* Verónica Villaba

“No decía palabras,
acercaba tan solo un cuerpo interrogante,
porque ignoraba que el deseo es una pregunta
 cuya respuesta no existe…”

Luis Cernuda

Al día siguiente de “esa noche” mis certezas de quien era hasta ese momento habían desaparecido. No podía mentirme, tenía mucho miedo de lo que iba a sucederme, pero al mismo tiempo lo que había descubierto y sentido me hacía tan feliz, que me costaba hacerle caso a mis temores. Desde “esa noche”, tal contradicción me acompaña, pero ya sé que no sucederá ninguna catástrofe, por no ser tan normal y ni siquiera ya, aspirar a serlo. Encajar, adaptarme a la “normalidad”, nunca había formado parte de mis aspiraciones, me gustaba ser la rebelde de la familia, de la escuela, la diferente. Sin embargo no había encontrado una razón tan potente como ésta. Lo que sentí y viví esa vez, develó la respuesta; por fin mi identidad comenzaba a cobrar sentido.

Años atrás, antes de aquella noche, la poeta/escritora Adrienne Rich escribía su ensayo y análisis donde acuñó el concepto sobre la “heterosexualidad obligatoria”. Afirmaba, en su texto ya clásico, que la misma existencia lesbiana demuestra que la heterosexualidad es una institución política impuesta y mantenida a la fuerza. “No ser capaces de analizar la heterosexualidad como institución es como no ser capaces de admitir que el sistema económico llamado capitalismo o el sistema de castas del racismo son mantenidos por una serie de fuerzas, entre las que se incluyen tanto la violencia física como la falsa conciencia”[1].

Con “la existencia lesbiana”, en su ensayo, cuestiona a partir de análisis de textos, como ellas fueron y son borradas de la historia, invisibilidad que hasta hoy es vivida de esta forma, aunque con algunas transformaciones. Esta frase que ha transcendido el tiempo, y ha llegado hasta el movimiento lésbico de América Latina y el Caribe (creo que muy poco al de Paraguay), resume tanto una posición política como una realidad: la existencia lésbica, que se trata de negar y borrar una y otra vez. Pero que sigue tan viva:

 

Pase lo que pase, vivirá en mí tu cuerpo.

El ondeante ejercicio de tu amor,

sensible, frágil como la fronda apenas enroscada

del helecho en espiral en los bosques

recién dorados por el sol.

 

Amplios, tus muslos, viajeros nobles y generosos

donde mi rostro entero se hunde una y otra vez.

La sabiduría honda y la inocencia de esa morada

descubierta para mi lengua.

 

En mis labios, el ritmo

tembloroso e insaciable de tus pechos.

Sentir tu mano en mí, firme, protectora,

descubriéndome, con la fuerza de tu lengua

y tus dedos finos llegando allí, donde te esperé siempre,

en mi fondo húmedo y rosa.

Pase lo que pase, ahí estarás tú.

(Poema emergente, Adrianne Rich)

Monique Witting, otra escritora y poeta, referente del movimiento lésbico radical en Francia y después en diferentes países del mundo, fue un poco más lejos con su pensamiento al afirmar que: “Las lesbianas no somos mujeres”, (frase histórica, y tomada como una de las fundantes de la teoría queer)[2]. Las lesbianas, para ella, son fugitivas de su propia clase, la de las mujeres, ya que escapan de esta relación binaria entre los sexos. Witting es materialista y realiza su análisis tomando la relación de clase entre mujeres y hombres, con un punto de vista que hasta ese momento nadie lo había pensado, o por lo menos enunciado: el de la heterosexualidad.

Lo común al pensamiento de ellas -dentro de sus grandes diferencias[3]–  es que la heterosexualidad es una institución, un sistema o un régimen político, una construcción social, que no es natural ni que viene dado, al contrario, es impuesto y mantenido a la fuerza. O como dice Witting: “es el régimen político que asegura la reproducción de una estructura de dominación de las mujeres”[4].

