Por Equipo Emancipa Argentina

Estos días, la Provincia de Buenos Aires estuvo convulsionada a causa de un reclamo –con estrategias extorsivas- de la policía bonaerense. 

¿Que exigía la policía? Entre otras cosas, un aumento de sueldo de entre el 50% y 60%, mejores condiciones laborales y equipamiento. 

No se trata de discutir la justeza, o no, de las demandas. El reclamo es justo, pero las formas parecen estar al servicio de hilos que, oportunistamente, buscan desestabilizar un gobierno en medio de una pandemia que nos azota todos los días. 

En patrulleros, uniformadxs y armadxs, se agruparon en distintos puntos de la Provincia para exigir el cumplimiento de sus demandas. A menos de 24 horas de iniciado el reclamo, desde el oficialismo anunciaron que les darían un aumento, pero las movilizaciones no solo continuaron, sino que se intensificaron y hasta rodearon la Quinta Presidencial demostrando el grado de poder  –e impunidad- que tienen nuestras fuerzas represivas estatales.

Finalmente, luego de dos días de tensión, el presidente anunció que creará un nuevo Fondo de Fortalecimiento Fiscal para la Provincia de Buenos Aires, reintegrando el punto de la coparticipación federal que se le asignaba a la Ciudad de Buenos Aires y que Mauricio Macri había aumentado por decreto en el año 2016. De este fondo saldrá el dinero para responder a las exigencias de lxs uniformadxs.

No somos exageradas ni perseguidas, en nuestro continente la policía estuvo involucrada en los últimos intentos desestabilizadores de la democracia y nos llama poderosamente la atención que justo ahora hayan salido a movilizarse, tras años de perder contra la inflación y en medio de una pandemia que impide la salida masiva a las calles. Este es el escenario perfecto para presionar a un gobierno que, al menos en lo discursivo, se alejó mucho de lo que las fuerzas de seguridad suelen hacer: cruzar las fronteras de la legalidad, seguir acumulando casos de gatillo fácil y hasta reflotar prácticas a las cuales ya les dijimos NUNCA MÁS. 

¿Qué fuerzas de seguridad merecemos?

Lxs efectivos amontonadxs (¡en medio de la pandemia y mientras rige el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio!) desafiaron el orden vigente quedando al borde de la sedición. Mientras tanto, ¿quién nos cuida? Y otra pregunta que nos hacemos reiteradamente:

¿Quién nos cuida de la policía?

En lo que va de cuarentena, la policía bonaerense  asesinó a 46 personas y carga con la responsabilidad del caso de Facundo Astudillo Castro, el joven que estuvo desaparecido desde el 30 de abril hasta que hallaron su cuerpo sin vida el 15 de agosto. Durante este año llevamos 200 femicidios, 35 de las mujeres ya  habían hecho una denuncia previa y 11 de los asesinos pertenecían a las fuerzas de seguridad. Según el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) entre el 2015 y 2017 en la Provincia y Ciudad de Buenos Aires 23 mujeres fueron asesinadas por fuerzas de seguridad en un contexto de violencia doméstica y de acuerdo al observatorio “Adriana Zambrano” de la Casa del Encuentro entre 2008 y 2019 fueron 187 las muertes de mujeres y trans en manos de fuerzas de seguridad. 

Es innegable que todes merecemos condiciones dignas de trabajo, lo que no podemos negar tampoco es que merecemos unas fuerzas de seguridad que se acoplen a los consensos que tomamos como cruciales e irrenunciables en miras de la construcción de nuestra sociedad. El “Nunca más” y el “Ni una menos” son más que dos frases, son parte de estos consensos a los cuales las fuerzas de seguridad deben empezar a adherir de forma urgente. 

Vocación de servicio 

Uno de los requisitos para ingresar a las Escuelas de Formación Policial de la Provincia de Buenos Aires es poseer condiciones intachables de moralidad y buenas costumbres. Y, se podría decir, que es el único orientado a identificar una vocación, ya que los otros requisitos son: tener entre 18 y 25 años, nacionalidad argentina, secundario completo y pasar un examen psicofísico. 

Una vez sorteada esta etapa, lxs jóvenes bonaerenses ingresan a una Escuela durante 9 meses, donde reciben un «haber o beca mensual» y cobertura médica a través de la obra social IOMA. Finalizado el curso, lxs cadetes se egresan con jerarquía de oficial de policía, es decir, con laburo. 

En la provincia de Buenos Aires (como en muchas otras regiones) la realidad para lxs jóvenes no es esperanzadora. Los índices de pobreza rondan el 40%, el mercado laboral es cada vez más hostil y la posibilidad de continuar estudiando una vez finalizado el secundario es lejana. 

Si bien hay universidades públicas que incluso pueden ofrecer becas,  no es suficiente. ¿Con qué pagas el boleto de colectivo? ¿de dónde sacas tiempo para trabajar 10 o 12 horas y además estudiar? ¿Internet? Y ni hablar si sos sostén de familia. 

Entonces, por un lado tenemos una carrera que ofrece posibilidades de crecimiento, dinero y cobertura médica al iniciar los estudios, y trabajo garantizado en menos de un año. Por el otro, en cambio, hay una amplia oferta de carreras que demandan tiempo y dinero por años, con una salida laboral incierta. 

Teniendo en cuenta esto ¿es vocación de servicio? O es el resultado de las desigualdades sociales que empujan a lxs jóvenes a elegir esta opción a fuerza de necesidad, falta de oportunidades y exclusión. 

Se podría decir que la verdadera vocación está en lxs pibes que dijeron no a la policía. 

Democracia

Por último, es importante decir que nunca una demanda salarial o de condiciones laborales tiene legitimidad cuando las medidas de fuerza ponen en tensión la vida democrática de un país. Rodear con patrullas y armas la casa de un presidente electo democráticamente, parece una amenaza que busca recordarnos los momentos más oscuros de nuestra historia. Claramente, esta acción trabaja sobre nuestra historia y sobre lo que significa para nosotres la imagen de las fuerzas de seguridad demostrando que pueden actuar contra quienes tienen que proteger.

 

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