Ilustración: seaif.org

*Por Paola Kolher
El amor nunca empieza siendo propio y ojalá no termine siendo, esa idea individualista, de carácter liberal del amor propio, se merece por lo menos algunas contradicciones.

Panfletos, posteos, canciones, que plantean como receta de cocina de la felicidad, el amor propio como realización personal.

Mientras pienso sobre esto, me pregunto si ese mensaje no suena parecido a ese otro, también de autoexigencia capitalista, que habla del esfuerzo propio, ese que dice que si nos esforzamos lo suficiente podemos conseguir lo que deseamos, lo que sea, que todo depende exclusivamente de cuanto te esforzaste para conseguirlo. ¿Y qué sucede cuando no conseguimos, cuando no bastó, cuando no alcanzó?

Entonces esa misma exigencia, te responsabiliza de que no tengas trabajo, de que no te paguen lo justo, de que no tengas tu casa, tu auto, tu moto, tu celular, tu éxito.

Esa exigencia nos pone de manera ilusa a todas las personas saliendo a correr tras la vida, para alcanzarla, desde la misma posición de salida, pero eso nunca ocurre en realidad, aunque te esfuerces, alguien ya salió a correr desde la mitad del recorrido, otras personas no corrieron nunca y no te explicaron por qué ya llegaron a esa meta, que te exigía a vos todo tu esfuerzo. Y aunque lo intentaste muchas veces, no fue suficiente. Es que, en un país con tantas desigualdades como el nuestro, no todas las personas salimos desde el mismo punto y sobre todo no sirve tanto tu esfuerzo, pero no es tu culpa, la culpa la tiene este sistema capitalista, aunque lo medios hegemónicos no nos cuenten esa versión.

En esta misma línea creo yo que está la exigencia del amor propio, algo así como “lo importante es que te quieras”, “si vos te querés, nunca vas a depender de nadie” “si vos no te querés, quién te va a querer” “no necesitas de nadie, vos tenés que quererte” ¿y cuando no se puede? ¿qué hacemos?

El amor siempre es una construcción colectiva, para eso necesitamos de otras personas, somos seres relacionales en primer lugar y no estamos solas, aunque estemos encerradas en una habitación sin nadie más, lo que digo acerca de mí, lo que cuento de mí, lo que me digo incluso estando sola, es mi voz y reflexión construida con otras personas.

El amor sucede en el encuentro con las personas que nos reconocen, que nos cuidan y que cuidamos, que nos ayudan a confiar en nuestros propios saberes, que no tiene que ver con algo académico, sino con nuestra experiencia vital, esa que aparece todas las veces que pasamos una crisis, todas las veces que nos cuidamos y que cuidamos. Y es a través de la construcción colectiva donde aprendemos a cuidarnos a nosotras mismas y a nuestras compañeras, como un acto profundamente político.

Eso quiero regalar a las niñas en su día, la importancia de construir relaciones horizontales con otras niñas y que aprendan  juntas el amor de compañeras, que confíen en que en un país que nos mata a diario, contar con una compañera, con muchas y organizarnos, es vital, quiero regalarles el cuidado y el amor de estar juntas, que frente a un sistema patriarcal y capitalista, que nos quiere separadas e individualistas -juntarnos y construirnos desde lo colectivo, es ternura y es  revolución-

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