¿Por qué hablar de heterosexualidad  hoy, si el debate es la ideología de género? Porque  en el fondo de este debate una de las cuestiones que se defienden desde un grupo de la sociedad, es que la heterosexualidad es natural, frente a las otras identidades, subjetividades, opciones y deseos, que son definidos como anormales, antinaturales, perversos, etc. O bien, como posibles desencadenantes de catástrofes y exterminios de la especie humana.

Y más en el fondo aún, se encuentra una disputa de la humanidad que lleva muchos años, disputa y a la vez búsqueda de los seres humanos para conocer quiénes somos. Esa dicotomía construida desde hace siglos, y que a lo largo de este tiempo ha encontrado diferentes y diversas respuestas en corrientes de pensamientos, áreas de la ciencia y de la cultura. Me refiero a la disociación ontológica entre naturaleza y cultura que “constituye el sustento de las doctrinas esencialistas, de las desigualdades y exclusiones socio-políticas; por ejemplo el biologismo, el racismo, el sexismo”[5].

Lo que hoy estamos debatiendo en nuestra sociedad tiene relación con esa búsqueda ontológica, que no es menor, porque en ella nos jugamos nuestro ser profundo, las bases fundantes de nuestra humanidad: ser hombres, ser mujeres, ¿si no somos mujeres ni hombres tal como nos dice nuestra cultura, nuestras normas, nuestras leyes, qué seríamos? Mucho peor, si nuestr*s hij*s, no reciben la educación necesaria para lograr ser estos hombres y estas mujeres: ¿Qué será de ell*s? ¿En qué se pueden convertir? ¿Qué marcos nuevos son los que se quieren imponer en la sociedad sobre el sexo, género, valores y sentimientos con ellos? ¿Y qué será de nuestras familias? ¿Dejarán de existir papá, mamá e hij*s? Si la base de la sociedad se está cayendo, ¿qué hacemos para defenderla?

Sexo, género y sexualidad en disputa[6]

Las preguntas anteriores son algunas de las que se hacen en los encendidos y apasionados debates que vivimos en estas semanas entre varios sectores de nuestra sociedad,  alrededor de la teoría de género y la educación de la sexualidad como política pública. El debate fue iniciado por un grupo de la Iglesia Católica que ha tomado partes de esta teoría, y la ha denominado ideología de género. Bajo este título, este grupo construyó argumentos, que han sido instalados en los medios de comunicación y redes sociales para alertar sobre el peligro que tal ideología puede significar si permea y es admitida en la educación formal.

En general, en este contexto,  una de las principales preocupaciones en los discursos de los sectores que están en contra del género, es la homosexualidad (parece que el lesbianismo no), la identidad de género y el sexo. Es decir, lo que ha elaborado la teoría de género relacionada a la sexualidad y específicamente a los contenidos sobre ella en la educación formal. Dando respuesta a la preocupación de este sector, el actual Ministro de Educación, Enrique Riera, ha firmado una Resolución en donde prohíbe el uso de materiales que hagan mención a la teoría de género.

Los denominados sectores progresistas de la sociedad, entre líderes de opinión, periodistas, referentes del movimiento feminista y de otras organizaciones sociales, han respondido a la decisión del Ministro defendiendo el uso de la teoría de género. El argumento central en las diferentes respuestas ha sido que la teoría de género está siendo confundida y tergiversada, ya que la misma se refiere a, en palabras de Luis Bareiro: “desaprender como sociedad que los roles estén determinados por el sexo. Es aceptar que lo femenino puede incluir jugar al fútbol, dirigir un ejército y ser el sostén financiero de un matrimonio, y que lo masculino puede y a menudo debe abarcar desde jugar con muñecas, lavar o planchar ropa o ser amo de casa sin que esos roles tengan relación alguna con su sexo ni con su orientación sexual”[7], es decir, a la deconstrucción histórica y cultural de los roles asignados a las mujeres y a los hombres, basados en su sexo.

