Por Pamela Moragrega*

La embriaguez era de ella no de Martín, ella (Antonia Barra) venía de antes así prendida, incluso se besó con alguien más ese día” “Ella tuvo conciencia suficiente para defenderse y no lo hizo” Pradenas “no le ofreció trago, no bebió nada con ella. Por lo tanto, la embriaguez, el estado etílico, es de ella” estos son algunos de los argumentos que utilizó Gaspar Calderón para defender a su representado Martín Padrenas Dürr, único acusado de la violación de Antonia Barra, quien un mes después de este hecho se suicidó.

Cuando en octubre la performance “Un violador en tu camino”, que realizó el colectivo Las Tesis en Chile, dio la vuelta al mundo como parte de las manifestaciones de mujeres de diversas culturas, pensamientos políticos, religiones y razas, se debió a que todas tenemos algo en común: la violencia de género. Violencia que queda reflejada nuevamente con los argumentos descriptivos del defensor de violador de Antonia.

“Y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo me vestía” hace relación a argumentos comodines de todos aquellos que representan a presuntos violadores, con la intención de culpar o responsabilizar a la víctima de los hechos de violencia. Como vemos en el caso de Antonia, que se intenta comprometer a la joven y su estado etílico junto a su “historial” sexoafectivo, cómo si tener diversas relaciones fuese una invitación al abuso.

No suficiente, el abogado deja ver que lo ocurrido podría ser una “forma de desquite” por el término con su ex pololo, destacando los “atributos” físicos del abusador «Martín es un chico interesante, tiene aspecto a actor de cine”. La normalización y justificación de la violencia sexual en el caso de Antonia, es un ejemplo más de la justicia patriarcal e indolente que prima en nuestro país y que saca a la luz uno de los porqué del silencio de las víctimas o el retraso de años en denunciar un abuso o violación.

Según el Observatorio Contra el Acoso Callejero, OCAC, una víctima de delito sexual se demora aproximadamente siete años en denunciar. Sin embargo, hay muchas mujeres que pueden pasar décadas para que hablen e incluso pueden no hacerlo nunca. El silencio no es una decisión de la víctima, sino una consecuencia del trauma. Además, no podemos olvidar el miedo al rechazo, al no apoyo, a la falta de justicia y al mismo proceso judicial para comprobar que la denuncia es cierta.

Cuando el caso de Antonia salió a la luz pública, se sumaron a la denuncia de su familia, cuatro casos más de abuso sexual por parte de Martín Padrenas: 1.- en noviembre de 2010 abusa sexualmente de una menor de edad de 16 años. 2.- en diciembre de 2012 y enero de 2013, abusa sexualmente de una niña de 13 años (ojo, esto es pedofilia) 3.- en abril del 2014, abusa sexualmente de una joven de 19 años. 4.- en noviembre de 2018 violó a una joven de 20 años, que se encontraba incapacitada de defenderse debido a su estado etílico. 5.- septiembre del 2019 violación de Antonia Barra, quién se encontraba en estado similar que su víctima anterior.

Si vemos, todos los casos tienen en común que las mujeres son bastante menores que él, por lo que hay una “relación de poder” y que todas se encontraban en una posición vulnerable ante Pradenas. Pese a lo anterior, dos de estos casos fueron sobreseídos por prescripción.

Pareciera que no fuesen suficientes los antecedentes de abuso y violación de Martín Pradenas, ni su falta de colaboración a la investigación, ni las más de 14.500 imágenes que eliminó de su computador; tampoco que su celular haya terminado roto en el suelo, pese a ser un medio de pruebas; ni menos que se haya hecho pasar por una mujer para ingresar al grupo de whatsapp “Justicia para Antonia”.

Pese a todo lo anterior la familia de Antonia fue reprimida y silenciada, mientras la de Martín protegida por escoltas de Carabineros (institución que se supone defiende a los más débiles) e incluso pudo tomarse la libertad de grabar un video manifestando su presunta inocencia.

Sin ser perito en lenguaje no verbal, queda en evidencia su narcisismo, poca empatía centrado en su autodefensa con argumentos similares a los de “la manada” española, insistiendo que fue una relación consentida. Su constante mirada hacia la parte superior izquierda de la cámara, muestra la mentira en su discurso y las manos cruzadas, una barrera emocional, demostrado también en su “cara de póker”

Suicidio Feminicida

El Salvador es el único país de Latinoamérica y al parecer del mundo, que tiene esta figura condenable con una pena legal que va entre los cinco y siete años de prisión efectiva. Pero, ¿qué quiere decir? Este concepto se atribuye a casos donde la mujer se suicida después de ser abusada, violada o acosada, al punto de la desesperación y no ver más solución que la muerte. Lamentablemente cada vez hay más casos de mujeres que optan por esta “salida” debido también a la falta de apoyo, de redes y de eficiencia judicial.

Sin ir más lejos, el 28 de junio de 2020, Anaís Godoy Ramírez de 16 años, se suicidó después de  sostener el dolor de ser violada, abusada y amenazada por Daniel Soto Vargas. A ello se suma la frustración del cierre de su caso después de siete meses de investigación. Según la fiscalía no existían pruebas suficientes para comprobar la responsabilidad de Soto en la violación de la menor que tenía sólo 14 años, en el momento del ataque durante las fiestas patrias del 2018.

En marzo de este año el Presidente de la República, Sebastián Piñera, en la promulgación de la Ley Gabriela dijo que “a veces, no es solamente la voluntad de los hombres de abusar, sino también la posición de las mujeres de ser abusadas”, el claro reflejo de la normalización de la violencia de género, de una sociedad patriarcal.

Hace unos días, la familia de Josefa Bruna, niña de 14 años que falleció hace tres, en un accidente automovilístico, se enteró que la menor había sido violada por su padrastro Carlos Arias Uribe.

A través de unas cartas, Josefa desahogó su pena, las que fueron encontradas por su madre entre las ropas.

Cuando decimos redes #TODASSOMOSANTONIA #JUSTICIAPARAJOSEFA #JUSTICIAPARAANIS, no son frases cliché ni la de moda…. Cuando decimos TODAS SOMOS… es porque me atrevo a decir que la mayoría de las mujeres hemos sido abusadas, sexual o emocionalmente y muchas violadas.

Exigir justicia por Antonia, es por ella, por su familia y por cada una de nosotras, que hemos silenciado nuestra historia o preferido olvidar.

*Pamela es periodista, brujaterapeuta, danzante de la Comparsa La Jardinera, artesana y parte de Emancipa Chile.

1 comentario

  • quizas añadir el término de patriarcal mas que machismo. No se trata de caer en la androginia ( por oponerse a la misoginia). Si de género se trata, hay muchas mujeres machistas pero cierto es que la simple condición de varón ya da privilegios.

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