*Carmen Esteban Sanz

Sales una noche con tu grupo de amigos, comenzáis a charlar y de repente comienzas a sentirte ignorada e incluso pequeña. Te das cuenta que durante la última conversación no pudiste acabar una frase sin que te interrumpieran. ¡Qué desazón! ¿Y cuál es tu estrategia más primaria? Renunciar a dar tu opinión y solamente escuchar. Este sentimiento no es algo que nos invada de manera esporádica, es un micromachismo más que sujeta el iceberg del sistema patriarcal y se conoce como manterrupting, pudiendo derivar este en mansplaining.

¿Cómo podríamos definir el manterrupting? 

La traducción literal en español sería “machointerrupción” y podrá sonar dura o forzada pero se adecúa perfectamente a lo que sentimos las mujeres cuando la sufrimos. Consiste en la constante interrupción del hombre a la mujer durante su discurso, en otras palabras, no se le deja a la mujer acabar una frase. Muchos hombres se ofenderán al leer esto pero más doloroso resulta para nosotras cuando no se nos da la oportunidad de hablar y ser escuchadas. El manterrupting está plenamente ligado con la sumisión que se nos impone desde la infancia a las mujeres. Desde pequeñas se nos ha enseñado a ser cautas y extremadamente respetuosas mientras que al hombre se le incita al riesgo y al liderazgo. Por ello, cuando sufrimos algún tipo de micromachismo como éste la primera reacción es dejarlo pasar. El feminismo es una ideología y una actitud que se entrena, nadie es capaz de sortear todos los obstáculos machistas que la sociedad nos impone sin formación que nos ayude a detectarlo y sin experiencia de base. 

Muchas personas creen que el manterrupting es un invento de las feministas radicales, como si no hubiera que eliminar el patriarcado desde su raíz, y que en realidad se trata de una cuestión de mala educación. Sin embargo, si observamos a nuestro alrededor vemos que la cantidad de mujeres que interrumpen a un hombre o a una mujer es minúscula. Pero sí podríamos decir que es una cuestión de educación, de educación patriarcal. 

¿Cuáles son los dos pilares sobre los que se sustenta esta conducta?

Por un lado, las relaciones de poder. El hombre siempre ha dispuesto de mayor poder que la mujer y ahora no va a renunciar a ello por dejar que una mujer opine ya que podría poner en riesgo su posición de líder o macho alfa. Por otro lado, la creencia patriarcal de que la mujer es menos inteligente y culta que el hombre. Puede parecer inverosímil pero, ¿cuántas filósofas conoces? ¿Y filósofos? ¿Cuántas mujeres presidentas de un país hay en el mundo? ¿Y presidentes? Al patriarcado no le interesa que la mujer cobre protagonismo en la esfera pública porque es la primera interesada en acabar con los privilegios del sistema capitalista que tanto lo sostiene. ¿Y cómo se asegura de que la mujer no alcance esos rangos? Educando en el machismo, cuantas más trabas se encuentren las mujeres, mayor criba.

Entonces, ¿cómo se combate el manterrupting?

Lo primero que debemos tener en cuenta es que muchos hombres lo realizan sin ser conscientes de ello. Aunque no sea nuestro deber educar a cada uno de los hombres de la Tierra,sería ideal parar la conversación que se esté manteniendo y ponerles en situación respecto a lo sucedido y a cómo nos hace sentir a nosotras como mujeres. Obtendremos dos respuestas, una por parte de los negacionistas amantes de los privilegios, aquellos que nos dirán que es una invención y gracias a la vida también daremos con hombres que entenderán la situación y abrirán los ojos contribuyendo a la armonía de la conversación.

La historia es de todos, no solo escriben y la cuentan unos pocos.

*Carmen Esteban Sanz, estudiante de Derecho y Ciencias políticas de la UC3M. Opinión independiente.

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