Por Rocío Galdames*

Son tiempos de urgencia, de crisis…

Y el bien  estar es una palabra que resuena todos los días,  el cuidado ha multiplicado todas sus definiciones posibles, sobre todo desde el miedo a la enfermedad que nos mantiene alertas y preocupadas casi permanentemente. El estómago, que secreta la hormona del estrés, es el lugar donde somatizamos prácticamente todo ese mal estar en relación a esta crisis y de manera generalizada, cuadro que se expresa como estrés es la desregulación  del ciclo del sueño. Y el bien  estar como imperativo se observa como una tapa de revista espiritual empolvada que señala la busca en  tu interior  el equilibrio mental, corporal sexual y emocional, o también la  idea instalada: si no puedes salir, entra en  ti.

Y es real, pero existen demasiadas alternativas de entrar en uno mismo y tan desagregadas por el bricolage de información que existe en el menú digital que  si no nos autogobernamos en buscar, nos mareamos y sucumbimos en  ese ingreso al self.

Pero hay formas de entrar siempre y  el secreto es no depender de otra voz para lograrlo y entrar a la habitación propia; escribir en diferentes lenguajes, expresar cómo nos representamos  tal como es la invitación que hace la escritora Virginia Woolf en 1929 en la novela La habitación propia: “Cuanto podía ofreceros era una opinión sobre un punto sin demasiada importancia: que una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas; y esto, como veis, deja sin resolver el gran problema de la verdadera naturaleza de la mujer y la verdadera naturaleza de la novela. He faltado a mi deber de llegar a una conclusión acerca de estas dos cuestiones; las mujeres y la novela siguen siendo, en lo que a mí respecta, problemas sin resolver”.

Y no hemos podido resolverlo históricamente, con dinero y sin dinero, incluso el dinero que podría ser un medio o una garantía de tiempo de paz para lograrlo, termina siendo el gran distractor por terminar volcando el deseo en el reconocimiento del otro muy clásico del síndrome del exitismo neoliberal.

Históricamente las mujeres que escribimos nos hemos apoyado de muchas disciplinas, saberes e ideas, pero este tiempo desde la urgencia de enfrentarnos a lo que podría significar la crónica de la destrucción planetaria anunciada, la soberanía en  todas sus dimensiones  por recuperar  el agua  como elemento vital  como motor de lucha territorial, a exigir su  distribución  como derecho de consumo humano y devolución de ciclicidad a la tierra, el decrecimiento como una  forma urgente de plantear en el colapso del capitalismo devastador como modelo de desarrollo.

Tenemos un espacio para recuperar que es personal y es público y este repliegue forzado nos reclama mirarnos las manos como latinas, afrodecendientes, mujeres que traen linajes poderosos y dolientes,  guerreras de batallas que peleamos en miles de frentes y no fuimos nunca reconocidas como compañeras de lucha.

El espacio de la habitación propia nos invita a bajar al sótano y visitar a la loca de la casa, sentarnos a tomar un té con ella y conocerla, ¿qué te callaste?; pensando en  el bienestar  mediado por la marketing sexista, ¿estás bien?, y ahora sin trabajo ¿qué vas a hacer? ¿Podré reunir la sabiduría necesaria para educar a mis hijos en  medio de todo este colapso? ¿Cómo vas a reinventarte, si no pudiste hacer  antes nada? Abrázala,  esa loca en  el sótano te ha estado ayudando a sobrevivir entre tanta auto exigencia,  entre el vacío de la superioridad moral, en la voz de un  yo que ella sabe que no has  reconocido.

Abrazarla, permitir que loca del sótano te contenga y escuche, es también reconstruir un  lenguaje nuevo desde esa habitación  propia, resignificar el cuidado  como un  acto político, donde yo puedo poner las reglas de lo que me hace estar bien y no de lo que me dicen la sociedad que es el bien estar y, yendo aún más cerca, diciéndome como debo cuidarme a mí y mi familia, cuando el único consenso es quedarse en casa y no exponernos ni exponer a los demás.

LA DESAPROPIACIÓN DEL DESEO

La crítica que expongo respecto al paradigma sociosanitario de carácter neoliberal es que actualmente y antes de la pandemia, el bienestar está reforzado por el coaching capitalizado tan instalado que infantiliza, impone y, peor aún, normaliza.  En este abanico podemos encontrar un sin fin de recetas y recomendaciones muy mediadas por los famosos y sus consejos caseros, las del psicólogo/ ga de las tareas, los infinitos estímulos de superación que sugiere  el marketing sexista y la continua e imparable información a la que estamos expuestas sin tener tiempo para lograr codificar y recodificar la lectura de segundo orden referida a si realmente es lo que mis manos querían hacer, si es lo que me hace estar bien y  eso que me dicen que es el bienestar, quizás la loca del sótano podría susurrarte que es lo que has introyectado respecto a lo que deseas, pero son deseos de otros para tu bienestar que te hacen dependiente del mercado neoliberal con el  10 de % de descuento.

