Gabriela Walder de Investigación para el Desarrollo

*Por Noelia Díaz Esquivel

“Se prepara el retorno a clases” es una oración ilusa ante la realidad paraguaya, en donde el Ministerio de Educación (MEC), pretende iniciar las clases en la modalidad hibrida el próximo 2 de marzo, habiendo dejado de lado la complejidad del proceso educativo.

Todxs lxs expertos en educación coindicen en que el retorno a clases presenciales es lo ideal pensando en el interés superior de los niños, niñas y adolescentes. Sin embargo, también mencionan esta vuelta no debe ser homogénea y se debe garantizar que el regreso a las aulas se de forma segura para la infancia, adolescencia y toda la comunidad educativa.

Lo preocupante es que en 10 meses sin clases presenciales el Ministerio de Educación no diseñó un plan que permita recibir a lxs estudiantes de manera segura, al menos no para la mayoría de las 8000 instituciones educativas públicas, como así tampoco se fortaleció la educación virtual.

“Creo que hay que pensar que las respuestas no van a ser homogéneas. Porque hay instituciones educativas de sectores rurales que son muy pequeñas y que tienen tres a cuatro alumnxs por aula, a veces son plurigrados con no más de diez alumnxs y en ese caso no tiene sentido plantear lo híbrido, porque la institución educativa tiene una matrícula suficientemente administrable. Cuando hablamos de inicio de clases hay que considerar varios elementos; por lado tener en cuenta todo lo que tiene que ver con el cuidado en base a las normas de seguridad y velar por la distancia la limpieza y la desinfección. En ese sentido hay muchas instituciones educativas que no se prepararon, o mejor dicho, el Ministerio de Educación no generó condiciones para que las escuelas sean espacios seguros”, señala la investigadora y experta en educación Gabriela Walder.

La experta considera que es negligencia del MEC no garantizar la educación y que esta realidad aumenta aún más la brecha que existe en el acceso a este derecho, condenando a más personas a la pobreza. “El dar clases a través de WhatsApp no es una modalidad híbrida. Cuando hablamos de modalidad híbrida, hablamos de una metodología que está organizada de tal manera que las niñas y los niños, en el tiempo presencial, tengan un tipo de experiencia de aprendizaje y en el tiempo asincrónico tengan otras experiencias. No se visualiza que esa construcción se haya dado porque contar con una plataforma no es sinónimo de modalidad hibrida”.

Es casi imposible que en menos de un mes se logre poner en condiciones mínimas las instituciones educativas cuando desde el MEC deslindan responsabilidades a padres, madres y docentes que también se encuentran en complejas situaciones económicas y sociales en un contexto de pandemia.

Gabriela agrega: “A mí me preocupa todo el tema de salud mental de los niños y las niñas. ¿Qué se va a hacer en las instituciones en esa modalidad híbrida para hacer una limpieza de lo que pasó, de lo que vivieron? Es como que estamos focalizando muchas cosas en la cabeza de los niños y en que tienen que meter contenido y mas contenido ¿y lo otro? Su mundo afectivo, sus frustraciones, su socialización ¿dónde queda todo eso, quien discute todo eso?Eso esta invisibilizado y cuando hablamos de modalidad híbrida tenemos que garantizar el desarrollo integral de los niños, niñas y adolescentes, porque aprendizaje no es sinónimo de aprender solo contenido, sino que es aprender para la vida”.

Las, les y los niños son los más afectados. Las niñas más rezagadas

En Paraguay y en la toda la región los niños y niñas ya se encontraban afectadxs de manera desproporcionada por la pobreza y las desigualdades y la pandemia de COVID-19 exacerbó y amplió aún más estas brechas existentes entre familias pobres y ricas.

Según UNICEF la falta de acceso de acceso a la educación y la salud podría empujar a millones a la pobreza, muchos de los cuales dependerán de la asistencia humanitaria para sobrevivir.

Nuevos hallazgos de la CEPAL muestran que 1 de cada 2 niños y niñas – de la región – están en riesgo de caer en la pobreza económica. Casi 21 millones de personas carecen de acceso a agua potable básica y 83 millones carecen de acceso a saneamiento básico y, como resultado de la pandemia, los servicios de higiene y las infraestructuras se han derrumbado.

Antes del COVID-19, 12 millones de niños, niñas y adolescentes estaban fuera del sistema educativo y, al 30 de noviembre de 2020, más de 123 millones de niños y niñas todavía están fuera del aula y han perdido más de cuatro veces más días escolares que los del resto de países del mundo.

 

Los cierres de escuelas han privado a los niños y niñas de intervenciones vitales, como la alimentación escolar, y han aumentado las amenazas a la seguridad, especialmente para las mujeres y las niñas, incluidos el maltrato, la violencia y la exclusión.

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