Imagen: Milena Ruíz @Coraltles

Hace cuatro años que Silvestre Olmedo, sacerdote de la parroquia San José, de Limpio, es investigado por acosar sexualmente a Alexa Torres. Aunque el Tribunal conformado por Leticia De Gasperi, Hugo Segovia y Dina Marchuk reconoció que el hecho ocurrió, dos jueces decidieron absolver al ex cura párroco.

 

*Por Juliana Quintana Pavlicich

Alexa ya no va a misa. No visita la Iglesia ni cree en la doctrina católica. Para ella, hubo un “derrumbamiento de la estructura” que tenía adentro. Todo lo que construyó como coordinadora de la parroquia San José, según cuenta, al final no valió nada porque su propia comunidad le dio la espalda. Animarse a denunciar al poder máximo de la Iglesia significó recibir miradas de desprecio, mensajes de odio, perder amigos y la fe.

Pero solo hace falta una piedrita para llegar a ser montaña. Una piedrita que comience a construir muros sobre la tierra. Las piedras, me contaba una amiga arquitecta que quiero mucho, soportan presiones, cargas y fuerza. También son capaces de fragmentar ríos y de conducir cauces. Después de 3 años y 8 meses finalmente se llevó a cabo el juicio oral, y lo que está claro es que la piedrita de Alexa tambaleó estructuras.

Eran pasadas las siete de la tarde del 10 de agosto y mientras que adentro el Tribunal de Sentencia en San Lorenzo absolvía al ex cura párroco Silvestre Olmedo, afuera, las aguas estaban divididas. Por un lado, la familia de Alexa, sus amigos y compañeras de la Plataforma de Universitarias Feministas. Del otro lado, un grupo de feligreses con banderas papales, amplificadores y pasacalles en apoyo al sacerdote cantaban: «Limpio está contigo».

Los tres integrantes del tribunal de Justicia, las juezas Leticia De Gásperi, Dina Marchuk y el juez Hugo Segovia, estuvieron de acuerdo en que el hecho existió pero la absolución de se dio por un voto dividido. El artículo 133 del código penal establece dos requisitos para que se cumpla el acoso sexual: “El que con fines sexuales hostigara a otra persona, abusando de la autoridad o influencia que le confieren sus funciones, será castigado con pena privativa de libertad de hasta dos años”.

De Gásperi, la presidenta del Tribunal, confirmó que hubo hostigamiento, acoso sexual e influencia del sacerdote sobre Alexa. Explicó que se consideraba un tipo penal porque ella dependía del acusado y lo consideraba un superior. Pese a que se probó que Olmedo manoseó los senos a Alexa sin su consentimiento, los jueces Hugo Segovia y Dina Marchuk llegaron a la misma conclusión con argumentos contradictorios: que no había elementos suficientes para comprobar la existencia del acoso.

El juez Hugo Segovia también reconoció que el sacerdote manoseó a Alexa pero consideró que no se demostró el hostigamiento. Para el juez, que el sacerdote le haya dicho que era muy linda y que la haya abrazado y tocado la oreja no es considerado acoso. “Ella no se sentía amenazada. No se sentía hostigada y, por ende, en ese sentido, no podemos estar hablando de un hostigamiento sexual por un hecho sexual (sic) en este caso, único. No se cumple con el elemento del tipo objetivo de acoso sexual”, refirió.

La jueza Dina Marchuk, por su parte, opinó que no se probó subordinación de parte de Alexa con relación a Silvestre y, por eso, no se podía considerar que estaba en una situación de desventaja. “El acoso se caracteriza por reiterado hostigamiento, que tiene el objetivo de que la persona acceda a un fin sexual. El cura párroco no intimó de manera alguna para obligarla a tener relaciones sexuales”, decidió.

Esta idea de que el hostigamiento tiene que ser sólo reiterado para configurarse como tal, enfatiza la abogada de Alexa, Michi Moragas, es una visión patriarcal y no corresponde con la realidad de los hechos. “El hostigamiento es el avasallamiento de la autonomía sexual de alguien. ¿Y dónde se termina de probar que tiene que ver que tiene fines sexuales? Porque en realidad tocar los pechos no puede tener otra interpretación, salvo que seas un bebé y estés amamantando”, expone.

La doctora explica que la conclusión de Segovia no parte de una comprensión acabada de lo que implica la violencia de género porque, en su manera de entender los hechos, la violencia empieza cuando el acto se reitera. “La violencia no empieza cuando te toqueteó los pechos. En realidad, comienza una serie de actos que ocurren progresivamente, como lo que le ocurrió a Alexa. Primero le toca el cabello de manera no consentida, y en una relación de poder, después la oreja y la espalda”, sostiene Moragas.

Sonia Von Lepel, abogada de Alexa, dijo en una conferencia de prensa en Aireana que algunos detalles del juicio ya les anticiparon que iban a fallar a favor del sacerdote. “El artículo 133 habla de dos requisitos: el que ejerza autoridad o influencia, y eso se interpreta. Sin embargo, ella (la jueza Marchuk) introduce elementos de dependencia y remuneración, que no están establecidos en el tipo penal”, refirió.

Imagen: Milena Ruíz @Coraltles

“Todo tiene que pasar por sus  manos”

 

– ‘¿Te enojaste piko?’, increpa el sacerdote.

“Claro que sí”, responde Alexa enojada.

-«Ah, bueno, ya está nuestra nota, andá nomás, podés imprimir después».

“Al salir, me fui a la casa de la pastoral y le conté a mi amigo Diego lo que pasó, a Francisco, el coordinador y después a mi coordinadora de la pastoral”, cuenta la joven. A partir de ahí, presentó la denuncia contra Silvestre ante el monseñor Dionisio Echague, del Decanato del Arzobispado de Asunción.