Para poner en  perspectiva esta desapropiación del deseo, hay que comprenderlo como una lógica que funciona como resultado de la mezcla diferencia sexual con una igualdad de fuerza que no produce el movimiento del deseo y ahí queda reapropiado. Ósea que  la astucia y la violencia (¿inconscientes?) de la economía masculina consisten en jerarquizar la diferencia sexual valorizando uno de los elementos de la relación, afirmando  lo que Freud llama Ia primacía del falo. Y, de hecho, la «diferencia» siempre se percibe, se realiza, como oposición. Masculinidad/ feminidad se oponen de tal modo que el privilegio masculino se afirma siempre con un movimiento conflictual disputado de antemano (Helena Cixous,  1979, La Risa de la Medusa). Según la autora todas las mujeres han  vivido más o menos la experiencia de esta condicionalidad del deseo masculino y sus efectos secundarios, donde mi deseo es finalmente el deseo de otro para mí, esa introyección  que a mi parecer no es extrapolable a todas las mujeres si podría extrapolarse a los efectos secundarios  de influencia subliminal que  opera en  la lógica del bienestar mediado por el marketing digital que pretende normalizar en  post del empoderamiento y la productividad a las mujeres: que seamos lindas de buena presencia  eficientes, condescendientes, de buena predisposición, pro actividad y una lista interminable de imposiciones es un retrato del exilio del propio deseo al servicio del mercado productivo capitalista.

Tomarse un  tecito con  la  loca y descolgarse de “los aparatos inteligentes” por muy caricaturesca que sugiera la imagen expuesta, es un espacio necesario para reconsiderar que no es tan  importante el reconocimiento, quizás ella te aconseja como estar BIEN o tal vez solo… ESTAR.

Y ahí ladys está la RESISTENCIA o más bien una lógica  de lo que significa resistir  en tiempos de pandemia CREAR tu realidad desde la presencia en interdependencia con tantas otras locas que están  en el sótano en la búsqueda, en el goce del no tiempo, en  la conquista del espacio del cuerpo que es precisamente la habitación propia donde se ha vivido toda la vida,   el cuerpo lugar que  a veces abandonamos por infinidad de motivos propios de la subjetivación contrariada pero una verdad irrefutable es que tenemos  nuestras manos como aliadas perfectas en tiempos de re significación imprescindible para ocupar esa capacidad de adaptarnos a tiempos de cambio. Quiero exponer que esa capacidad es también parte de identificar las trampas, de la mercadotecnia, del egotismo ilustrado, el liberalismo tradicionalista que se disfraza de individualismo y sufre de soledad entre otros dilemas existenciales. Es momento de despertar a todas las trampas del capitalismo dependiente y trascender también la crítica clásica al modelo patriarcal heteronormado y antropocéntrico, porque quedarse en diagnostico no nos hace parte de la solución quizás estaría bueno partir por  Identificar las opresiones conversando con  la loca del sótano pregúntale: ¿cuándo quisiste gritarle al macho, por qué no lo hiciste?, cuando tuviste la explicación más grossa y pertinente al problema planteado en  el trabajo, pero tu jefe le pregunto a tu colega, ¿por qué no interviniste tú también?, cuando te gritó ese tipo en la calle por tercera vez en  dos semanas, ¿por qué no lo mandaste a la mierda?

Porque para que mejor me evitar conflicto si el machito no va a cambiar nunca,  podría ser callar a la loca, pensar que el bien  estar es mejor sin  enfrentamiento y verdad.

Y para esta resistencia y la reapropiación del deseo desde la habitación  propia , tenemos necesariamente que recrear una nueva forma de situarnos en relación a la virtualidad que es sin lugar a dudas una tremenda posibilidad de trascender a la conexión de la inmediatez y el exceso de información disponible y repensar la comprensión evolucionista neo darwinista positivista que pretende medicalizar al cuerpo desde la biopolitica  y ponerlo al servicio del mercado que nos quita el deseo por otras ideas alternativas  que supone estudiarnos a nosotras mismas con  lente feminista  desde nuestra habitación corpóreo emocional.

