*Por Alexandra Gajardo. Chile

Pese a los cambios experimentados por la institución familiar en las últimas décadas y a los avances que hemos presenciado en la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres, la representación socialmente promovida del rol de madre no se ha modificado radicalmente, por lo que “la madre”, sus atributos y obligaciones siguen siendo considerados como fundamentales para el funcionamiento de la familia (Raymond, 2006).  Esto también se expresa en la implementación de programas sociales dirigidos a niños y niñas que han sido vulnerados en sus derechos.

Si bien uno de los pilares fundamentales de las intervenciones que buscan prevenir, abordar y reparar dichas vulneraciones es el desarrollo de habilidades parentales que posibiliten el desarrollo saludable y armónico de los niños y niñas, existe evidencia (Gajardo, 2012; Solar y Cortez-Monroy, 2009; Dominelli, 2008) sobre cómo los equipos profesionales tienden a exacerbar la figura de la madre concentrando en ella las capacidades de cuidado, apego e intimidad con los hijos.  Esta preferencia por la figura materna no radica en el reconocimiento de las fortalezas y virtudes que tienen para superar la situación de vulneración, sino en que las expectativas de los profesionales hacia las madres son bastante altas en relación a presumir que éstas deben ejercer un rol protector y afectivo predominante al interior de la familia, lo que redundaría en una sobrecarga de las mujeres en tanto madres y en una invisibilización de los varones y sus contribuciones al desarrollo de los niños y niñas.

En este artículo se presentan brevemente las representaciones de madres que tienen los implementadores de políticas sociales dirigidas a la infancia. Asimismo, se discuten los aportes que implica la inclusión de los hombres en estas intervenciones, posibilitando un abordaje integral en la reparación de las vulneraciones. Lo expuesto es parte de los resultados de las siguientes investigaciones desarrolladas por la autora: “Los padres también están ahí. Estudio de Representaciones Sociales de Padres en Intervenciones dirigidas a la Infancia Vulnerada” (2012) y “También queremos a los padres. Representaciones y acciones de inclusión de padres en las intervenciones de los profesionales de un Programa de Intervención Breve” (2013).

La intervención social se refiere a un conjunto de acciones intencionadas de los profesionales que tienen como horizonte la superación de la situación de vulneración que afecta a los niños, niñas y adolescentes sujetos del programa. Estas acciones buscan un cambio que logre su bienestar, por lo que para poder alcanzarlo se hace necesario considerar el entorno en el que se desenvuelven los niños, niñas y adolescentes e incluir a las personas que se consideran responsables y significativas. Esto se encuentra dentro de los lineamientos técnicos de Servicio Nacional de Menores de Chile (SENAME) el que estructura a través de sus bases técnicas las fases que tendrán las intervenciones llevadas a cabo por las instituciones: ingreso – diagnóstico, plan de intervención (formulación e implementación), cierre y egreso definitivo.

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Todas las instituciones colaboradoras del Servicio Nacional de Menores(SENAME) de Chile, cumplen con estas fases, poniendo especial interés en el proceso metodológico que seguirán para responder a los objetivos. Se plantea que la “metodología debe tener como eje principal la participación de las familias, definiendo en conjunto con ellas, los objetivos y estrategias más viables para trabajar con sus hijos” (Solar y Cortez-Monroy, 2009: 180).  De ahí, que uno de los aspectos fundamentales de la intervención se enfoque al desarrollo de habilidades parentales que posibiliten el desarrollo saludable de los niños, en contextos en los que muchas veces los adultos responsables han naturalizado el descuido y la desprotección. No obstante, esta intervención que debiera dirigirse a hombres y mujeres que cumplen roles parentales, tiene como protagonistas, la mayoría de las veces a las madres u otras mujeres quienes aparecen recurrentemente como los adultos responsables de los niños y niñas

En el caso del PIB estudiado, si bien los profesionales reconocen que son mayoritariamente las mujeres las que acompañan a los niños y niñas en los procesos, de todas formas, manifiestan interés e intención de trabajar tanto con las figuras maternas como con las figuras paternas, por lo que declaran convocar a los hombres significativos en la vida de los niños como una estrategia de intervención. No obstante, aquí se encuentra una contradicción fundamental, pues si bien los profesionales, se muestran más abiertos a considerar la igualdad entre hombres y mujeres y a ponderar la participación de los hombres y otros miembros de la familia en las intervenciones, persiste en ello un resabio de tradicionalismo que influye en la forma que ven a las madres y padres. Pese a que se refieren a los hombres y mujeres como iguales, que ambos deben hacerse cargo de los hijos y participar de las intervenciones, los juicios emitidos sobre las madres y el cumplimiento de su rol, suelen ser más condenatorios.

A partir de sus relatos y la observación de sus intervenciones fue posible identificar 3 representaciones de maternidad que se condicen con una visión conservadora del rol que deben cumplir las mujeres: “madre insegura”, “madre negligente” y “madre preocupada”

El tipo “madre insegura” se refiere a aquella que se muestra con escasas habilidades para el ejercicio responsable del rol, es una madre poco exigente, con dificultades para establecer normas que regulen el comportamiento de sus hijos -o si las establece, no resguarda su cumplimiento- ello refrendado, además, por un comportamiento de baja autoridad. Se observa que es frecuente en este tipo de madres delegar responsabilidades o decisiones vitales en los propios niños.  En consecuencia, dada la laxitud de las normas o la ausencia de éstas, este tipo de madre es vista como potencial factor desencadenante del empeoramiento de las crisis familiares que han ocasionado el ingreso de los niños y niñas al programa de intervención. 

