«Guarda un poco de duda para las verdades, pues el engaño espera en la confianza. Mantén con firmeza tus convicciones, pero dispuesta a ceder ante los axiomas. Siembra en tu caminar tu vida y cosecha las experiencias que te ofrece. Nunca tropieces con la misma piedra. Busca la paz que puedes encontrar en el silencio, nunca finjas amistad. No mancilles con engaños la pureza del amor, aprende a convivir con la libertad para que puedas disfrutar de ella. Respeta al humilde y desposeído, porque su pequeña e ignorada historia está llena de heroísmo»

Toño Prado

Febrero 1981

 

Mi papá era bonito y fortachón. Así me lo han contado muchas personas a lo largo de mi vida. Mi abuela me contaba que era revoltoso, mis tías que era un hermano mayor que enseñaba y al mismo tiempo retaba, para sus amigos que era chistoso y aguerrido.

Mi mamá me contó muchas historias que es difícil resumir. Me contó por ejemplo que era un poeta de la revolución, que cuando se conocieron no sabían que vivían tan cerca, que ella le tejió un par de chalecos en beatle como le gustaban y que el día que supieron de mi llegada pasó por su casa muy temprano y tiró un papelito debajo de su puerta: «Voy a buscar trabajo para tener a nuestra semilla».

«Alba, surco y semilla», así llamaba mi papá a mi madre y a mí, a nosotros tres. Y ese nombre se ha marcado a fuego en mi vida, escuchando desde distintas voces la figura del Toño, de mi padre.

Cuando era chica por estas fechas, en la pared del fondo de la Calle 12 de la Población Salvador Cruz Gana aparecía un rayado. «Toño vive» versaba esa rayado anónimo, hecho en la rapidez de la noche y cuyo autor nunca he conocido. Imagino quienes pueden haber sido, quizás sus compañeros jotosos de clandestinidad, pero también podrían ser sus amigos de la población, que lo admiraron cuando decidió abandonar las esquinas para embarcarse en el sueño grande de Allende, Gladys y cuantos más.

Cuando hace casi 10 años atrás fui candidata a concejala por Ñuñoa recorrí cada pasaje de las poblaciones que lo vieron crecer y pude ver cómo muchos aún recuerdan y reconocen su historia. Pude ver incluso que muchos aún sentían miedo de reconocer que conocieron a un comunista que murió víctima de la dictadura.

Mi papá murió un 15 de septiembre de 1983. Salió con el corazón rojo lleno de esperanza, a cumplir una misión: callar las ondas radiales de una radio fascista, salió con ansias de que Chile volviera a ver la luz y de que yo y mis primos nos criáramos en un sociedad libre, principalmente libre. Mi padre ese día dejó de existir y pasó a la eternidad, acalló a la radio y también su vida, pero su voz, sus acciones y su historia lo han hecho ser eterno.

Fue un joven militante de las Juventudes Comunistas que respondió al llamado de insurrección popular: creía fervientemente en la democracia y en el derecho de los pueblos a defenderse cuando los están masacrando. Por eso, fue de los primero militantes en formar el Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Un anónimo, un convencido, un militante por el derecho a vivir en paz.

Hace algunos años atrás, estaba en la universidad y le conté a mis compañeros que mi papá había muerto poniendo una bomba. Una compañera, entre cervezas y cumbia, me dijo que mi papá era un terrorista. Yo me dediqué a hablarle casi dos horas de los porque mi papá era todo, menos un terrorista. Al salir de ese bar una amiga me abrazó y me dijo: no sé como no le sacaste la chucha, yo le hubiera pegado. Pero yo no sentí la necesidad de pegarle a una mujer de tanta ignorancia. Mi padre me había enseñado en sus escritos en los albores de mi vida, que hay que caminar junto al pueblo y aprender incluso de sus errores.

Hoy, aún hoy muchos de sus compañeros al encontrarse conmigo se emocionen de ver a la hija del Toño. Su historia de lucha, convicción y entrega total, para devolverle a este pueblo un pedacito de democracia, seguirá viviendo en cada persona que lea y conozca su historia, que lea sus palabras, que lucha por la emancipación plena.

Mi papá era comunista, bonito y fortachón. estoy segura de que este año estaría feliz de que por fin su patria ha comenzado a despertar del largo letargo de la noche dictatorial. Mi papá hoy sigue marchando, con su sonrisa de lado y su cuerpo grande, está presente en las pancartas que exigen derechos y demandan ser escuchados, está presente en la sonrisa de Salvador y Matilde, en el abrazo de mis hermanos, en la poesía de mi madre, en el recuerdo de tantos que lo conocieron y en la memoria de quienes lo han conocido ahora.

Hoy, tengo casi 40 años, dos hijes, muchas militancias. Soy comunista, soy feminista. Camino por la vida creyendo firmemente en cada palabra que escribió mi padre cuando yo tenia solo unos meses de vida y él se aprontaba a viajar a recibir instrucción militar para poder combatir la Dictadura que nos estaba masacrando. Gracias Toño por tu camino y tus pasos. Aquí seguimos, compañero padre.

Danae Prado Carmona

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