Ph: Fer de la Orden

Por Mayra Ciares y Pamela Méndez

Ya pasó una semana de la muerte del Diego y todavía las emociones nos atraviesan como un huracán, una turbulencia de sensaciones: de la risa al llanto, del llanto al enojo y cuando creemos que nos olvidamos de lo que pasó prendemos la tv o entramos a redes y ahí volvemos a caer en que Diego ya no está en el mundo terrenal.

Y todo esto lo sentimos siendo feministas.

¿Cómo van a querer a un tipo como Maradona? ¿Sabés que es padre abandónico? Nos decían por ahí, mientras que millones de personas lloraban al tipo que les regaló uno de los mejores momentos de su vida. Al mismo tiempo nos animamos a declarar nuestro cariño, asumiendo que la vida y los sentimientos son un manojo de contradicciones, en un post de Instagram que titulamos “Maradona, el pueblo y el feminismo. Maradona está más allá” (ver en: https://www.instagram.com/p/CIBuyu4ABE6/).

Ph: Agustina Byrne

Querer a Diego siendo feministas es un posicionamiento político, lo queremos porque nos emocionamos con el fútbol – el juego que nos negaron históricamente- porque miramos una y otra vez sus jugadas y la piel se nos eriza mientras los ojos se ponen vidriosos y preguntamos ¿de qué planeta viniste? ¿y ahora a qué planeta te vas?, lo queremos porque Diego amó al pueblo y el pueblo lo ama, un amor correspondido y eterno. Lo queremos porque nos reconocemos como parte de ese pueblo y partícipes de una cultura popular que tiene, y tendrá, a Maradona como un mito; Diego es la historia del villero que conquistó al mundo venciendo con sus gambetas a la potencia británica, una venganza poética para los pibes que 4 años antes dejaron su vida en Malvinas. Y lo mejor de todo es que Diego jamás renegó ni se olvidó de la villa.

Pero, no nos bombardeen, querer no significa perdonar ni dejar de cuestionar. Hay cosas que no se explican y los sentimientos muchas veces escapan a las explicaciones, más que nada cuando esos sentimientos se funden en los vericuetos de las contradicciones que encauzan lo popular, sobre todo, lo popular en un país que desborda de pasiones como el nuestro.

Ph: Emergentes medio

Entendemos lo paradójico que puede resultar lamentar la partida de un hombre que, una de las tantas cosas que se le cuestiona y que hizo, está vinculada con su relación con las mujeres -y lxs hijxs que tuvo con ellas-. A su vez, creemos que poner la lupa en un solo tipo es caer en un reduccionismo inconducente; centrarnos en un caso particular nos achica el foco y borronea lo que en realidad es la verdadera raíz del problema: el sistema y la cultura patriarcal; es decir el modo de vincularnos, cómo encaramos las relaciones, como somos criadxs, cuáles son los códigos de los ámbitos donde nos manejamos, cuáles son los lugares que nos asignan de acuerdo a nuestro género, cuál es la imágen que tienen de nosotrxs de acuerdo a nuestro género, etc. Maradona, al igual que la mayoría de las figuras populares que este país mistifica y ama, es producto de una sociedad patriarcal; un hijo sano del patriarcado. Centrar nuestro análisis en una persona puede llevarnos rápida y vertiginosamente a caer en la “cultura de la cancelación”, y la verdad nada nos interesa menos que andar cancelando gente por el mundo.  Preferimos vivir nuestro feminismo desde un lugar de aprendizaje constante, de diversidad, diversidad de opiniones y adhesiones, desde el calor de lo popular y no desde el cómodo lugar de andar señalando a la gente cuáles son los cariños válidos y los inválidos.

Esta partida nos descolocó, pero por sobre todas las cosas nos enseñó que dentro de la diversidad de feminismos, queremos estar en el feminismo que se reconozca popular, un feminismo que abrace, acompañe y no señale.

Y cuando hablamos de reconocer lo popular, hablamos de la interseccionalidad aplicada al pueblo de Latinoamérica y el Caribe, porque El Diego es el ejemplo del anticolonialismo. Pobre, villero y negro.

Somos una región que perdió sus orígenes a fuerza del genocidio ejecutado por el viejo continente. Somos el producto de una construcción ficticia, educadxs para admirar a nuestros asesinos, a querer ser como ellos. Por eso, cuando alguien tiene la osadía de rebelarse y de salir de esos parámetros, resulta extraordinario.

No creemos en la idolatría, la Iglesia nos enseñó bien cual es el resultado de admirar sin cuestionamientos a una sola persona. Pero si creemos en la admiración de las acciones que van en contra del orden establecido, y su impacto social. Porque ese orden, literalmente fue establecido, no es natural y es nuestro deber cuestionarlo.

Ph: Catalina Distefano

Admiramos la habilidad de crear sonrisas cuando todo es horror, de generar unión cuando sólo hay discordia, de enorgullecer a un pueblo doblegado históricamente, de dar esperanzas.

Cuestionamos la construcción del sistema social en donde una persona pobre, negra y villera tiene que realizar hazañas extraordinarias para tener oportunidades. ¿Cuántos pibes como Diego había en ese potrero? ¿Cuantas pibas quisieron estar y fueron negadas? y ¿Dónde están todxs ahora?

Cuestionamos al fútbol y la asquerosa operación económica que conlleva. Exclusión, explotación y descarte sistemático.

Cuestionamos la meritocracia. Cuestionamos los privilegios.

Cuestionamos todo, pero lo que nunca hacemos es levantar el dedo acusador contra una hermana que sufre. Si no entendemos, respetamos y luego preguntamos, pero JAMÁS acusamos.

Ph: Emiliana Miguelez

 

 

 

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