Foto: Prensa OPAL

En octubre de 2018, Chile reventó en un estallido social histórico que evidenciaba la crisis estructural del hijo predilecto del modelo neoliberal y que se mantenía oculta bajo una alfombra de créditos y sobre endeudamiento.

Nueve meses después, el país vive al igual que el resto del mundo, la mayor crisis sanitaria del ultimo siglo, completando ya cuarentenas parciales en todo el país y manteniendo a la mayoría de la población en aislamiento sanitario. Con las medidas sanitarias, nuevamente el modelo neoliberal evidencia la precariedad en la que tiene a las personas: miles de nuevos cesantes en un país de la informalidad, los «emprendimientos» y el empleo precario. Con ello vino el hambre y las medidas ineficientes del Gobierno de Sebastián Piñera.

En este marco, surgió la idea de retirar el 10% de las AFP para que aquellas personas con mayores problemas de crisis económica y sobre endeudamiento puedan salir de la situación de precariedad en la que se encuentran. El Gobierno de Piñera se ha levantado como gato engrifado a defender los intereses de los más poderosos e impedir a como de lugar que se aprueba en el Parlamento esta ley, que este miércoles se votará en la Cámara de Diputados.

Para mostrar el apoyo a esta medida, la noche del martes 14 de julio, las calles de Santiago y otras comunas del país, se llenaron de fogatas y protestas, y volvieron a sonar con fuerza las cacerolas en todo el territorio. Hoy, las organizaciones sociales y feministas del país, han convocado a estar alertar y a nuevas manifestaciones.

 

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#TodoChileProtesta En Lo Prado #CacerolazoPorMi10

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#TodoChileProtesta En Pudahuel #CacerolazoPorMi10

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#TodoChileProtesta En Quilicura #CacerolazoPorMi10

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Con mi @jvargascastillo agitando a la puebla.

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"Además de la incidencia de la pobreza, otro aspecto de nuestro actual desorden económico consiste en que muchos ciudadanos tienen muy poco, mientras que otros tienen demasiado. Indiscutiblemente, los muy ricos poseen mucho más de lo que necesitan para llevar una vida activa, cómoda y productiva. Al extraer de la riqueza económica de la nación mucho más de lo imprescindible para vivir bien, los individuos excesivamente acaudalados son culpables de una suerte de voracidad económica. Esto se asemeja a la gula de quienes engullen una cantidad de comida considerablemente superior a la que exige su bienestar nutricional o un grado satisfactorio de placer gastronómico. Además de los perniciosos efectos psicológicos y morales en las vidas de los propios glotones, la voracidad económica ofrece un espectáculo ridículo y desagradable. Junto con el consiguiente espectáculo de un considerable sector de la población que padece una significativa carestía económica, y que, en consecuencia, se muestra más o menos impotente, la impresión general que ofrece nuestra estructura económica es terrible y moralmente ofensiva. Centrarse en la desigualdad, que en sí misma no es cuestionable, es malinterpretar el reto al que realmente nos enfrentamos. Nuestro objetivo básico debería ser reducir tanto la pobreza como la excesiva opulencia, lo cual puede implicar, por supuesto, una reducción de la desigualdad. Pero la reducción de la desigualdad no puede ser nuestra ambición fundamental. La igualdad económica no es un ideal moralmente imperativo. El objetivo principal de nuestros esfuerzos debe ser mejorar una sociedad en la que muchos tienen muy poco, y otros gozan de la comodidad y la influencia que conlleva el hecho de poseer más de la cuenta. Quienes detentan una posición privilegiada gozan de grandes ventajas respecto a los menos opulentos, una ventaja que tienden a explotar buscando una influencia inapropiada en los procesos electorales o legislativos. Hay que contrarrestar los efectos antidemocráticos de esta ventaja mediante una legislación y una regulación concebidas para proteger dichos procesos de la distorsión y el abuso." (Harry G. Frankfurt, Sobre la desigualdad) ♈♑

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