Hacia una nueva ética para relacionarnos sexualmente

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Por Eduardo Díaz C.*

Esta vez escribiré sobre lo que me parece que es una práctica que abunda entre los gays chilenos y que es la discriminación “mental”.

En Grindr, Manhunt u otras apps y sitios de citas para gays, es frecuente ver perfiles que ponen en claro que no les gustan los gordos, ni los afeminados, o bajos, o extranjeros o gente que viva en otros lados. Esa es una práctica discriminatoria común, no basada en la atracción sexual que podría existir entre dos personas, sino que en elementos arbitrarios que buscan separar a priori los candidatos para follar. Porque claro, uno cuando folla con otro, uno folla con el título en mano, con la billetera, con la noble ascendencia y otras webadas más.

Lo que encuentro más grave aún, dentro de todo lo apestoso que es lo primero que describí, es esa discriminación por estado mental y emocional. “Gente con sus temas resueltos, por favor”. ¿¡Qué es eso de tener los “temas resueltos”!? ¿Acaso es la aplicación del estoicismo en la vida? (como si muchos de ellos supieran lo que es el estoicismo) ¿Acaso tendrán ellos sus “temas resueltos”? ¿O será que buscan realmente un hombre perfecto, con el que siempre sonreirán, o con el que siempre los problemas se resolverán, gracias a la sabiduría infinita que brotará de sus agraciadas mentes, con almas tan puras y en estado de nirvana que nada los pertubará y que, por consiguiente siempre tendrán polvos maravillosos y serán un ejemplo para el resto (porque es obvio que cuando uno está muy tranqui, el sexo es la mejor parte)?

A eso le llamo discriminación “mental”. No sé si podemos andar por la vida eligiendo a gente que nunca haya vivido una depresión, o que nunca sepa qué es sentir de forma distinta o mirar el mundo desde otra perspectiva. ¿Podemos negarnos al hecho de conocer a otro por cuestiones y situaciones que no lo definen en absoluto? ¿Por qué tenemos esas ansías de clasificar y definir a las personas por sus estados de ánimo, sus trabajos, las ideas a las que adhieren, donde estudiaron, por quiénes fueron sus padres o por dónde vivieron o viven, por su color de piel, su expresión-identidad-orientación sexual?

Otra cosa es el legítimo derecho que tenemos de juntarnos con quien queramos, por lo que el reclamo principal de este texto vendría a ser más bien ético. Pero es una ética universal de amor, encuentro yo.

*Asesor comunicacional. Chileno.

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