El segundo tipo de representación predominante da cuenta de una “madre negligente”, ésta al igual que la “madre insegura” no cumple con las tareas asociadas a su rol, sin embargo, la diferencia estriba en que esta última se esfuerza por hacerlo, pero adolece de las competencias que le permitan cumplir de acuerdo a los cánones sociales. La “madre negligente” no se pregunta sobre el ejercicio de su maternidad, ni se muestra comprometida a mejorar los aspectos que contribuyeron a la situación de vulneración de sus hijos.

El tercer tipo de madre, aunque aparece con menor frecuencia, es el de “madre preocupada”, y hace alusión a aquellas madres que se comprometen y participan en los procesos de intervención cumpliendo con las tareas asignadas por los profesionales del programa y colaborando activamente en la restitución de sus derechos. Por lo general, estas madres no son consideradas como responsables directas de la situación de vulneración y a diferencia de las otras dos representaciones, cuando los profesionales se refieren a ellas se observa una atención especial a los aspectos del contexto que dificultan el cumplimiento del rol (condiciones económicas, sociales, laborales, etc.) por tanto, la intervención también contempla el abordaje de estos aspectos.

La “madre insegura” y la “madre negligente” son las representaciones que aparecen con mayor frecuencia en el relato de los profesionales y en el registro de las intervenciones, de estos se desprenden, además, una alta frecuencia de juicios negativos respecto del ejercicio de la maternidad. Podría suponerse que esto último se debe a que el rol de madre se encuentra más fuertemente demandado desde la tarea de protección y afecto, de manera que una madre que no lleve a cabo estas tareas esperadas sea más fuertemente juzgada.

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Sobre la inclusión de los padres, la experiencia internacional demuestra que es cada vez más recurrente la búsqueda de medios para su involucramiento en los programas de intervención familiar, ello porque se perderían importantes oportunidades de lograr avances efectivos en la situación de niños/as vulnerados si sólo se centran en la madre e ignoran al padre, como ha sido la tendencia principal. La literatura expone que son los propios estereotipos de género que tiene los profesionales los que funcionan como obstaculizadores de las intervenciones, por lo que, para incluir a los varones, es preciso considerar lo siguiente:

  • Las diferencias de género en el modo que se ejerce la búsqueda y se percibe la recepción de ayuda en la ocurrencia de crisis familiares, sugiere que los profesionales deberían emplear competencias que tomen en cuenta y se acomoden a estas diferencias específicas de género, en especial en relación a los hombres y no sólo centrándose en las mujeres cuidadoras (Broadhurst, 2003).
  • Los programas generalmente no incluyen al padre en la resolución de crisis familiares cuando los profesionales mantienen creencias estereotipadas respecto a él, identificándolo como aquel miembro de la familia con mayor tendencia al maltrato infantil o con incapacidad de soportar afectivamente las necesidades del niño.
  • El entrenamiento y capacitación de los equipos coincide como un aspecto clave en la implementación de buenas prácticas, la capacitación de los equipos es esencial para lograr el involucramiento efectivo del padre y no centrar la responsabilidad exclusiva de los hijos en la madre.

Bibliografía

  • Dominelli L. (2006). Reconfiguring Fathers: Interrogating Local Studies in an International Arena. Ponencia presentada al 33º Congreso Mundial de Escuelas de Trabajo Social, Santiago, Chile, 28-31 de agosto.
  • Dominelli, L., et al. (2011). ‘Here’s my Story’: Fathers of ‘Looked After’ Children Recount their Experiences in the Canadian Child Welfare System. British Journal of Social Work 41, 351-367
  • Gajardo, A (20012). “Los padres también están ahí. Estudio de Representaciones Sociales de Padres en Intervenciones dirigidas a la Infancia Vulnerada. Tesis para optar al título Magíster en Trabajo Social, PUC.
  • A (2013). “También queremos a los padres. Representaciones y estrategias de inclusión de padres utilizadas por los profesionales de un programa de intervención a la infancia vulnerada”. Proyecto Financiado por Universidad Santo Tomás, sede Santiago.
  • Gallardo, G., Gómez, E., Muñoz, M. et al. (2006). Paternidad: Representaciones Sociales en Jóvenes Varones Heterosexuales Universitarios sin Hijos. Psykhe. nov. 2006, vol.15, no.2
  • Lozano, M. (2001) La construcción del Imaginario de la Maternidad en Occidente. Manifestaciones del imaginario en la maternidad y los discursos sobre las nuevas tecnologías de reproducción. Tesis Doctoral Universidad de Barcelona, Facultad de Ciencias de la Comunicación. Disponible en: http://dialnet.unirioja.es/servlet/tesis?codigo=4420
  • Raymond, E. (2006). Mujeres y madres en un mundo moderno: Los discursos y prácticas que conforman los patrones de maternidad en Santiago de Chile. Tesis presentada para obtener el grado de Magíster en Antropología y Desarrollo. Universidad de Chile. Santiago de Chile.
  • SENAME (2005). Efectos de los programas del SENAME en la integración social de niños y niñas. Disponible en http://www.sename.cl/wsename/estructuras.php?name=Content&pa=showpage&pid=29. Consultado el 12 de Diciembre de 2012.
  • Valdés X., Caro P., Saavedra R., Godoy C., Rioja T., Raymond E., (2006) ¿Modelos familiares emergentes o fractura del modelo tradicional?, en Valdés X., Castelain-Meunier C., Palacios M., Puertas Adentro. Femenino y masculino en la familia contemporánea, Santiago, LOM.

Referencia Experiencias internacionales

*Alexandra Gajardo, investigadora chilena, es Directora del Magister en Salud Familiar y Comunitaria y Académica de Trabajo Social de la Universidad Santo Tomás, Chile. 

** Fotos: SENAME

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