Taneisha Kirchner. @TaneishaKirchner

Por Pamela Pulido*

La descolonización es el proceso de independencia política de una colonia o territorio en relación con la nación extranjera que lo domina en condición de dependencia política, social y económica. Cuando digo descolonizar, quiero cuestionar e interrogar las formas en que estas fuerzas e instituciones más grandes nos han dicho qué cuenta como salud mental y qué cuenta como sufrimiento.

Un aspecto importantísimo respecto de la enfermedad mental es que casi siempre está asociada a factores de vulnerabilidad social, no es gratuito que la depresión sea más común en mujeres o que el riesgo de desarrollar alguna psicosis se duplique para personas de escasos recursos.

No se considera a la salud mental como servicio esencial y de primera necesidad de las personas. Los trastornos emocionales y mentales son la pandemia que viene y que ya está aquí.

Para cuestionar lo anterior, tenemos que recurrir a la comunidad y pensar en los tipos de conocimiento que surgen de nuestras propias comunidades sobre lo que es el sufrimiento. Decimos que alguien está luchando porque está deprimido visualmente o está pasando por su dolor individual, o lucha individual, pero no solemos pensar en el dolor o en el contexto de fuerzas históricas o estructuras sociales o dinámicas culturales.

Conocer los entramados de opresiones que viven las personas que se atienden es vital para poder realmente guiar sus procesos de sanación, así como exigir la atención digna en los servicios de la salud mental que continúa siendo la cenicienta de las políticas públicas. Ejemplo de lo anterior, es la baja disponibilidad de servicios locales y comunitarios donde la mayoría de las personas afectadas por problemas y trastornos mentales son tratadas lejos de sus casas y vecindarios; esto tiene implicaciones económicas y sociales, además de la afectación directa en su salud mental. Y ni hablar de las zonas rurales y la población dispersa.

Y sí: prestar servicios de salud mental es un acto político.

Urgen profesionales de la salud bien remunerados y al servicio de toda la población. La psicología –como el mundo– ha estado históricamente dominada y definida por el imperialismo académico y el colonialismo corporativo.

¿Esto qué tiene que ver con la forma en la que se dan los servicios de salud mental?

Con todo. Los orígenes dominantes de la psicología/psiquiatría ocasionan que la propia formación académica –también herencia del colonialismo– refuerce y perpetúe sesgos racistas, clasistas, misóginos, colonialistas y capacitistas.

Problematizar las teorías que se enseñan y su funcionamiento histórico como mecanismo de opresión hacia distintas personas/poblaciones, casi siempre termina siendo algo que las y los psicólogos debemos hacer de manera individual, pero que nunca se exige por parte de las instituciones que nos forman. Como consecuencia de esto, muchísimos terapeutas prestan sus servicios sin tener claridad sobre cómo las problemáticas sociales y las desigualdades existentes en nuestra sociedad impactan y determinan la salud mental de sus pacientes.

En Colombia, es evidente la falta de coherencia entre lo que se propone y lo que ocurre por la inadecuada implementación e interpretación de las normas en salud mental, además del desdén frente a prioritario tema por el gobierno nacional. La normatividad no ha logrado cumplir sus objetivos, lo cual hace que la atención en salud mental en Colombia sea aún muy deficiente; lo anterior, en el marco del impulso de una política de salud pública orientada a la rentabilidad financiera especulativa y en detrimento del bienestar de la población.

Siete años después de la promulgación de Ley 1616 de 2013, cuyo objeto es garantizar el ejercicio pleno del Derecho a la Salud Mental a la población colombiana, los cambios no han sido sustanciales. La falta de coherencia entre la norma y la realidad, ratifica el pensamiento general de que en Colombia se escriben las leyes en el papel, pero no tienen la fuerza para transformar un sistema de salud fragmentado y en crisis.

Según el Estudio Nacional de Salud Mental 2003, el 40,1 % de la población colombiana entre 18 y 65 años ha sufrido o sufrirá alguna vez en la vida un trastorno mental. La Encuesta Nacional de Salud Mental publicada de 2015, reporta que 10 de cada 100 adultos de 18 a 44 años y 12 de cada 100 adolescentes tiene algún problema que sugiere la presencia de una enfermedad mental.

