Por Francina Bianconi*

En épocas donde contar historias originales sobre la vida cotidiana se vuelve complejo, Fleabag relata muchas preocupaciones de las mujeres del siglo XXI.

Escrita y protagonizada por la inglesa Phoebe Waller-Bridge, esta comedia dramática de Amazon Prime da que hablar desde que resultó ganadora de cuatro premios Emmy en 2019. Su primera temporada, estrenada en 2016, está basada en un monólogo que escribió la propia protagonista. En 2019 volvió a la carga con una segunda temporada, siendo aclamada por la crítica y por el público.

Fleabag (que bien podría traducirse como “piojosa”, en alusión a una persona descuidada) cuenta la historia de una londinense treintañera, que experimenta un silencioso duelo por la muerte de su mejor amiga, problemas económicos, un extraño vínculo con su hermana y su padre y que recurre al sexo casual para tapar las dificultades de su vida.

Fleabag nos muestra a una antiheroína: la vida desordenada e imperfecta de una mujer que se ríe de sus propios problemas. Con descaro, humor e ironía, genera simpatía directamente en el espectador. Como contrafigura, están su hermana y su madrastra.

La serie utiliza el recurso de “romper la cuarta pared” cuando la actriz mira a cámara e interpela directamente al público, buscando cierta complicidad y contándonos lo que piensa.

El vínculo entre hermanas es una de las apuestas fuertes de la serie: la competencia entre ellas pero también la forma de permanecer unidas. Dos mujeres muy distintas la una a la otra, pero que se sostienen mutuamente. Nuestra protagonista muestra inestabilidad para los vínculos sexoafectivos, mientras que Claire, su hermana mayor, es seria, aparentemente exitosa, casada pero con un matrimonio poco feliz. A pesar de las diferencias de vivir la sexualidad y las relaciones, y a pesar de los conflictos generados por el marido de Claire, la unión de hermanas es más fuerte. En uno de los primeros episodios, las hermanas asisten a una conferencia feminista. Este es solo algunos de los guiños al feminismo que ofrece la historia.

La forma desprejuiciada y libre de vivir la sexualidad también es un punto fuerte, donde podemos ver a Fleabag masturbarse, acostarse con distintos hombres, usar vibradores en un retiro espiritual y más situaciones que la ubican como una mujer sin tabúes apelando siempre al humor como herramienta (nos hace reír, y mucho).

En la segunda temporada, temas como aborto y maternidad son centrales en una trama que se desenvuelve con total originalidad. También sorprende un llamativo “amor imposible” con un sacerdote católico, protagonizado por Andrew Scott. No habrá spoilers, pero es acá donde la historia se vuelve más interesante y la relación entre ambos es el punto más alto de la serie.

Fleabag es una serie con la que las mujeres jóvenes nos sentimos identificadas en muchos aspectos. No busca retratar el amor romántico de cuento de hadas, sino que nos cuenta las relaciones afectivas como tal. En Londres o en nuestro hemisferio, existen vínculos que no prosperan, vínculos que crecen y se pierden, exs, personas que desaparecen, vínculos clandestinos o prohibidos. Fleabag nos muestra a una mujer que está en camino a buscarse a sí misma, y desarmar patrones. El equilibrio entre comedia y drama.

Una guionista feminista

El éxito de Fleabag le permitió a Phoebe Waller-Bridge llegar a ser guionista en Hollywood, donde la británica empieza a pisar fuerte. “Es maravilloso y alivia saber que una mujer pervertida, enojada y desastrosa puede llegar a los Emmy», dijo la actriz sobre su personaje antes de la ceremonia en 2019. Fleabag eclipsó el gran premio de la industria de la televisión sin ser la favorita, igualando a grandes “tanques” como por ejemplo, Game of Thrones.

La representación de la mujer en Fleabag no hubiera sido igual si hubiera partido de la mente de un hombre hetero cis. En Fleabag está la incomodidad de pensarnos y hacer pensar desde una mujer que no busca ser ejemplo ni vocera de nada y se permite equivocarse una y otra vez, fuera de lo políticamente correcto.

Es importante que en la cúspide del cine y de la televisión mundial suene la voz de guionistas mujeres feministas, que cuenten historias sobre mujeres reales, con sus inseguridades y dramas, y nos hagan reír con una cuota de feminismo en una industria dominada por hombres. Mujeres, contadas por mujeres.

Las mujeres guionistas y productoras en Hollywood siguen siendo una minoría, pero está creciendo cada año la demanda y en cada entrega de premios se visualiza más. En Argentina (desde donde escribo) también la brecha es grande: solo el 23% de las guionistas son mujeres.

Phoebe Waller-Bridge, autora y actriz de Fleabag.

Para cerrar, una de las mejores frases de la serie:

“Las mujeres nacemos con el dolor incrustado dentro, es nuestro destino físico: dolores de regla, de pechos, dar a luz, ya sabes… lo llevamos dentro durante toda nuestra vida y los hombres no. Ellos tienen que buscarlo, inventan todos estos dioses y demonios y demás solo para poder sentirse culpables sobre las cosas, que es algo que hacemos muy bien por nosotras mismas, y luego crean guerras para poder sentir algo y tocar a otros, y cuando ya no hay guerras, pueden jugar al rugby”.

 

*Fran es lic. En Comunicación Social. Cordobesa, le encanta escribir. Ama ir a todos los recitales, y más si toca Babasónicos.

 

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