Por: Nathalia Buitrago

No me cansaré de decirlo.
En Colombia hay otra pandemia más grave
que la causada por el Covid-19: la violencia.

¿Con qué nos sorprenderán el día de hoy? Esa es la pregunta que, tal vez, muchas adoptamos cada vez que nos despertamos y nos dan ganas de revisar nuestras redes sociales. En Colombia, para ser un reto para el gobierno ser tendencia en twitter o en todos los medios de comunicación con alguna declaración machista, misógina y violenta que siempre intentarán justificar y que a nosotras siempre nos humillará. No encuentro ejemplo mejor para relacionar la romantización de la violencia.

La violencia y Colombia parecen ser amigas inseparables que hacen y deshacen. La primera es como esa mala influencia que ha nosotras siempre nos intentaron ocultar cuando éramos unas niñas pero que finalmente nunca se fue y nos enseñaron, inconscientemente, a convivir con ella como ese parásito que no se quita. Siempre nos repetiré que es riesgoso y peligroso. Y, para eso está el feminismo, para finalmente hacerle frente a ese enemigo y finalmente no juzgar a quienes no tienen la culpa. Alguna vez, una amiga me dijo que el feminismo sirve para no juzgar a nuestras mamás y para poder colectivizar y hacernos escuchar. La lucha es un acto colectivo y político.

Una de esas tantas luchas feministas en nuestro país va encaminada a la exigencia de una educación sexual y reproductiva inclusiva, justa y accesible a todas las mujeres cis y trans; y también, para los hombres cis y trans. Siempre afirmaré que la educación no es un tema de género. Pero, mientras nosotras nos tomamos las calles, a nuestro presidente le parece muy fácil salir a decir que para frenar el embarazo infantil y juvenil la solución es que “Hay que ofrecerle a esas niñas desde edad temprana, oportunidades de empleo (…) para que el tiempo de ocio no las afecte”. Parece un chiste, pero no lo es. Si pudiera escribirle una carta, de esas que sí entrego, a Duque en ella le preguntaría que quién le dijo que el problema era el “tiempo de ocio” o nuestras prácticas de diversión y dispersión, ¿en qué país vivirá?

Pero, no eso no es todo. Los índices de violación y violencia siguen en aumento mientras que el silencio del gobierno sigue siendo protagonista en esta situación. Otro de esos discursos de no creer es ese en donde afirman que los abortos no deberían practicarse bajo ninguna circunstancia, y esa es la razón por la que evalúan implementar un proyecto en el que se les pagará a las mujeres que han sido VIOLADAS un SUBSIDIO BÁSICO para que no aborten. Por favor, que dejen de opinar y decidir por nosotras.

Realmente concuerdo con aquellas mujeres que afirman que en Colombia nosotras luchamos contra dos pandemias. Y es que, para nadie es un secreto que la violencia parece estar a la vuelta de la esquina y lo peor es que la solución legal está en manos del problema: los senadores afirman que el aborto no es algo “moralmente bien visto”, los jueces se declaran “moralmente impedidos” para realizar un matrimonio homosexual y los informes de feminicidios afirman que realmente no fueron feminicidios sino “suicidios”.

Realmente aprendimos a cuidarnos entre nosotras, a reconocernos como compañeras y no como competencia, a luchar por quienes ya no pueden, a resistir por todas las que están y las que vienen. Jamás nos cansaremos de resistir. La romantización de la violencia en Colombia debe dejar de existir y para eso nos necesitamos a todas. Ningún acto violento es justificable, que eso se nos grabe hasta en la piel.

*Nathalia González Buitrago

Estudiante Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Central, Colombia.

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