Referentes del movimiento feminista fueron un poco más allá con su explicación: “La teoría de género también trabaja otros ejes que provienen de teorías que se elaboraron a partir de otras grandes discriminaciones y desigualdades de la humanidad como naturaleza y cultura, lo universal y lo particular, o las relaciones sociales de producción, entre otras, ya que en todas ellas existe la diferencia sexual”[8], se podría deducir que se refiere a las discriminaciones que vivimos lesbianas, gays, bisexuales, personas trans e intersexuales, ya que Line Bareiro es una de las impulsoras del tema y de las acciones en torno a la no discriminación[9].

La ex Ministra de la Mujer Gloria Rubín, otra de las referentes feministas de Paraguay, se expresó de manera un poco más directa y explícita: “Es mentira que se le dice ‘usted puede ser homosexual’, lo que sí se dice es que si su hijo/a tiene tendencias homosexuales o de lesbianismo debe ser respetado/a porque es un ser humano y los derechos humanos de esa personita tienen que ser respetados”[10].

Las organizaciones LGBT se unieron a la respuesta de que es una tergiversación agregando además que sería una “cortina de humo para el momento político” (Simón Cazal, de la organización Somos Gay), así como también que estas organizaciones religiosas promueven una ideología del odio, y que su consecuencia es la muerte de las personas trans que son asesinadas (Aireana, Grupo por los derechos de las Lesbianas)[11]. También aclararon que ser lesbiana o gay, no es a consecuencia de una violación o abuso sexual -como han dicho sectores fundamentalistas- pues esto es un mito que se basa en la creencia de que si un hombre viola a una mujer ésta queda traumatizada y luego se convierte en lesbiana (Aireana, Grupo por los derechos de las Lesbianas)[12]. El Partido Convergencia Popular Socialista –autodenominado como feminista y de izquierda- abrió más el debate en su comunicado al mencionar a las familias y su diversidad, a las identidades y deseos, y sobre todo, al posicionar las situaciones diferentes sin marcar y defender el centro binario de la diferencia sexual, como en general se puede ver, en los demás discursos[13].

¿Es la teoría de género una ideología? ¿Promueve la elección del sexo en base a la determinación subjetiva e individual de las personas? ¿Impulsa la enseñanza de la homosexualidad entre niños y niñas en las escuelas?

No existe una sola respuesta para estas preguntas. En primer lugar, lo que sucede hoy es que, desde la campaña “Con mis hijos no te metas” (el mismo grupo antes denominado “Queremos Papá y Mamá”, con el slogan “Por la vida y la familia”), se nombra así a la teoría de género para satanizarla y demonizarla. Sucede lo mismo que con, por ejemplo la ideología de izquierda, cuando se “acusa” a quienes nos identificamos de izquierda como “los ideologizados”, es decir quienes tenemos posiciones disidentes de las hegemónicas, somos acusad*s de “tener ideología”, cuando en realidad todas las personas tenemos ideologías, o las reproducimos (el machismo, el sexismo son ideologías), o nos identificamos con algunas. Es decir, en el contexto nacional e internacional la “ideología de género” es una interpretación de estos grupos fundamentalistas religiosos, es también el lugar desde donde hablan.

Además la teoría de género es y ha sido el instrumento principal del movimiento feminista, y como dice  Virginie Despentes, el feminismo es “una visión del mundo, una opción”; y si se afirma que la ideología es un:  “conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político”[14], para mí la teoría de género es también una ideología”[15], igual o aún más potente que otras conocidas, como es la religión, el liberalismo, etc. Pero decir “ideología de género”, remite a la postura de estos grupos autodenominados pro vida, pro familia.

