#EmacipaColombia

Por: Ximena Canal Laiton (Socióloga, analista de contexto e información humanitaria e integrante del colectivo Primarias)  y Kika Kanal (Estudiante de secundaria y parte del colectivo Primarias).

 

Desde hace décadas, Colombia ha estado inmersa en las crueles dinámicas del conflicto armado interno. Entre 1984 y 2019 se registraron más de 8’500.000 de víctimas, es decir, el 18% de la población del país.

Como consecuencia de las acciones de grupos armados ilegales y legales, hombres y mujeres – indígenas, afrocolombianas y campesinas- de las áreas rurales han llevado la peor parte del sufrimiento; allí la consecuencia más visible son los más de 7,5 millones de desplazados internos.

Los registros de la Unidad de Víctimas[1] muestran que la proporción entre hombres y mujeres víctimas del conflicto es, en general, pareja (48.8% hombres y 50.2% mujeres). Sin embargo, hay un hecho victimizante en particular en el que las niñas y mujeres representan el 91% de las víctimas: los delitos contra la libertad y la integridad sexual, considerados crímenes de lesa humanidad.

En el conflicto colombiano, todos los grupos armados ilegales y legales han usado la violencia sexual como herramienta de control social y muestra de su autoridad.

Según Rita Segato, en las dinámicas de los conflictos actuales “la agresión, la dominación y la rapiña sexual [de cuerpos femeninos y feminizados] ya no son, como fueron anteriormente, complementos de la guerra (…), sino que han adquirido centralidad en la estrategia bélica.” La autora también afirma que la violencia sexual se constituye como un “arma de guerra productora de crueldad y letalidad (…) material y moral [2]. En este marco, desde 1984, más de 32.000 personas han sido víctimas de esclavitud sexual, violación, tortura, aborto forzado, desnudez forzada, entretenimiento sexual y otros delitos sexuales; de las cuales el 95% han sido mujeres, personas LGBTI y niños y niñas.

A pesar del acuerdo de paz del Gobierno Nacional con la ex guerrilla de las FARC en 2016, y a pesar de que éste sea un hecho invisibilizado y no aceptado por los grupos armados, la violencia sexual como arma de guerra sigue vigente en Colombia. En 2019, cada semana 6 personas denunciaron ser víctimas de estos delitos por parte de miembros de las disidencias de esta guerrilla, grupos paramilitares, fuerza pública y guerrillas actuales. Las cifras continúan aumentando pese a que el sub-registro sea de los más altos en los hechos del conflicto, por temor a represalias, a sanciones sociales y por falta de presencia institucional en territorios apartados.

Desde 2014, el 25 mayo se celebra el Día Nacional por la Dignidad de las Mujeres Víctimas de Violencia Sexual en el marco del Conflicto Armado para dignificar a las mujeres que han padecido esta forma de violencia en su contra. Aprovechamos este día para visibilizar en América Latina, a través de la Revista Emancipa, este hecho oculto que sigue sucediendo en los campos y las selvas de Colombia y que, la mayoría de las veces, queda en la impunidad. Alzamos nuestras voces para recordar que los cuerpos de las mujeres deben ser espacios autónomos de autocuidado y respeto, y no blancos de guerra ni territorios de conquista. Queremos reconocer y hacer un homenaje a las mujeres que, pese a este suceso, reconstruyen sus vidas, y trabajan como lideresas y agentes comunitarias para buscar justicia, ser soporte para otras mujeres víctimas y construir ambientes de paz en sus comunidades para garantizar la no repetición de estos hechos.

Ni una más.

[1] Todas las cifras de este artículo fueron tomadas del Registro Único de Víctimas (RUV) de la Unidad para la Atención y Reparación Integral para las Víctimas (UARIV), con corte al 30 de abril de 2020.

[2] SEGATO, Rita. 2014. Las nuevas formas de la guerra y el cuerpo de las mujeres. En: https://www.scielo.br/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0102-69922014000200003

Deja un comentario