Alexa comenzó a involucrarse más en la parroquia San José en el 2012, cuando tenía 16 años. Ingresó por medio de una Pascua Joven que organizaba la pastoral juvenil. Con el tiempo, se convirtió en miembro de una comunidad y, un día, le tocó ser electa coordinadora. La fecha de las elecciones obtuvo la misma cantidad de votos que su compañero y fue el sacerdote Olmedo quien decidió que Alexa se quedara con la coordinación

El cura párroco acompaña todos los procesos de la pastoral juvenil. “Él estaba al tanto de las actividades y de todo lo que hacíamos. En general, todo tiene que pasar por sus manos”, recuerda Alexa. Ella era el nexo entre los jóvenes y el sacerdote: se encargaba de organizar todas las actividades con el núcleo de la pastoral y llevar las informaciones a Silvestre para su aprobación.

“Al principio me parecía que era buena onda, pero después me comencé a sentir incómoda porque venía, me tocaba el cabello o la oreja. Me acariciaba el lóbulo y me decía ‘iporainte ko mitakuña’ (sos muy linda). Me decía Mafaldita también por mi pelo, supuestamente. Siempre que yo estaba haciendo cualquier nota para la pastoral él venía y me hablaba”, cuenta Alexa. Lo evitaba. No quería quedarse a solas con él.

Eran las cuatro de la tarde del 21 de septiembre de 2016, ese día que tantas veces le tocó revivir. Llega a la casa parroquial y saluda a la secretaria. Se sienta en la computadora que está al lado del despacho de Silvestre. En un momento, pide ayuda al sacerdote y él le dice que pasen a su oficina ubicada detrás de la secretaria. Silvestre se acerca a ella y le comienza a acariciar el pelo, luego el hombro y por último el seno. Tenía veinte años.

“Yo tenía un abrigo, y mete su mano entre mi abrigo y mi blusa, y ahí me agarra el pecho y me aprieta. Yo me quedé helada. Y me dice: ‘Después nomás vamos a hacer la nota’, en guaraní. Ahí me fui al baño a llorar y me quedé más o menos 20 minutos. En eso, le escribí a mi amigo Diego y me dijo que nos encontremos en la casa de la pastoral juvenil que quedaba a dos cuadras de la parroquia”, relata Alexa.

Cuando salió del baño volvió a cruzarse con Silvestre y le volvió a insistir que hicieran la nota. Ella lo negó tres veces. “Él quería que pase de nuevo a su oficina y le dije que no. Después de que me insistió tanto me quedé a hacer la nota en la computadora en la secretaría. Se sentó en la silla para revisar la nota e hizo un gesto tipo mirando hacia atrás como para que yo vaya hacia él y lo abrace”, narra. Pero no lo hizo.

La coordinadora del decanato de Alexa la impulsó a hacer la denuncia eclesial y la ayudó a ir con el monseñor Dionisio Echagüe, que es el superior de Silvestre. Él, que estaba dentro del Consejo de Investigación Canónica, le dijo que era muy valiente por haber denunciado y que iba a ocuparse pero le pidió que escribiera una nota, de nuevo, relatando lo que ocurrió. Dos meses después, Alexa expuso su renuncia frente a todas las comunidades.

Varios miembros de la parroquia San José abordaron a Silvestre Olmedo para exigir su renuncia. “Uno de mis amigos le dice que se siente muy dolido por lo que pasó, que yo les comenté lo que ocurrió y le pregunta en una parte a Silvestre ‘pero, ¿vos admitís que la tocaste?’, ‘sí, la toqué’, dice. Se hizo la desgrabación también de este audio en el juicio”, explica Alexa.

En el informe de la investigación canónica, que estuvo a cargo de los sacerdotes Oscar González, Martín Ortíz y Dionisio Echagüe, se expone que el propio Olmedo reconoció que “tocó sin querer” los senos de la joven, según dijeron los propios religiosos durante el juicio. Sin embargo, Olmedo, en su declaración ante el Tribunal, aseguró que nunca tocó a Alexa. “Ella pasó por mi oficina, yo le saludo y, al saludarle, le abrazo pero sin tocarle el pecho. Yo niego absolutamente, en ningún momento le manoseé”, dijo en pleno juicio.

“Realmente al principio fue demasiado doloroso irme (de la parroquia) porque yo estaba muy aferrada a mis creencias. Recibí incluso mensajes que decían: ¿por qué le hiciste esto a nuestro pa’i? Todo eso influyó mucho en mi estado de ánimo. Había una persona, en especial, que era mi re amiga. Primero me envía un mensaje súper largo y, después, la veo manifestándose en contra mía”, rememora Alexa.

La novia de un amigo suyo que no quería hacer público su caso le contó que cuando iba a la oficina, Silvestre le tocaba la mano o la acariciaba. “Después de mi renuncia (a la coordinación), este amigo se acercó a mí y me dijo que habláramos con Edmundo Valenzuela”, recuerda Alexa.

Fue un 2 de diciembre y expuso el caso de acoso al Monseñor Edmundo Valenzuela, arzobispo de Asunción y autoridad máxima dentro de la jerarquía eclesial católica. Su respuesta fue que, por sobre todo, está la dignidad del sacerdote y que ore por él. La investigación recién comenzó cuando hizo su denuncia en la Fiscalía, el lunes 5 de diciembre, tres días después de reunirse con Valenzuela.

Imagen: Milena Ruiz @Coraltles
«Nuestro señor sabe que el sacerdote Silvestre manoseo a esta joven»

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