Siempre que ingresamos a un lugar hacemos un pacto: aceptamos las reglas del espacio, la música y lo que tiene para ofrecernos. Pero, ¿qué pasa cuando los espacios no nos aceptan a nosotres? ¿Cuándo sus lógicas de funcionamiento de una forma u otra nos excluyen?

 

Por Manuela Bares Peralta y Jimena Gibertoni*

“Casa Brandon” fue uno de los primeros espacios que propuso un contrato distinto, un lugar donde se resquebrajaban los estereotipos que imponía el afuera mientras se consolidaba como trinchera de encuentro para la comunidad lgbti+. La cultura no está exenta de las lógicas patriarcales sobre las que se construyeron los ámbitos y los vínculos que transitamos. Muchas veces, esas lógicas parecen más amigables, casi disfrazadas pero continúan ahí latentes. Hacer cultura, desarrollarla y visibilizarla en pleno corazón de Villa Crespo bajo las reglas de la comunidad lésbica, gay, bisexual, trans, intersex y queer era disruptivo y, a la vez, revolucionario.

La irrupción con fuerza en el terreno público y mediático de la agenda de los feminismos, la diversidad sexual e identidad de género permitieron que los espacios culturales se repiensen bajo nuevas lógicas. Al calor de este nuevo escenario, nacieron espacios como Feliza donde sentirse segure no era un privilegio sino un derecho conquistado a la hora de pasar la puerta de entrada.

Con dicha consigna Feliza surge en un contexto donde los espacios territoriales de encuentro eran limitados e implicaban lógicas heteropatriarcales, donde las opciones para transitar la identidad sexual eran acotadas en el ámbito cultural de nuestra ciudad. 

Un foro online con más de 50 mil lesbianas y bisexuales que intercambiaban proyectos sobre cultura y arte, a la vez que, hablaban sobre sus identidades. Ese fue el comienzo del proyecto que, después, se vio minado de transformaciones: la fiesta Tresjolie es un ejemplo de eso. Conquistar aunque sea por una noche un espacio completamente heteronormado. Encuentros en lugares seguros para la comunidad lgbti+, un espacio de visibilización y difusión cultural que tiene a la diversidad como enunciador y eje central.

La imperiosa necesidad por alargar esa noche fue el motor para que Feliza se transforme en un espacio cultural pensado para la comunidad lgbti+ y fuera de las lógicas heteronormadas.

Pero el desafío que les tocaba atravesar a algunos centros culturales era otro: ¿qué significa incorporar la perspectiva de género dentro de los espacios? Esta pregunta comenzó a saldarse con la creación de la campaña contra el acoso en el circuito de nocturnidad porteño y en la inclusión de festivales, fiestas, ciclos de charlas y literatura diversos en las programaciones. Esos caminos fueron acompañados con el armado de distintos protocolos contra las violencias con el fin de que los espacios dejaran las lógicas tradicionales y abrazaran la diversidad.

Habitar lugares que fueron pensados y creados para la comunidad lgbti+ es una conquista irremplazable. Esos espacios son indispensables para acceder a la cultura de una forma más igualitaria y equitativa. Pero lejos de clausurar el debate potencia nuevas demandas en la construcción y transformación de los espacios que fueron edificados bajo otras lógicas. La necesidad de imprimir la perspectiva de género en su interior se vuelve transversal, ya no alcanza con una proporción de su programación, ya no queremos ser solamente les invitades a un festival queer sino que queremos que haya lesbianas, travestis y trans en las grillas habituales. 

La cultura independiente sigue teniendo enormes deudas con estos colectivos que convoca para llenar escenarios y ciclos. En los más de 450 espacios culturales que hay en la Ciudad sólo hay una pequeña proporción que tiene al género como eje transversal. ¿Será que llegó el momento para pensar una cultura construida por elles y para elles?.

Esta época nos enfrenta ante nuevas demandas y a la búsqueda urgente de nuevas conquistas. La cultura continúa siendo terreno de desigualdades que no son exclusivas del sector pero que generan consecuencias específicas en él. Si la comunidad lgbti+ es un actor fundamental en la generación y divulgación de nuevas identidades culturales también debe ser un factor decisivo a la hora de pensar propuestas que hagan más inclusiva a la cultura en su conjunto.  

 

*Manuela y Jimena son integrantes de la Red de Abogadas Feministas y Abogadxs Culturales

 

 

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