Por Carolina Espinoza Cancino*

El bordar supone un proceso de preparación, de pensar y determinar una idea, de buscar aquellos hilos y colores que permitan expresar de mejor forma nuestro trabajo, de preparar la tela y buscar el bastidor más acorde para la tarea. A través de cada puntada podemos relajarnos, adentrarnos en nuestros pensamientos o compartir palabras y vivencias cuando lo hacemos colectivamente. El bordado nos permite comunicar, expresar, denunciar, resistir.

 

En la ciudad de Valparaíso en Chile, la Colectiva Bordadoras por la Memoria ha desarrollado durante varios años un importante y valioso trabajo de rescate y preservación de la Memoria Histórica de nuestro país, ellas mismas señalan que son un grupo de “mujeres bordando en el presente hechos ocurrido en la lucha contra la dictadura cívico- militar en un pasado reciente y proyectando un futuro de respeto a los Derechos Humanos”. La mayor parte de sus trabajos se han relacionado con esta temática, y solo a partir de octubre del año pasado han tomado la contingencia en sus bordados.

Es un grupo de mujeres activas, llenas de fuerza y convicción que han vivido una historia personal de luchas políticas y que a través de sus coloridos y bellos bordados resisten al olvido y denuncian las violencias del presente. De manera colectiva se organizan y determinan las temáticas que desarrollarán en sus proyectos.

Han pasado 50 años desde el triunfo de la Unidad Popular, fueron 100 días de un gobierno popular en donde los sueños  y esperanza de profundas transformaciones parecían alcanzables,  anhelos que también compartían las bordadoras.

Son 47 años del golpe cívico-militar, han sido años de luchas y búsqueda de  justicia y verdad ante las violaciones a los Derechos Humanos.

Las bordadoras desarrollaron un proyecto hermoso y lleno de significado al visibilizar los nombres y rostros de aquellas mujeres que fueron detenidas y desaparecidas en este contexto de horror y que tenían la particularidad de estar embarazadas, las bordadoras sintieron que tenían una deuda con ellas y fue la motivación para darle vida a cada una a través de sus hilos.

De esa idea surgió el taller y posterior exposición “Grávidas Mariposas… Yo Soy”, para no permitir el olvido de sus historias y la de sus hijxs, reivindicar el nombre de las compañeras y ser un recordatorio para que nunca más en ningún lugar las mujeres sufran la violencia y tortura que vivieron muchas durante las dictaduras en América Latina a partir de la década de los 60.

La bordadora Cecilia Martínez bordó a Reinalda Pereira, Verónica Bravo bordó a Nalvia Mena, Wilkiria Jorquera a Elisabeth Cabrera, Margarita Labrin a Mirta Alonso, Tegualda Tapia a Michelle Peña, Tania Quezada a Elisabeth Rekas, Margarita Cabrera a Jacqueline Droully, María Angélica Barrientos a María Cecilia Labrin, Rosa Alfaro a Gloria Lagos y Valerie Bouyahí bordó a Diana Aron.

Todas mujeres consecuentes, combativas y militantes que aun estando embarazadas no dejaron de luchar.

Otras exposiciones han recordado a Violeta Parra, a Víctor Jara en “Canciones de Víctor Jara”, un homenaje a los caídos en la masacre de Corpus Christi  en la Operación Albania con la exposición “La historia los recordará vivos”.

Desde el contexto del “estallido social” en octubre del 2019 han desarrollado una serie de acciones en donde han abordado la contingencia y se han sumado a proyectos colaborativos con otras organizaciones de la ciudad para denunciar la brutal represión policial y militar amparada por el gobierno de Piñera.

En este reciente contexto de pandemia mundial y crisis sanitaria la forma en que desarrollaban sus actividades ha cambiado y han debido asumir el confinamiento en sus hogares para cuidarse, pero eso no ha significado dejar de estar activas. Siguen reuniéndose todas las semanas en videollamadas y comunicándose a través de distintas plataformas lo que les permite seguir compartiendo y organizando su trabajo.

En mayo de este año participaron de una exposición virtual convocada por la comunidad de artistas del Parque Cultural Valparaíso (ex cárcel) donde mostraron los bordados que se gestaron luego de la rebelión popular de octubre y que fueron expuestos en las calles de Valparaíso en las plazas Sotomayor, Aníbal Pinto y Victoria en noviembre del año pasado bajo la premisa “Saltamos un torniquete para abrir las alamedas” como forma de protestar y manifestarse a través del arte textil.

Recientemente desarrollaron un trabajo colaborativo con el colectivo artístico Fuegoaccionesencemento en la primera acción callejera denominada    ROBO, parte de la serie LA MEMORIA DEL HAMBRE para denunciar lo que gran parte de la población en Chile está viviendo producto de la desidia del gobierno. En esta ocasión la colectiva bordó cada una de las letras que componen la frase “nuestras letras, fueron llegando de a poco, unas de Angol otras de Quillota, de Valpo, de Viña, coloraditas todas, rebeldes, hechas en pandemia, por mujeres con muchas luchas, dolores y marchas en el cuerpo, mañana saldrán a la calle en el pecho de mujeres y hombre valientes, comprometidos, para visibilizar la desigualdad, la violación de uno de los derechos humanos fundamentales”.

El arte de sus bordados le ha permitido a este grupo de mujeres plasmar a través de imágenes la historia de las luchas sociales y políticas de nuestro país. Contribuyen a mantener viva la memoria histórica, a recordar a mujeres y hombres que vivieron los horrores de la dictadura, que lucharon contra ella y a denunciar la violencia que hoy vivimos.

*Carolina es profesora de Historia. Me expreso a través de ilustraciones y bordados en @carito_pinceladas_y_puntadas Es parte del Equipo Emancipa Chile. 

**Información y fotografías https://www.facebook.com/colectivabordadorasporlamemoria

 

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