Ph: Karina Cicovin

*Por Alejandra Iriarte

Hoy, 29 de diciembre de 2020, es un día histórico. Uno de los días con los que más soñé en toda mi vida, el día por el que más milité, estudié, leí, me informe, discutí.

Hoy es el día donde un grupo de señoras y señores que llegaron a ocupar bancas en el senado de la Nación, tienen en sus manos el poder de decidir si las mujeres, lesbianas, varones trans y todes aquelles con capacidad de gestar seamos consideres sujetos plenos de derechos.

Está en juego nuestra autonomía, nuestra capacidad de decidir nuestros proyectos de vida, donde la maternidad sea realmente una elección de cada une y no un mandato de una sociedad heteropatriarcal que nos concibe como envases destinados únicamente a ser contenedores de procesos biológicos. La misma sociedad que una vez nacidos, se desentiende de la crianza y el cuidado de ese bebé, que en cuanto feto mereció la plena protección , pero que una vez que puede respirar fuera de nuestro cuerpo, deja de ser un asunto público para quedar a entera responsabilidad de las mujeres, ya sea la madre biológica o alguna otra, en caso de poder acceder a servicio pagos, en quien recae de manera exclusiva el cuidado y la crianza.Todo esto y mucho, pero mucho más está en juego hoy. A partir de mañana podemos vivir en un mundo donde las maternidades infantiles no existan más (aunque ya no deberían existir de acuerdo al código penal vigente y a la interpretación del fallo “FAL” de la Corte Suprema de Justicia”)

Hoy el Senado discute nuestra libertad, nuestra autonomía. Es nuestra declaración de independencia. No es solo de Aborto de lo que se está hablando, no es solo de fetos y originen de la vida, como pretenden hacernos creer aquelles que odian a las personas libres, estamos hablando de deseo, de proyectos de vida, de la posibilidad de liberarnos del mandato de la gestación y de la maternidad obligatoria. Es una declaración de principios, una rotura de cadenas, un nuevo destino de libre elección y de goce.

Acá estamos, todo eso está en juego hoy. Ya no tengo noción de cuando empecé a luchar por este derecho. Siempre me enseñaron que el Aborto era un derecho y una decisión de la persona gestante, pero supongo que un día me di cuenta que eso que para mí era tan evidente,  no lo era para el resto del mundo, que se empeñaba en proteger embriones y fetos sin atreverse a mirar a los ojos a aquelle que lo llevaba en su cuerpo, sin elegirlo, sin desearlo. Fue esa mirada de lxs perversxs sin deseo, con destinos prefijados, lo que me convenció que esta era la batalla más importante para conseguir nuestra libertad.

Ya se dijo una y mil veces, de lo que estamos hablando es del deseo. De ser sujetos deseantes, de poder construir nuestro propio proyecto de vida, aunque eso implique el desgarro que produce la búsqueda, abrirnos, rompernos, mostrarnos, para rearmarnos para ser la persona que queremos ser, y así una y mil veces, porque somos reencarnación permanente, búsqueda permanente, somos río que fluye.

Todo esto pasa mientras, a mi, y si voy a hablar de mi, porque “lo personal es político” y porque como dice Paula Bonet, escritora y pintora española que, desde que la descubrí hace dos días, me sostiene y me salva, citando a la gran gran Audrie Lorde, “el silencio no te (me) protegerá”. Entonces estoy acá, tratando de escribir sobre este día histórico, mientras tengo las tetas duras y doloridas, un vacío en el útero y un vacío tan parecido a la muerte en mi cuerpo que va a quedar ahí para recordarme siempre que tengo un cuerpo con útero, un cuerpo que sangra,que duele, que desea, que acuna, que cuida, y que, a veces, no resiste.

Durante tres meses cuide a un feto, que creamos y que se acomodó en mi útero, más que a mi vida. Lo hice con mucho miedo y con muchas inseguridades, con muchas dudas sobre el deseo y sobre mi capacidad de maternar, pero lo hice con todo el amor del que fui capaz, con mucho más del que incluso me imaginé que tenía.

Pero no pudo ser, me lo venía avisando, el último mes mi cuerpo empezó a prepárame para esto, pero ninguna preparación es suficiente. Así que acá estoy escribiendo desde este vacío. No puedo hacerlo sin contar lo que me pasa, porque también creo que feminismo es que una mujer diga la verdad sobre su vida, como dice Virgina Woolf, citada por mi nuevo amor de redes, la hermosa Paula Bonet.

Y lo hago también porque creo que esto tiene todo que ver con el Aborto voluntario, porque de lo que estamos hablando es de nuestra salida del closet donde nos tienen encerradas, del cuarto propio del que nos sacaron la llave y en nos dejaron adentro. Tenemos que ser capaces de hablar de todo lo que nos pasa a las personas con útero, tenemos que sacar el Aborto voluntario del closet, pero también al Aborto espontáneo. Qué clase de mundo estamos construyendo donde no podamos hablar de nuestros abortos, de nuestras búsquedas, de nuestras pérdidas. Estos días a cada persona que me preguntó que me pasaba le conté que había perdido un embarazo, la respuesta que recibí fue que la gran mayoría de las personas había pasado por eso. Entonces por qué no hablamos de esto? Por lo mismo por lo  que no hablamos del deseo de no ser madres, del deseo de abortar, porque el mundo patriarcal nos esconde. Nuestro dolores y nuestros deseos quedan por igual encerrados en esa vida privada que funciona como cárcel. 

Les que puedan, les que quieran, salgan hoy a la calle, las que no podamos hablemos desde donde podamos, pero hablemos, al silencio no volvamos nunca más. Hace unos años con unas compañeras trabajamos mucho el concepto de “conventillar” de la práctica de nuestras abuelas de hablar sobre lo que les pasaba, de conocernos, de construir en colectivos de mujeres, lesbianas, travestís, no binarias, y todes aquelles que quieran ser parte de esta nueva (o vieja) forma de habitar el mundo y nuestras vidas. 

El capitalismo y la meritocracia nos obligan a ser siempre perfectas, a no fallar, a ser buenas madres, buenas trabajadoras, exitosas, divertidas, a poderlo todo. 

Hoy podemos romper esas cadenas, no tenemos que demostrar el éxito permanente, podemos rompernos, desgarrarnos, llorar, sufrir, fracasar. Abramos las puertas de nuestros cuartos propios y hablemos y escuchemos, somos miles, y entre todas vamos a construir este mundo trans feminista en el que nos merecemos vivir. Hoy es un día histórico para empezar a habitar ese mundo con el que sueño, que  es travesti, marrón, pluricultural, sudamericano, es de nuestra tierra, de nuestra pachamama, de nuestro vientito del norte que silba con sonido a copla. 

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