Por Javiera Meneses*

“Paco culiao, ya te mandaste el cagazo, ayúdanos, mi hermana se muere” éstas fueron las palabras que entre rabia y desesperación recuerda haber dicho la hermana de Fabiola segundos después de que una bomba lacrímogena lanzada por Carabineros, directamente al  rostro de su hermana, la dejará tumbada en el piso, palabras que se han vuelto parte de nuestro vocabulario popular sobre todo post estallido. Un grito de rabia del cual no recibió ninguna respuesta, quienes dispararon al rostro de Fabiola, conscientes de aquello, ni siquiera fueron capaces de socorrerla.

Por el contrario, lanzaron otra lacrimógena que cayó a los pies de quien pedía ayuda, y peor aún, hemos conocido el video de carabineros de ese mismo instante, pero desde el lado de quien disparó, “¿se la pitió, verdad?’ ‘El Matu parece que le pegó, le pegó con una…”. El Matu es el capitán Patricio Maturana, quién confesó haber disparado al rostro de Fabiola la tarde del Martes 26 de Noviembre 2019 en una población de San Bernardo, Santiago.

En el caso de Fabiola, a pesar de aquel registro, no hay formalizados hasta hoy, a casi 9 meses de ocurrido el hecho. Fabiola iba a tomar la micro para ir a su trabajo y quedó ciega, jamás podrá volver a trabajar ni ver a sus hijos producto de la violencia estatal ejercida brutal y sistemáticamente desde el 18 de Octubre, día del estallido social.

Fabiola no estaba protestando, y parece que hubiera quienes le conceden un valor a eso, como si fuese diferente que la policía te dejara ciego en un contexto o en otro; pero el abuso policial es el mismo, porque la justica debiese ser para todos los seres humanos por igual, pero no lo es.

Fabiola iba camino a su trabajo, ¿eso hace que su caso sea diferente que aquellos de quienes estaban en la protesta? No, definitivamente no.

Fabiola encarna en sí misma a esa puebla maltratada, excluída y explotada por la historia de Chile, pero en particular por estos 30 años de neoliberalismo y, por estos últimos 9 meses desde el estallido social que son la expresión de una sociedad cansada y hastiada  con la rabia acumulada ante tanta miseria y abuso, una sociedad descreída de un sistema estructuralmente injusto y desigual hecho a la medida de los grandes poderes políticos y económicos en Chile, de los herederos de la dictadura y sus secuaces, entre quienes están las autoridades políticas de este gobierno,  de los 5 apellidos de las familias que se apropian del trabajo ajeno, del trabajo de Fabiola.

Fabiola es esa puebla, la trabajadora de una empresa que genera grandes ganancias y que durante 4 años le pagó 250 mil pesos, cumpliendo con turnos nocturnos, comprometida con su trabajo, a pesar de un salario miserable con el que tenía que mantener a sus 3 hijos y que además componía la brigada de bomberos de emergencia de la empresa, pues cuidaba su lugar de trabajo.

Fabiola es la herencia de la mujer indígena, de la mujer diaguita de quien heredó su lucha, su voluntad invaluable de seguir adelante con su vida, de encontrar justicia por lo que le pasó, aunque entiende que para mujeres como ella, por su condición de clase y etnia, la impunidad es y siempre ha sido ley.

Fabiola es la mamá adolescente que en un contexto de pobreza y falta de acceso asumió un embarazo a los 16 años sin poder terminar sus estudios con la llegada de su segundo hijo, de un padre que poco aportó, que abandonó la crianza y la responsabilidad económica.

Fabiola es la hermana de un minero que murió aplastado en un derrumbe por las condiciones de trabajo en una cantera en Pelequen, el hombre de la mina que, tal como en los años del salitre, fue un número más que encontró la muerte en malas condiciones de seguridad y sin justicia. Muerte que el padre de Fabiola no soportó y que lo sumergió en el alcohol hasta que murió “ de pena” dice ella.

Fabiola es la que tuvo que hacerse cargo del cuidado de sus hermanos para que su madre pudiera trabajar, ese matriarcado que se constituyó en la ausencia trágica de hombres que aportarán  con dinero, con el  cuidado y la crianza, esas tres mujeres, Fabiola su madre y su hermana, la que grito a los pacos desesperada pues creyó haber perdido a su compañera de tantas batallas.

Fabiola es de las cientos de mujeres invisibles en nuestro país de las cuales habla la feminización de la pobreza, la jefa de hogar que sostiene a sus hijos con poca o nula ayuda del Estado en una comuna pobre de Santiago.

Fabiola es que la que aún así, fue la dirigenta de su población, la que jugaba al futbol con sus compañeras, la que reía, la que se enamoró de nuevo y decidió reconstruir su vida y terminar el cuarto medio el año 2019.

Fabiola es otra victima mas de la violencia del Estado, que a través de sus aparatos de represión, en este caso Carabineros, han vulnerado sistemáticamente los derechos humanos desde la rebelión de Octubre en Chile, las detenciones, torturas, mutilaciones, violaciones y vejaciones contra una puebla indefensa y cansada de ser reprimida han sido la mas clara expresión del motivo de su existencia, la mantención y reproducción a cualquier costo de la ideología dominante, la represión para la mantención de la explotación de la clase orpimida.

Por eso no nos cansaremos de exigir justicia para Fabiola, porque Fabiola encarna nuestra voz, nuestra historia y la expresión misma de la lucha de clases, de la lucha de las mujeres contra el patriarcado, contra un sistema de dominación del que nos aburrimos, del que despertamos y de un modelo político y social neoliberal desgastado y cruel que necesitamos transformar. Ahí radica el miedo de quienes dispararon contra Fabiola, que no son solo carabineros, no es solo el Estado de Chile, es una clase social enquistada también en la Moneda, en este Gobierno, que teme perder sus privilegios y que perpetúa una sociedad que maltrata a las mujeres valientes que no cumplen con el mandato de la sumisión patriarcal.

“ya no tiene rabia, aunque sabe que su agresor sigue trabajando y haciendo su vida normal. Utiliza medicamentos para dormir. Tiene miedo a los carabineros, porque sabe el nivel de agresividad que tienen, porque los vio desde su casa, antes de su agresión. No encuentra respuesta de lo que le hicieron” (CIPER)

Fabiola tiene miedo, Fabiola está ciega, su agresor está libre, porque para el Gobierno de Sebastián Piñera y sus secuaces, Fabiola es solo una anécdota, esta es la justicia de clase, es la justicia patriarcal que no mira a los pobres y menos a las mujeres como sujetas de derechos.

Pero Fabiola no es solo la victima de la violencia estatal, Fabiola es nuestra compañera, la mujer alegre que quiere seguir luchando por sus hijes, Fabiola es por quien todas nosotras levantaremos la voz una y mil veces para exigir justicia para ella y para todas, y seguir luchando por el fin de la alianza nefasta entre capitalismo y patriarcado, hasta vencer o vencer.

*Javiera es trabajadoras social, feminista, Dirigenta Metropolitana del Colegio de Trabajadoras Sociales de Chile y parte del Equipo Emacipa Chile. 

 

 

Deja un comentario