 

Buscar nuevas narrativas sobre el cuerpo, el mundo y el devenir como por ejemplo la innovadora propuesta de la escritora feminista norteamericana Donna Haraway proponiendo en el Manifiesto de cyborg la existencia de un  ser cibernético, híbrido, compuesto de máquina y organismo, una criatura de realidad social y también de ficción en un mundo post genérico que no está atado a ninguna dependencia, situado en el área de la ironía, la intimidad y la perversidad, les cyborg no sueñan con el modelo de la familia tradicional, no están hechas de barro. Se declaran  como seres  irreverentes, desconfían  de lo absoluto, pero tienen un sentido natural de la  asociación  en  frentes para la acción  política pero sin partidos en la vanguardia, son hijas ilegitimas de la religión,  del capitalismo y el patriarcado heterosexual. Y como maquinas infieles a sus orígenes. Creen en  Un yo personal postmoderno y colectivo. La teoría y la biología evolucionista dibujaron la frontera que separa lo humano y lo animal  las cyborg van  más allá  no creen  en  esas divisiones porque el cuerpo se comprende discursivamente como un estrecho acoplamiento inquietante y placentero por eso se plantea la indiferenciación entre organismo vivos y maquinas, entre  cuerpo y mente, entre el desarrollo personal y el planeado entre muchas otras distinciones que plantean  que solían aplicarse a organismos. Como defensoras de la imposibilidad de  distinción  entre  los límites de  lo físico y lo no físico,  la tecnología  son señales indecibles ondas electromagnéticas así  es como el mito de cyborg nos habla de fronteras transgredidas, fusiones poderosas y  posibilidades peligrosas que pueden  explotar como parte de un necesario trabajo político.

Lo cierto es que estamos en un  momento histórico crítico para salvarnos de los ismos y de la progresiva e incontrolable  tecnologización de aparatos discursivos  genéricos, sexuales, democráticos, normalizadores de la salud que refuerzan los márgenes del cuerpo, establecen sus límites y estereotipan  sus formas de manifestación.

La invitación  a construir otros lenguajes de ficción sobre el cuerpo podría ser una genial invitación  para enfrentar desde un proceso de re subjetivación la dominación de las ciencias evolucionistas, pretendiendo evolucionar desde paralelismos inéditos, transgresores. rompiendo fronteras entre lo humano y lo animal nuevamente desafiando el plan de la planificación biopolitica mediada por el bien  estar referido al sistema inmunitario, en búsqueda de nuevas maneras de generar multiplicidades fuera de los esquemas de teoría parte / todo. Podemos seguir creando espacios para preguntarnos ¿Cómo podrían nuestros cuerpos naturales ser imaginados de nuevo y liberados para formar las relaciones entre igual y diferente entre yo y los otros, entre interior y exterior, entre reconocimiento y extrañeza en mapas–guías para otros inadecuados?. Podríamos escribir  desde  una perspectiva sociológica de la vida cotidiana la realidad de las mujeres teletrabajadoras como nuevas feministas cyborgs,  describir que nos pasa en este nuevo formato por mencionar una entre miles de posibilidades de reescribir cuerpos cyborg que no son  inocentes, no nacen  en  un  jardín  nos buscan  una identidad unitaria, por lotanto buscan  antagonismos  y dualismos sin  fin  permitiendo la ironía.

El feminismo cyborg es un nuevo código que podríamos avocarnos a codificar, ninguna corriente del feminismo se ha podido establecer como una verdad absoluta sobre la mujer y sus conflictos con el sistema, esta nueva mirada contextual de la mujer desde mi perspectiva permite reformular la estrategia de RESISTENCIA en todo sentido  del contexto, la deconstrucción como un discurso se expresa como sobrevivencia frente a un Capitalismo que no hay que cambiar, hay que destruirlo y para eso tenemos que estar unidas políticamente, la depresión  es distracción, somos el pináculo de un árbol firme históricamente hablando y considero que tenemos un papel importante que cumplir en las ciencias en post de resignificar las redes sociales y relacionales referidas a la dominación de la información  y  para abrir el debate de lo que podría suponer subvertir el lenguaje y avanzar hacia una ciencia feminista planteo la siguiente interrogante:

¿Qué estrategias y propuestas científico técnicas de carácter interdisciplinar podemos levantar para afianzar el discurso feminista latinoamericano en  relación al derrumbe del modelo capitalista que está ocurriendo o el desmantelamiento de la crisis de los estados subsidiarios o también del enfoque del bien estar cuestionable por el mercado de la higiene y la belleza?

*Rocío es socióloga estudios en psicología, diplomada en investigación del cuerpo y emociones. Artivista teatral. Feminista chilena.

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