Tatiana Medina es bailarina del Grupo Tradicional Kamba Cua de Lázaro Medina y También tamborilera de Kuña Afro. Kamba Cua es una comunidad afroparaguaya ubicada a unos 10 km de la capital del país. Considero que es un colectivo referente de la negritud en Paraguay y sin dudas, una mis influencias más importantes. Porque mientras que mantiene la memoria histórica de su comunidad, preserva también la identidad de todo un país. Sus ancestras y ancestros fueron traídxs como esclavizadxs libertxs en 1820, casi 50 años antes de que se aboliera la esclavitud. Llegaron como sirvientes del prócer uruguayo José Gervasio Artigas, después de que este consiguiera asilo político en Paraguay, durante el gobierno del Dr. Francia.
Imagen: Mayeli Villalba

*Por Romina Aquino

En Paraguay, las poblaciones afrodescendientes todavía luchan por su reconocimiento como minoría étnica ante el Estado. Mientras tanto, las mujeres afroparaguayas son quienes encabezan las discusiones antirracistas y llevan su identidad como bandera política de resistencia.

“Empezamos a ir a las comunidades y lo que buscábamos primeramente era trabajar con la autoidentificación. De alguna manera sabían que tenían alguna extracción, características físicas, pero eran muy discriminados, entonces es más difícil. Y ahí se da el endorracismo, que uno mismo no se ve con ese aspecto”. La que habla es Fátima Zaracho, afroparaguaya de Laurenty, que actualmente vive con su familia en Kamba Cua y dedica su labor al reconocimiento de los derechos de las personas afrodescendientes.

Allá por el 2002, un grupo de la comunidad Kamba Cua, del que ella formó parte, empezó a visitar a las otras poblaciones conocidas por tener las mismas raíces africanas, en Paraguarí y en Emboscada. Iban a compartirles su historia, sobre sus descendientes que llegaron al Paraguay en 1820, siendo lanceros del General Gervasio Artigas.

La difunta Matilde Rivas, es una de las ancestras de la comunidad afroparaguaya Kamba Kokue, ubicada en la Ciudad de Paraguari. Imagen: Mayeli Villalba

“Fue un trabajo lento, de ir prácticamente todos los días a hablar con ellos, y que sostuvimos desde nuestros bolsillos. También les invitábamos a integrantes del ballet Kamba Cua para que les muestren sobre nuestras prácticas y la cultura en general. Y después ellos mismos ya fueron investigando sus orígenes”, explica Fátima.

Ese acercamiento fue la base para conformar la Red Paraguaya de Afrodescendientes y desde allí realizaron el primer censo de la población afro en nuestro país, sin ningún acompañamiento estatal. Pudieron constatar que, en esas tres comunidades, más de 7.000 personas se autoreconocen con la identidad negra.

En Paraguay existimos personas negras desde la llegada de la colonización española, igual que todo el continente americano. Además de las comunidades Pardos Libres de Emboscada, Kamba Kokue de Paraguari y Kamba Cua de Fernando de la Mora, habemos muchas personas que estamos dispersas en diferentes zonas del país. Vero Amotas Bernal es oriunda de Ciudad del Este, ahora vive en Asunción.
Imagen: Mayeli Villalba

“Nosotros tenemos la firme convicción que hasta que el Estado no nos reconozca, difícilmente tenga acciones afirmativas y políticas públicas dirigidas específicamente a las poblaciones afrodescendientes. Pero nuestro motor y resistencia es la identidad. Es lo que nos mantiene para seguir avanzando”, manifiesta Fátima, quien es miembra de la Red de mujeres Afrolatinoamericanas, Afrocaribeñas y de la Diáspora.

En el 2012 trabajaron con la Dirección de Censo y Estadísticas buscando incluir la variable para el reconocimiento de la población afro en el censo oficial, pero a pesar de sus intentos, el resultado fue fallido. Los números arrojaron que solamente había un aproximado de 3.000 personas afrodescendientes, cuando anteriormente ellos mismos habían comprobado que eran más.

