Por Ana Portillo y Angeles Ferreira,

Si el MEC fuera feminista, en la escuela se debatiría lo mejor de cada corriente ideológica, el feminismo en esencia es una ideología antitotalitaria, Sí, dijimos IDEOLOGÍA, pues nadie carece de ideología, en esencia la ideología es un reflejo de la existencia social. Y no es un pecado tener ideología, como tampoco lo es tener sexualidad.

Sí el MEC fuera feminista admitiría todo lo que atraviesa la dimensión sexual del ser humano: ser simbólico y ser biológico; pero más que biológico: corporal, material, concreto y a la vez social, psíquico, histórico, economico, cultural y político.

Sí el MEC fuera feminista, dialogaría, cosa que evidentemente dejó de hacer, dialogo es hablar, pero es sobretodo ESCUCHAR. Escuchar, no es lo mismo que oír, oyendo solo te entran sonidos por los oídos, pero escuchar requiere atención y comprensión. El diálogo sería la práctica pedagógica por excelencia. Algo que el MEC no cultiva en sus espacios de formación docente, que históricamente han sido y son en “cascada”, es decir verticales como si fuera que el conocimiento se derrama por inercia, como el agua.

Sí el MEC fuera feminista no le tendría tanto miedo a un libro solo por que habla del placer y tiene un dibujo con las partes de la vulva. Ningún libro estaría prohibido, desde el más abominable, hasta el más transgresor serían elementos de debate en las aulas.

Si el MEC fuera feminista incorporaría como herramienta de trabajo los diarios pedagógicos. Se formaría a las profes para registrar, sistematizar y reflexionar sobre sus prácticas y pensamientos diarios en el aula; de manera que a medida que desarrollen su labor docente vayan tomando conciencia de su práctica y modificando sus abordajes. Al mismo tiempo, desde este registro se trabajarían líneas de investigación educativa, promocionando la tarea de investigación en la práctica educativa.

Sí el MEC fuera feminista, buscaría que la escuela sea un centro comunitario, permanentemente abierta a la comunidad y no limitada hacia adentro de sus cuatro paredes. Su infraestructura estaría rodeada de naturaleza, como un parque, con mucha luz, con muchos colores, con mucho arte, sin murallas, ni rejas. Nadie tendría que estar encerrado, porque todos estarían a gusto ahí, voluntariamente. Nadie tendría miedo de ir por ser acosado o violentado.

Si el MEC fuera feminista cada escuela buscaría que todos los niños y niñas que viven en los alrededores de su territorio, sean quienes se matriculen. La escuela sería comunitaria, estaría pensando los problemas diarios del territorio. Haciendo sus actividades en los parques, en las chacras, en las industrias, en los mercados, en los hospitales y en las casas.

Si el MEC fuera feminista su primera preocupación sería la soberanía alimentaria, somos lo que comemos y lo que comemos no es solo materia prima transformada; es cultura, es tiempo compartido, es tiempo histórico de ensayos y errores, es ciencia, es algo demasiado relevante para delegarlo a terceros y estandarizarlo. No habría cantinas sino comedores, les niñes estarían involucrados en el cultivo, en la preparación de los alimentos, en la limpieza de los espacios, en el mantenimiento de la escuela como parte del aprendizaje sobre la responsabilidad por lo público, sobre la distribución de tareas, sobre el trabajo en equipo de manera paritaria.

Sí el MEC fuera feminista, se buscaría mucho entender la pedagogía desde lo político. Lo educativo siempre, siempre, siempre implica una idea y una práctica sobre el poder, toda la gestión de la escuela sería colegiada, colectiva, participativa y realmente democrática, no habría un director que toma todas las decisiones, o supervisoras que exigen y controlan pero no acompañan, no habría supremacía de poder de ningún estamento sobre otros. La coordinación y la dirección -que, como dijimos, siempre es política- no estaría en manos de una persona o un grupo reducido, les niñes, les profes, les funcionaries, las madres, padres, abuelas, tías, tíos, las familias en general tendrían sus representantes electos por todes y las direcciones serían colegiadas, habrían muchas asambleas se debatirían todos los temas, desde por que tenemos una compañera embarazada, hasta sí está bien darse besos en los baños, o cuales son las diferencias entre liberalismo, fascismo y comunismo. Podríamos plantearnos todas las preguntas. Porque Sí el MEC fuera feminista habría un reconocimiento de todes les actores de la comunidad educativa, desde el que abre la portón, hasta la coordinadora.

Habría grupos, gremios y academias para plantearse los intereses individuales y colectivos. No habría una dictadura del currículum, como camino único que se debe cumplir a rajatabla aún a costa de la curiosidad, la sorpresa, el tiempo compartido. Todos los temas serían interesantes porque se buscaría volverlos más concretos. Los problemas de matemáticas tendrían relación con lo que pasa en la comunidad, haríamos aritmética contando las frutas del árbol que está en la vereda del colegio. Habría teatros, ferias, debates, academias, clubes, campamentos, salidas pedagógicas, viajes, fiestas, cine, se producirían revistas y radios escolares.

Sí el MEC fuera feminista tendría propuestas para la integración, acompañaría la formación permanente, buscaría diversas estrategías para llegar a todes. Se preocuparía por la diversidad y la inclusión. La educación sería para toda la vida, y su objetivo sería la construcción de autonomía.

Sí el MEC fuera feminista el juego, el abrazo y los mimos serían la constante; y estaría muy clara la diferencia entre el afecto y el abuso.

Sí el MEC fuera feminista, CUIDARÍA, pensaría principalmente en el bienestar, de TODA la comunidad educativa, porque sabría entender que todo y todes estamos interconectados, y si alguien no está bien, finalmente nadie podrá estar plenamente bien.

Si el MEC fuera feminista sabría que el aprendizaje ocurre a partir del placer y no del dolor ni el castigo, el placer de conocerse explorarse, el placer de compartir la vida con otres, el placer de descubrir la naturaleza que nos rodea, el placer de bucear en todo el conocimiento producido por la humanidad a lo largo de su historia.

Sí el MEC fuera feminista reconocería que un 62% del magisterio está conformado por mujeres, y convertiría esto en una potencia, siglos de trabajo de cuidado condensado que podría desplegarse en toda su plenitud si se le dieran las condiciones, libertad de organización y de debate.

Ángeles Ferreira y Ana Portillo

*ninguna de las dos pensó estas cosas sola, individualmente, todas estas reflexiones son productos de nuestras experiencias juntas como militantes estudiantiles, como profes, como investigadoras, entre notas de voz nocturnas, marchas, trabajos de planillas, reuniones, debates, asambleas y lecturas.

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