La teoría de género tiene diversas corrientes, con un inmenso desarrollo como parte de las ciencias sociales, así como también en y desde otras ciencias. Ha servido como base principal para las propuestas de transformaciones fundamentales  sobre los derechos de las mujeres; fue y es el instrumento principal del movimiento feminista. Una de esas corrientes del movimiento feminista, ha promovido tanto a nivel nacional como internacional,  la noción de género como: “el cambio de las relaciones de poder entre hombres y mujeres, el cambio de roles entre ambos, el acceso de las mujeres al poder público, la promoción de la paternidad responsable”[16]; además de la configuración de la violencia hacia las mujeres como un problema público y no sólo como parte de la esfera privada, y todo lo que se ha generado en torno a este tema, como mecanismos de protección y asistencia a las mujeres entre otros grandes e importantísimos avances en el reconocimiento de los derechos humanos para la sociedad. Esta corriente entiende,  promueve y fundamenta sus propuestas sobre la afirmación de que el género es una construcción cultural que está basada en el sexo, y que el sexo, la diferencia sexual del ser hombre y ser mujer es biológica, y por lo tanto no cambia.

Para este sector de nuestra sociedad, la igualdad de género, como lo han manifestado, no habla del cambio de sexo, ni de la homosexualidad. No se enseña a ser homosexual, se enseña a respetar que existen otras personas con orientaciones sexuales e identidades de género diferentes y que no deben ser discriminadas[17]. Aunque sí respaldan los derechos de personas LGBT, y concuerdan con que estos deben ser promovidos; varias referentes del movimiento feminista en Paraguay, han apoyado –y lo siguen haciendo- las reivindicaciones de este movimiento. Un ejemplo es el proceso que se ha llevado adelante para la elaboración del anteproyecto de “Ley contra toda forma de discriminación”, propuesta contra la que también están los sectores que promueven la campaña “Con mis hijos no te metas”.

Pero, si enseña a respetar a estas personas diferentes: ¿No se incluirían las reivindicaciones del movimiento LGBTI en la educación sexual?, por otro lado ¿Acaso no se enseña también a ser heterosexual?

A mi modo de ver el discurso desde esta corriente teórica y de acción política -a la que adscribe la mayoría del movimiento feminista en Paraguay- se presta a la confusión en el debate porque es contradictoria. Al decir que la teoría de género no incluye la enseñanza de la homosexualidad, ni tampoco el cambio de sexo, entre otros contenidos, pero que sin embargo, se apoya a las personas que defienden esos contenidos. Tal contradicción tiene sus bases en la definición y conceptualización de su teoría, la que naturaliza el sexo.

Y el movimiento LGBTI: ¿Cree también que los sexos son naturales, inmutables y biológicos?; ¿Dónde queda el cuestionamiento sobre esta determinación binaria y biológica en la que se basan la medicina, las ciencias sociales, etc. que excluye a nuestras subjetividades e identidades?

Es sorprendente que  nadie haya dicho en este contexto como se ha patologizado y despatologizado a la homosexualidad, cuando todavía la nombran como una perversión y/o una enfermedad. Considerando que la Organización Mundial de la Salud sacó de su lista de enfermedades a la homosexualidad en el año 1980, años después de haberla categorizado como tal.  Desde hace varios años también existe un movimiento contra la despatologización sobre el cambio de identidad de género  para que se la retire de los manuales de psicología y psiquiatría, así como las importantes acciones del movimiento intersex en estas áreas, que aún no han llegado a Paraguay. La organización de lesbianas Aireana aclaró la vinculación entre violación e identidad lésbica, pero no siguió profundizando en esto. ¿Qué significará hoy para las lesbianas la teoría de género?

En la isla sin mar

Existen en el mundo otras corrientes desarrolladas alrededor de la teoría de género, que desde hace muchos años han interpelado esa construcción teórica y también las posiciones políticas basadas en ella. Desde las feministas negras, afros, el movimiento lésbico, hasta el de personas trans e intersexuales.

La crítica a esta corriente feminista es que siguen estableciendo la diferencia sexual como natural: “El hecho de que el género se base en la diferencia sexual sigue dando por hecho que el sexo es natural. Esta relación entre sexo y género aparecen como dos categorías que dependen una de la otra. La segunda es analizada como la construcción social de la primera (el género) y la primera (el sexo) se asume como un hecho pre-existente”[18]. En esta crítica se incluyen los cuestionamientos que ha hecho el movimiento lésbico y de pensadoras lesbianas -como ya mencioné- sobre la naturalización de la heterosexualidad,  así como también desde el movimiento de personas trans e intersexuales, sobre el sexo.

