Por Francina Bianconi*

Hoy se conmemora el Día de la Mujer Afrolatina y Afrocaribeña. La fecha tuvo su origen el 25 de julio de 1992, cuando mujeres negras de 32 países de América Latina y el Caribe se reunieron en República Dominicana para hacer visibles las luchas y las inequidades de la población negra desde una perspectiva de género. 

Desde una mirada argentina, ¿qué pensamos cuando hablamos de afrodescendintes o afrolatines? Lo primero es que casi no se habla al respecto. Argentina se forjó como un país “hijo de los barcos” en referencia a la gran afluencia de inmigración europea, sobre todo la proveniente de Italia y España. Sin embargo, en la última década los esfuerzos por la visibilización de la población afrodescendiente fueron creciendo. En 2010 se brindaron en el censo las primeras cifras de quienes se reconocen con sangre afro, sin duda un avance institucional que no puede dejar de mencionarse.

En 2013 se promulgó la Ley Nacional 26.852 por medio de la cual se instituyó el 8 de noviembre como el “Día Nacional de los/as Afro Argentinos/as y de la Cultura Afro” en conmemoración de una heroína negra no reconocida, María Remedios del Valle, a quien Manuel Belgrano le confirió el grado de Capitana por su valor en el campo de batalla ¿Los libros de historia de la primaria nos contaron sobre ella? A la gran mayoría de nosotrxs, no. 

A diferencia de otros países latinoamericanos, como Brasil, Colombia, Cuba y hasta el vecino Uruguay, la presencia afro en Argentina no es tan notoria aunque tampoco es inexistente. 

En épocas del virreinato del Río de la Plata, más de mitad de la población era negra en ciudades como Santiago del Estero y Salta. Entrado el siglo XIX Argentina fue construida  como una nación blanca y homogénea creando el mito de la desaparición de la población afrodescendiente producto de las guerras y la fiebre amarilla. Pero la sangre de les esclaves y de las migraciones posteriores sigue persistiendo, y son hoy las mujeres organizadas quienes alzan la voz para erradicar las violencias raciales que perviven desde la época de la colonia.

En la década del’90, arribaron a la Argentina las llamadas “nuevas migraciones africanas”. América Latina se vio como horizonte para nuevas generaciones de afrodescendientes. 

Si bien constitucionalmente se abolió la esclavitud en 1853, tener la piel negra sigue pesando miradas negativas. Ser mujer y negra, aún sigue siendo un estigma. 

 

*Fran es lic. En Comunicación Social. Cordobesa, le encanta escribir. Ama ir a todos los recitales, y más si toca Babasónicos.

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