Ilustración: Nerina Canzi

*Por Noelia Díaz Esquivel

Su boca fue la parte más comprometida por las lesiones. Sus amigas y hermana esperan que la morgue del Hospital del Quemado entregue el cuerpo 60% dañado por el fuego. Ellas forzaron la realización de la autopsia, están seguras que Judith fue víctima de feminicidio.

Judith González fue rociada con combustible y todo indica que fue quemada por su pareja el 26 de abril, murió el 15 de mayo.  El fiscal José Luis Granea, de Avellaneda, Argentina, realizó su hipótesis en base a lo que sólo sostiene el presunto agresor: que ella quiso suicidarse.

Judith es una paraguaya que emigró hace años a la Argentina. Huérfana de madre y sin haber conocido nunca a su padre, decidió buscar nuevos horizontes con la esperanza de una mejor calidad de vida. Una mujer  persistente que logró, a fuerza de trabajo, un techo propio en un país que no la vio nacer.

Formó pareja con Orlando Bogarín Villalba quien asegura que ella buscó su propia muerte. El hombre es el padre de los dos hijos de Judith de 10 y 5, el mismo que intentó matarla dos veces antes, en 2017 y 2018, y que no lo logró porque una adolescente, Araceli González, hermana de Judith, pudo salir de la casa y gritar para pedir ayuda.

Según el relato de Araceli, Orlando Bogarín se defiende mostrando pequeñas heridas mientras admite que hubo una discusión, que Judith se puso loca, fue al cuarto de las herramientas y volvió empapada de queroseno, pero nunca termina de explicar cómo ella se prendió fuego.

Araceli cuenta que se enteró de que algo pasaba con su hermana porque le escribió al celular una vecina. Prosigue diciendo que envío un WhatsApp al número de Judith y Bogarín contestó haciéndose pasar por ella. Finalmente ante su insistencia Bogarín admitió que era él quien usaba el teléfono de Judith: “A mí ya me atendieron, ahora yo espero que salga y te llamo”, “ella va a estar bien yo te informo”, “haciendo fuego para el asado se quemó con aguarras”, “y D… y yo la ayudamos”, “si tengo que quedarme con ella llevo los chicos a casa de mi mama”, dicen los mensajes en las capturas del celular de Araceli.

El hijo más grande de la pareja también se había quemado intentado ayudar a su mamá, aunque la lesión en su pierna fue leve.

Fue la misma Araceli, junto con su madrina, Ninfa Bustamante, quienes hicieron la denuncia en la comisaría de Avellaneda que abrió la causa en la Unidad Fiscal 2. Hasta ese momento nadie había intervenido ni siquiera de oficio. Los hijos de Judith quedaron con la familia de Bogarín y ahí están todavía.

El Colectivo Ni Una Menos y el Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad de la provincia de Buenos Aires están siguiendo el caso y desde la Dirección Provincial de Casos de Alto Riesgo por violencia de género, a cargo de Silvina Perugino acercaron un escrito en el que constan las llamadas a la línea 144 para denunciar a Bogarín en 2017, 2018 y 2019. Nada de esto es suficiente para que el fiscal deje de lado un supuesto suicidio e inicie la investigación de un feminicidio.

La muerte de Judith González está cubierto por la sombra de lo que no se nombra. Según Noelia Fleitas, una prima lejana de Judith, entrevistada en el programa de radio La BuenaYunta, dijo que éste es un crimen abrazado por la discriminación que sufren las migrantes que además son pobres. Y reclama la total indiferencia del Estado paraguayo que hasta hoy ni siquiera pidió información sobre la muerte de una paraguaya a quien expulsó por falta de oportunidades.

¿Hasta cuándo?

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