Por Catalina Lagos Tschorne*

Una nueva Constitución con perspectiva de género es relevante pues la Constitución actual tiene un marcado sesgo androcéntrico, es decir, fue ideada utilizando como modelo de sujeto de derechos al hombre. Se trata, en pocas palabras, de una Constitución creada por varones para varones. Y no para cualquier hombre, sino uno no racializado, heterosexual, cisgénero y propietario, de clase alta.

 

Ello explica que la Constitución actual no haya permitido hacer frente a las desigualdades y discriminaciones que vivencian las mujeres y otros grupos históricamente oprimidos, como los pueblos indígenas,  colectivos LGBTI+, personas en situación de discapacidad, entre otros.

 

Este modelo androcéntrico que impone la Constitución de 1980 (que democrática y soberanamente hemos decidido dejar atrás el pasado 25 de octubre), ha perpetuado la exclusión y subordinación –política, económica, social y cultural- de las y los otros sujetos que no se adecúan al modelo que ella impone. Ha determinado, para ellos y ellas, una ciudadanía incompleta o de segunda clase. En el caso de las mujeres ello es particularmente evidente e incidente, pues demográficamente somos la mitad de la población.

 

La incorporación de la perspectiva de género en el texto constitucional, implica considerar de las experiencias de las mujeres y otros grupos subalternos y no perder de vista el impacto que cada decisión tiene en la construcción social del género y de las relaciones de poder existentes en la sociedad entre los distintos grupos.

 

Incluir el enfoque de género –de comienzo a fin- en la nueva Constitución es importante y necesario, pues permitirá corregir las invisibilizaciones y exclusiones del pasado y porque tiene el potencial de producir cambios reales en la vida de las mujeres y de las identidades o sexualidades disidentes y acelerar la consecución de la igualdad real y efectiva para ellas y elles.

 

El impacto que ello pueda tener, en todo caso, dependerá además de otras cuestiones relevantes, que no podemos ignorar o dejar de lado al pensar una nueva Constitución, como la superación del modelo de Estado subsidiario y la instauración de un Estado social y democrático de derecho, y la forma en que consagraremos la igualdad y la no discriminación.

 

*Catalina Lagos Tschorne. Abogada feminista. Magister en Derecho Público.  Coordinadora del Programa de DDHH del Instituto Igualdad. Profesora del Departamento de Derecho Público de la Universidad Alberto Hurtado

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