Fátima dice que las políticas públicas en pos de la igualdad no deberían depender de la voluntad de los gobernantes de turno, porque se trata de derechos básicos y fundamentales. Es el reconocimiento de la diversidad y del aporte cultural de la población afrodescendiente al Paraguay.

Actualmente hay un anteproyecto de Ley Afrodescendiente que está siendo estudiado en las Comisiones del Congreso Nacional. Fátima, sus compañeros y compañeras celebran la iniciativa, pero les hubiese gustado que el proceso de desarrollo fuese más participativo. Más aún teniendo en cuenta todo lo que vienen haciendo desde hace años.

“Estamos apoyando desde la Red, porque necesitamos que salga una ley de reconocimiento de por lo menos minoría étnica. Aunque nosotros no tenemos la certeza de que sea así, porque como no tenemos datos oficiales, no sabemos con exactitud. Es el primer paso importante”, menciona.

Cultura viva

Araceli Medina (24) se encomienda a su Santo Patrono. Kamba Cua rinde culto a San Baltazar, el negro de los tres reyes magos católicos. Prácticamente todos los rituales que sostienen su memoria ancestral giran en torno a este santo.
Imagen: Mayeli Villalba

Araceli Medina es bailarina en el grupo tradicional Kamba Cua desde chica y hace dos años, tamborilera en Kuña Afro. Este último es un grupo que nació de la necesidad de reivindicar el papel de las mujeres negras en el arte.

Ara se considera una revolucionaria, porque junto con sus compañeras están rompiendo muchas opresiones. Primero desde dentro de su comunidad, siendo las primeras mujeres en tocar los tambores y segundo, hacia afuera, difundiendo su cultura con orgullo.

“Estoy muy orgullosa de mantener todavía viva nuestra cultura. Si bien ya no está con nosotros el líder Lázaro Medina, quien junto con mi abuelo Santiago Medina, fueron los mayores impulsores de todo esto, lo recordamos con mucho cariño. Creo que el hilo de la memoria nunca se va a terminar, porque nosotros los jóvenes y también con los adultos, seguimos trabajando”, comparte la joven.

Paola Meza también pertenece a esta generación de mujeres negras, compañeras, primas y amigas, que revalorizan el poder de la mujer desde el lugar que les toque aportar.

“Nosotras no vamos a olvidar ese 8M en el que nos invitaron a tocar, porque ese fue el momento en el que nos preguntamos ¿por qué no? Y en nuestra comunidad estamos re orgullosas de ser la pioneras en la percusión”, añade Pao.

Ambas son conscientes de que aún queda mucho trabajo por hacer en el reconocimiento de la diversidad en nuestro país, pero también son protagonistas del cambio que les gustaría ver.

“Este problema es histórico y cultural, desde la esclavitud.  Esa es nuestra mayor lucha: no hay más cadenas, pero todavía tenemos las mentales y esas son las más difíciles de romper”, asegura Medina.

Ara quiere mostrarle al mundo que en nuestro país existen afroparaguayos y afroparaguayas, que son parte de la cultura también y dar a conocer sus particularidades como las tradicionales danzas, los rituales religiosos, etcétera.

Las kuña Afro bailan, cantan y tocan percusión con su público del centro cultural feminista La Serafina, en Asunción.
Imagen: Mayeli Villalba

Contra el patriarcado y el racismo

El 8 de marzo de este 2020, Día Internacional de la Mujer, un grupo de amigas y compañeras afrodescendientes salió a marchar en bloque como feministas antirracistas. Aquel acto de visibilización fue uno de los momentos claves para empezar a hablar de las violencias particulares que las atraviesan y reclamar por la igualdad.

Una de las integrantes de ese bloque fue la fotógrafa y activista afroparaguaya Mayeli Villalba. Con su cámara en mano, aprovechó el encuentro para fotografiar a sus compañeras y seguir difundiendo, por medio de un ensayo visual que inició hace 4 años, cuán diversa también es la negritud.

