@lulidibuja

Por Tamara Homel *

Ante un nuevo femicidio miles de mujeres vuelven a vivir la revictimización, vuelven a sentir miedo, sufren, lloran, temen…
sentimos el crimen de una mujer en manos de su ex pareja como una muerte nuestra.

El detallado relato descriptivo de los medios de comunicación sobre su asesinato, las descripciones de los hechos dando a conocer las actividades de la víctima, incluso las más comunes haciendo énfasis en quien ya no existe por responsabilidad directa del ex pareja. Una mujer que deja a hijos, hijas e hijes sin la protección y el amor de su madre, una compañera ausente, una vida menos.

Sin embargo, de quien comete el delito no se dice nada o muy poco, porque se sostiene la presunción de inocencia y no se ahonda en la realidad del delincuente, no se enfoca hacia el perpetrador. No se observan las múltiples denuncias que hizo la víctima a lo largo de la convivencia, a veces ni siquiera son datos relevantes para las fiscalías o tribunales de justicia, otra institución machista.

Los medios de comunicación funcionan aún sin perspectiva de género, mucho menos desarrollarán la noticia como un análisis que permita a la sociedad entender y recoger experiencia para que se genere una convivencia sana entre todos, menos habrá una sanción moral o prejuzgar, porque dirán que no pueden estigmatizar la vida del que asesina.

Entonces, miles de fotocopias quedarán pegadas en postes o murallas con fotografías de mujeres asesinadas en los barrios, cientos de globos se elevan y pequeños santuarios se erigen en recuerdo de una mujer muerta por quién dijo quererla.

Aún se escucha en los barrios mujeres golpeadas que gritan y lloran por las noches y al otro día persisten los cuestionamientos a la vida de la mujer, como justificando la acción de la ex pareja.

Mientras la vida del que mata pasa a una cierta clandestinidad en la cárcel – si es que lo detienen- se le protege, se le ubica socialmente y laboralmente, obtiene condena de homicidio simple, se le rehabilita y al cabo de una buena conducta de interno, estará libre.

La Justicia entonces es machista.

Los medios de comunicación deben entregar una noticia crítica con perspectiva de género y enfoque de derechos humanos, que permita a las mujeres que han sobrevivido a la violencia seguir, vivir sin miedo, que no sienta frustraciones, que las instituciones y la sociedad doten a la comunidad de espacios de contención para las mujeres que sufren violencia de género, para sus hijos y familias, que se implementen políticas públicas de rehabilitación y se reparación más eficientes a las víctimas.

No se trata de abrir una casa de acogida solamente, se trata de que la sociedad se transforme en una gran casa de acogida.
Una sociedad con elementos psicosociales y culturales que promuevan una nueva y buena vida

Para qué hablar de una institución como el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género que hoy continúa con prácticas de teléfonos que no contestan de números que ayudan, pero muy lento, de una red de apoyo que no alcanza para un gran problema, porque no hay más recursos y sus trabajadoras hacen lo que más pueden, se han cerrado casas de acogida en y durante esta pandemia se ha registrado más VIF .

Sin embargo, la educación no sexista, la actividad cultural y el enfoque y respeto permanente en todas las instituciones hará que ésta pandemia del machismo pueda terminar algún día.

Por eso debemos exigir a quienes discutan la nueva constitución que tengan perspectiva de género en todos los debates, esto ayudará al menos a superar estas traumáticas dificultades.

Avanzar hacia una sociedad del afecto, de la solidaridad del buen vivir es una tarea difícil no imposible.
Hay que romper los candados de esta sociedad machista, pensar una nueva constitución que a lo menos nos permita vivir distinto a la dictadura y al continuismo impune de las últimas décadas.

¡Yo quiero vivir con libertad!

¡Vivir sin miedo!

*Tamara es profesora, feminista y comunista, parte del Círculo de Acción Feminista Akelarre y del Equipo de Emancipa Chile

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