Imagen: El beso de Gustav Klimt

*Por Maglo Montórfano

El problema de sentirnos estafadas emocionalmente cuando los hombres mienten en el ámbito afectivo es individual, pero sobre todo político, es anecdótico, pero sobre todo sintomático. No se trata de que existan machos buenos y machos malos, el hecho de ser macho (como categorización propia del hombre dentro de la lógica machista) de por sí es condicional a una serie de procesos afectivos, familiares, sociales, educativos, culturales y jurídicos, que sustentan un sistema, el que brinda permisividades y privilegios a unos y restavaloración a otres.

El «amor» como lo aprendimos responde a ese sistema de valores, es una acomodación forzada de las prácticasafectivas, que esconde un solapado ejercicio de Poder.

El problema es el modelo, la idealización de las relaciones monogámicas, la naturalización de la privatización de los cuerpos y los sentimientos, la competencia por el sueño de la pareja y el nido ideal, donde existen roles y estereotipos que por más que los racionalicemos e incluso las luchas feministas hayan avanzado enormemente en el ámbito social y en las libertades colectivas, no podemos despegarnos de ellos en lo emocional, porque allí está la trampa, porque la socialización, la crianza, la propaganda de ese sistema de valores, desde que nacemos, ha calado demasiado profundo en el inconsciente. Y aquí cabe aplicar la reflexión de que “lo personal es político”.

El dilema es el «amor romántico» que nos rodea y anula, que sublimiza la abnegación, que nos condiciona al sufrimiento, a resistir (como lo hicieron nuestras madres o abuelas), a mirar al costado, a emprender quijotadas por intentar “cambiar” la forma de amar (o no amar) del otre. Es la utopía del mandato de las formas, el reclamo de la fidelidad (entendida por el engaño que se ve y se sabe, no el que subyace) por sobre el compromiso de la lealtad, y esta conclusión, como muchas otras, no se da en cátedras, se aprende en la vida, después de haber pasado en carne propia la decepción por pretender sostener un sistema de vínculos profundamente contradictorio.

No todos los hombres engañan, dirán, lo que también es cierto, pero éstos son escapes del modelo, fisuras del sistema, porque mentir es un permiso que tienen, con todo un montaje preparado que los sostiene, y si algunos pudieron zafar de ese mandato, enhorabuena; pero en general, sin entrar en excepciones, exijamos transparencia en todas nuestras relaciones, familiares, laborales, de amistad, íntimas y afectivas, pero a la vez rebelémonos contra las formas impuestas de sentir, practiquemos el desapego, la libertad de amar sin poseer ni ser posesión de nadie y la lealtad con los propios deseos. Y lo dice alguien que aprendió tarde, pero aprendió, que si la otra persona no es feliz, que se vaya, que busque otra realidad, (otro planeta?) pero que no joda, y que se queden (si se quedan) quienes construyan, liberen, aporten ideas, alegrías, fantasías, sumen placer y des-problematicen la vida, que de por si es una verdadera complicación y vale la pena des-caotizarla, para SER.

 

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