Por Camila Donato Pizarro*

Los municipios son el órgano del aparato del Estado que se encuentran más cercanos a los vecinos y vecinas en un determinado territorio, las comunidades organizadas demandan a este sus problemas más directos e incluso aquellos que no están dentro del marco de acción del rol municipal, hemos visto que algunos Alcaldes y algunas Alcaldesas en Chile han estado a la vanguardia para resolver aquellas demandas que en un Estado subsidiario (como es el caso de nuestro país) quedan a merced del mercado.

Sin embargo, y a pesar que en algunas áreas se ha avanzado, es en el tema de género que la deuda es inmensa y más aún cuando nos referimos a lo que concierne a las políticas públicas relacionadas con la mujer. Esto no sólo cuando hacemos mención al bajo número de mujeres electas, en Chile de 345 municipios solo 41 tienen alcaldesas en la conducción de los gobiernos locales, sino que también porque la mayoría (por no decir todas) las políticas locales son desde una visión patriarcal de dominación de clase y asistencialistas a lo que demandamos las mujeres.

Podríamos afirmar que «los últimos años han avanzado años» en cuanto a la visibilización de la cuestión de genero, esto porque los movimientos feministas han puesto en el centro del debate los derechos de las mujeres tanto en el ámbito privado como público, sin embargo queda mucho por avanzar en políticas públicas, más aún en los municipios.

Si lo vemos desde el punto de vista administrativo los gobiernos locales siguen pretendiendo resolver las demandas de las mujeres relegando todo a levantar oficinas de la Mujer que no desarrollan, en su mayoría, politicas pertinentes a las realidades de estas en los espacios locales. Con escasa participación en la elaboración de planes y programas, algo tan sencillo como establecer que la oficina de la mujer debe responder a las diversidades de mujeres que hay en una comuna y por lo tanto lo primero que habría que hacer es preguntarles a estas cuales son sus necesidad y demandas y no asumir que por el hecho de ser mujer sus demandas se establecen solo en plano doméstico. Las mujeres somos tan diversas como la cantidad de mujeres que hay; tenemos intereses, demandas, gustos, necesidades particulares por lo tanto es necesario establecer que si vamos a hablar de política pública local consideremos toda esa diversidad.

El actuar de los municipios es una actitud cómoda frente a un movimiento que demandamos no solo ser escuchadas sino que también ser protagonistas de las decisiones de una comuna. Los municipios se limitan a ofrecer talleres y programas que vienen financiados por el Ministerio de la Mujer y Equidad de Género con objetivos y propósitos ya determinados, pero ¿en qué momento se responde a la diversidad de mujeres que hay en el territorio?, ¿hasta cuándo las politicas locales serán emanadas en el plano central sin consultar de manera vinculante?, ¿qué rol cumplen organizaciones de mujeres en la elaboración de política publica?.

En el caso particular de las mujeres, la participación plena es, sin embargo, un desafío latente para nosotras que, a pesar de los logros conseguidos en los últimos años, no se consolidan garantías mínimas de participación en la toma decisiones e incluso en igualdad de oportunidades cuando los canales de participación se abren. Sigue el tema de la mujer abordándose de manera aparte considerándola solo dentro de programas específicos y no se considera la política de género como  algo transversal. Cabe preguntarse en el caso de cualquier municipio, por ejemplo de la totalidad de Directores y directoras de las comunas ¿Cuántas son mujeres? Una ínfima parte, de los equipos políticos que arman las autoridades, ¿cuántas son mujeres.

Ya no estamos dispuestas a seguir aguantando que se hable por nosotras, somos nosotras las dueñas de nuestra voz.

¡Nunca más sin nosotras!

 

*Camila es Educadora de Párvulos,  Concejala de la Comuna de Macul en Santiago de Chile y parte del Equipo de Emancipa Chile

 

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