Paola Meza (23) es bailarina del Ballet Kamba Cua de Lázaro Medina, y percusionista de Kuña Afro. También es licenciada en análisis de sistemas informáticos.
Imagen: Mayeli Villalba

Varias de las compañeras que marcharon provienen de diferentes espacios de organización como el centro cultural CasaFem, un espacio alternativo en el centro de Asunción para el arte y la reflexión; como también del grupo Voces Negras, quienes llevan adelante un podcast con el mismo nombre en el que conversan alrededor de las implicancias de ser afrodescendiente en nuestro entorno.

Vicky Monges de Kambarete y de Casafem, lleva en alto la consigna de nuestra referente negra y antirracista Angela Davis, durante de la marcha feminista 8m en Asunción.
Imagen: Mayeli Villalba

“El feminismo -en este caso digo en singular porque mi primera aproximación al feminismo fue al blanco- me enseñó a entender que muchas violencias que yo vivía no eran normales. Y aprender sobre racismo me ayudó a entender que hay otras violencias que no tienen que ver con el patriarcado solamente, la mayoría de las veces es una combinación”, afirma Mayeli.

Para ella fue muy sanador sacarse la culpa individual para entender las violencias estructurales. Y desde ese lugar, compartir entre compañeras sus vivencias similares, hace que el proceso sea más fácil, menos doloroso y también les llena de energía para seguir resistiendo.

“La situación de invisibilidad en la que estamos acá en Paraguay hace que mucha gente ni siquiera sea consciente de su identidad negra. A través de mi trabajo he llegado a gente que nunca antes lo había pensando, que a partir de ahí empezó una búsqueda y ahora dice ‘yo soy negra’, y se están organizando con el afrofeminismo”, expresa Villalba, que también es trabajadora social y ha participado de proyectos de alfabetización con Kamba Cua.

Para nosotras este #8M fue la celebración de salir juntas por primera vez a gritar cánticos antirracistas. Nos hemos juntamos horas antes para rimar nuestras consignas, también compartimos entre nosotras lo que sabemos que hacen otras mujeres negras de países diferentes. Disfrutamos mucho de decorar nuestros cuerpos sin miedo a que nuestros colores favoritos delanten los tonos de nuestra piel. En el retrato aparecen Vicky Monges y Claudia Galeano.
Imagen: Mayeli Villalba

En palabras de la fotógrafa, mientras esa situación persista no podremos saber cuántos abusos policiales u otro tipo de violencias institucionales suceden por una cuestión racista. “Hay países que tienen estadísticas concretas sobre las particularidades que atañen a las personas negras. En este país, el nivel invisibilización nos impide que podamos tener esas estadísticas. El esfuerzo por borrarnos es muy institucional”, agrega.

Maye ve que actualmente hay más personas que se autoreconocen como negras, que incluso las voces africanas y negras de todo el mundo tienen más eco, gracias a las herramientas digitales y a sus esfuerzos colectivos por hacerse escuchar.

“Creo que hay revisar nuestras subjetividades y decolonizarnos. El colonialismo es super abarcante, pero me refiero al sentido racista de la palabra. Tenemos que ser conscientes de que nos han colonizado también la subjetividad de una manera espantosa, tanto que ni siquiera podemos identificar qué cosas, porque están todas naturalizadas”, sostiene Villalba.

La joven insta a hacer un esfuerzo por aprender cuáles son esas cuestiones que normalizamos y que perpetúan las desigualdades, para cuestionarlas e intentar cambiarlas. Desde la forma en que nos referimos a las personas, en la que miramos y evaluamos la estética, etcétera. “Al final, todo es cuestión de género, clase y raza”, subraya.
 

*Romina Aquino González está descifrando lo que significa hacer periodismo feminista, arte y gestión cultural alternativa en el último bastión moral de América Latina.

 

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