*Por Noelia Díaz Esquivel

Fabi y Luli son, fueron y serán la red de contención más fuerte que tengo y quise compartirlo en este dossier de Resistencia Emocional. Para mí es un gran desafío escribir en primera persona y encima desde la maternidad.

La cuarentena, la cuarentena, ¡la cuarentena! Ésta imposición la vivimos en casa abrazadas, cuidándonos y aprendiéndonos. La verdad es que puede sonar muy de madre “obse” decir que mis hijas son lo más, pero en verdad el feminismo me enseñó, entre muchas otras cosas, a construir y vivir una maternidad desde el respeto, la amorosidad, la empatía, pero con disciplina y ese es un ejercicio que lo practicamos desde dos lugares: madre-hijas e hijas-madre.

Cada una respetó los tiempos de las demás, pero también encontramos espacio para hacer un montón de cosas juntas. Desde ver una película juntas, preparar el almuerzo o la cena y sentarnos a compartirla y disfrutarla con una sobremesa – cosa que no ocurría casi nunca por causa de los horarios laborales o porque los fines de semana ellas van con el padre – hasta acostarnos en la cama a contarnos cosas que nos pasaron algún tiempo atrás y reírnos hasta que nos doliera la panza. Les conté de mis historias de niña y ellas dijeron que hubieran querido una máquina del tiempo para viajar al pasado y poder ser mis amigas. Obviamente morí de amor!!

Para mí fue profundamente sanador vivirlas a ellas de esta manera. A veces la maternidad es muy dura, a veces duele, a veces nos sentimos culpables por no poder ser la madre perfecta que nos dictan los estereotipos, pero ellas me mostraron que juntas no es tan complicado, que organizadas en esta red de amor somos más fuertes.

Considero que ser feminista es afirmar libremente que también es un derecho ser madres y apropiarnos de la maternidad y ser conscientes  de la inmensa responsabilidad que nuestro rol conlleva: criar hijos e hijas libres de estereotipos, de machismo, de prejuicios, libres, felices y listxs para mejorar el mundo.

La maternidad que yo procuro ejercer es una que se rebela contra lo establecido. Y cómo lo dice Fachu Aguilar, es una maternidad desobediente, una maternidad insumisa, que rompe con los arquetipos que nos impusieron a lo largo de la historia, que rompe con la maternidad patriarcal que encierra a las mamás en el hogar y que infravalora el trabajo de los cuidados. Cuando hablo de esta maternidad insumisa, rebelde, desobediente, no se trata tanto de idealizar la maternidad como de darle ese valor político, social y económico que tiene y que le ha sido negado.

Desde un planteamiento feminista lo que se debe hacer, citando a Adrianne Rich, es romper con esa “institución” de la maternidad; con esa imposición de lo que debe ser la maternidad, y recuperar la experiencia materna sin idealizarla para poder vivirla libremente.

Yo creo que es necesario reapropiarnos de la maternidad en un sentido feminista, emancipador y recordando ese lema feminista que dice que “lo personal es político”, pues la maternidad también lo es. Y no se trata de romantizarla sino reconocer el papel fundamental que jugó y juega en la sociedad y otorgarle el lugar que le corresponde.

Finalmente, contarles que también planeamos vacaciones juntas, a cualquier lugar del mundo, para reírnos y mirar churros! Jajajaja!

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