trabajando colectivamente. El primero en pillar como funciona algo se ofrece en los grupos de whatsapp para acompañar a otros, el que aprende a instalar ya se pasa toda la semana instalando aplicaciones en otras computadoras y hasta me he encontrado con compañeros, que aún violando las disposiciones, se encuentran abriendo las puertas de sus casas a otros colegas para compartir el wifi y utilizar la computadora por turno.

También me he encontrado con estudiantes que guían a sus profes, que explican con paciencia de educadores como subir archivos, manejar el audio, diagramar presentaciones. Pacientes repiten “Hola, no te escucho.. ahora sí, ahora no”…”proba esto, proba aquello”. Y con la ternura de quienes saben que el otro está aprendiendo, se ríen porque la página dio vuelta y hoy les toca enseñar a ellos.

Desde este lado, se están viviendo procesos de aprendizajes transformadores, vitalizadores y necesarios para un siglo XXI que urgentemente precisaba cambiar.

Cualquier profe me dirá “así mismo es”, perooo… hace más de un mes no dormimos, nos hemos quedado con menos salario, tenemos compañeros despedidos, pocas veces las autoridades nos responden y tenemos un montón de estudiantes que requieren atenciones diferenciales. Nuestra paciencia está rozando el límite. El estrés, la cantidad de trabajo y las necesidades sobrepasan.

Me costó escribir, me tomó tiempo poder sentarme a pensar y poner en palabras mi experiencia. Uno, porque no tengo tiempo, literalmente; y dos, porque realmente estamos viviendo una vidas bipolares. Pasamos de vivir este momento como un gran desafío para aprender, crear y educar; y al mismo tiempo recibimos orientaciones para que nos adaptemos y ajustemos a los medios y a los tiempos.

Es un momento sumamente desafiante el que estamos viviendo, el mundo paró y nosotros como profes tuvimos (quisimos) continuar. Creo que hoy comienza a vislumbrarse un futuro aún más complejo, desigual e injusto. La pandemia ha llegado para que el gobierno justifique  despidos, deudas y saqueos. Pero en ese futuro que comenzamos a vislumbrar existe una diversidad de presentes colectivos; alrededor de una olla, de un libro, celular o computadora. Que nos permiten organizar sueños y mundos más justos.

1 comentario

  • Excelente radiografía de nuestros día a día. Esperanzados en que pronto pase la Pandemia y los recursos lleguen a donde tienen que llegar los más necesitados

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