En cuanto a la inversión en salud mental, la OMS informa que en muchos países sólo se invierte el 2% del total de los recursos de la salud, siendo el gasto anual promedio en salud mental inferior a $3 USD por habitante y en los países de bajos ingresos, $0,25 USD por habitante. Adicionalmente, a la baja inversión se le suma, la escasez de psiquiatras, enfermeras, psicólogos y trabajadores sociales lo que obstaculiza aún más la adecuada atención. Casi la mitad de la población del mundo habita en países donde se dispone de un psiquiatra o menos por cada 200 000 personas, y peor es en países de bajos ingresos donde hay menos de un especialista por cada millón de habitantes.

Según el World Happiness Policy Report (WHPR) del 2018, en los países de ingreso medio –como Colombia-, solo se invierte el 0.03% del PIB en Salud Mental y hay solo 3 trabajadores (as) especializados (as) en el área por cada 100.000 habitantes.

Las mujeres suelen presentar en mayor medida síntomas de depresión lo que muchas veces está asociado a la carga mental generada por las profundas inequidades de trabajo remunerado o no remunerado. El Ministerio de Salud de Colombia indicó que para el año 2015, de las personas atendidas por depresión moderada o severa, el 70, 4% fueron mujeres. Los roles de género, los estereotipos de la feminidad, los escenarios de violencia hacen más vulnerables de este padecimiento a las mujeres.

En el caso de las mujeres defensoras y lideresas sociales que encabezan procesos de exigibilidad ante el Estado, la violencia estructural presente en la sociedad colombiana ha naturalizado su señalamiento y estigmatización por desempeñar una labor tradicionalmente masculina y por salirse de los estándares de la esfera privada. Estas dinámicas patriarcales terminan por obstaculizar el ejercicio pleno de participación, generando serias afectaciones a la salud mental, emocional y física como el estrés, fatiga, insomnio, estados depresivos, irritabilidad, miedo y aislamiento social, los cuales son acumulativos y tienen repercusiones sobre sus relaciones interpersonales o comunitarias.

Descolonizar la salud mental debe dejar de ser una utopía y empezar a ser una obligación para los gobiernos. Se debe brindar acceso oportuno y atención de calidad en el sistema de salud; particularmente se necesita acceso a programas de prevención, atención y promoción de la salud mental con enfoque de género. Consecuentemente, se requieren más profesionales de psicología altamente calificados y competentes, que aporten a la solución de las problemáticas en salud mental.

Las nuevas dinámicas y rutinas que estamos viviendo, tanto en la vida cotidiana como a gran escala, representan una oportunidad para desafiar las costumbres arraigadas, cambiar paradigmas y comenzar a reclamar esta necesaria transformación, tanto al interior de nuestros hogares como en las políticas públicas.

Hago un llamado al gremio a denunciar y alertar a la opinión pública sobre convocatorias con condiciones laborales y remuneraciones indignas para la profesión, pues mientras no haya estabilidad laboral y salarios dignos, se verá afectada la calidad de la atención y la situación de la salud mental continuará empeorando. No hay salud sin salud mental, y no hay desarrollo social sin salud mental.

 

 

Referencias Bibliográficas:

Curiel, Ochy y Galindo María. Descolonización y despatriarcalización de y desde los feminismos de Abya Yala. (2015) Associació per la cooperació amb el Sud www.acsur.org
Gómez-Restrepo C, de Santacruz C, Rodriguez MN, Rodriguez V, Tamayo Martínez N, Matallana D, et al. Encuesta Nacional de Salud Mental Colombia 2015. Protocolo del estudio. Rev Colomb Psiquiatr. diciembre de 2016;45:2-8. 9.
Posada Villa J, Aguilar-Gaxiola S, Magaña C, Carlos-Gómez L. Prevalencia de trastornos mentales y uso de servicios: Resultados preliminares del Estudio Nacional de Salud Mental Colombia 2003. Rev Colomb Psiquiatr. 2004;33(5):241-62.
Plan de Acción sobre salud mental 2013-2019. Organización Mundial de la Salud. (OMS)
World Health Organization. Mental health and development: targeting people with mental health conditions as a vulnerable group. Funk M, editor. Geneva, Switzerland: World Health Organization; 2010. 74 p.

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