Como dice el activista intersex argentino Mauro Cabral: “La absoluta dependencia ontológica de la perspectiva de género respecto de la diferencia sexual produce un inmediato y persistente efecto óptico: dicha perspectiva sólo ‘ve’ mujeres y hombres”[19].  En nuestro contexto esto se manifiesta, por ejemplo, en estas contradicciones en el discurso sobre el género que hoy se pueden escuchar; también en algunas manifestaciones u opiniones sobre la visión de la transgeneridad y de que en ella se reproducen “lo tradicional femenino o masculino, que como feministas queremos cambiar”, tanto en identidades lésbicas y/o en identidades de personas trans. Parecería ser que en Paraguay se ven por un lado a mujeres y hombres, y por otro a personas diferentes, en donde nos ubican a quienes no entramos en esa norma binaria y biológica. Además Cabral manifiesta un tema central: “Esta reducción óptica le impone un límite férreo tanto a la posibilidad de reconocer el universo de subjetividades que excede el binario de género como a la de abordar críticamente la lógica que instituye órdenes diferenciados de subjetividad”[20]. Es decir, un cierre a las subjetividades, y de vidas o dimensiones de las vidas dignas de ser deseadas y vividas, tanto las propias como las de las demás.

Estos cuestionamientos muestran contradicciones centrales de la perspectiva de género propuesta por esa corriente feminista, la que sigue ubicando a estas críticas como “otros ejes, de otras teorías”. Y justamente  es a este pensamiento binario al que se interpela, el que sigue definiendo como universal a dos sexos, a dos géneros, y a los demás como particulares. Siendo el mismo, la base de todas sus acciones y propuestas de transformación.

Pareciera que otras corrientes feministas y sus debates han pasado de largo en nuestro país, porque –y ojala esté equivocada en esto- prácticamente no hemos tenido la oportunidad  de debatir estas críticas. Como feminista y parte del movimiento LGBTI, he asistido a algunos pocos espacios en donde pudimos pensar algunas, pero en general, revisando las opiniones y respuestas en este contexto, tampoco se visualiza alguna conexión con esos debates.

Esta es una de las diferencias con el movimiento “Con mis hijos no te metas”, que sí tienen conexión con estos debates a un nivel internacional, porque están realizando acciones parecidas en varios países de la región. Su interés tiene que ver con la familia, los valores, el sexo, el género, etc. Ell*s entienden que la ideología  de género no sólo se refiere a los roles entre mujeres y hombres, también a la sexualidad y a cambios y transformaciones que se buscan alrededor de ella. Obviamente, su lectura de este cambio, es desde sus valores, desde lo que creen y quieren para la sociedad.  El lugar desde donde ell*s hablan tiene una historia que es conocida por la humanidad, y en la que los ejemplos sobran. Por citar el más conocido, como fue la santa inquisición con la quema a brujas y a herejes; hoy siguen con el mismo pensamiento y las mismas prácticas, y están convencid*s de que las opciones sexuales fuera de la norma heterosexual, son depravaciones, perversiones, que la homosexualidad es lo mismo que la pedofilia y el abuso sexual, y que la única familia que debe ser reconocida es la integrada por mamá, papá e hij*s.

El discurso de este grupo y sector no ha cambiado, al contrario, se ha vuelto más fuerte al adaptarse e incluir las demandas y cuestionamientos que se hacen a la teoría de género en su descripción de la “ideología de género, o sea la santa inquisición se ha aggiornado. Por esta razón pienso que es más importante revisar lo que sucede en el movimiento feminista y sus diferentes corrientes de pensamiento y de acción, así como con el movimiento LGBTI y otras organizaciones sociales y partidos de izquierda, que repetir los argumentos en contra o a favor. Abrir el debate hacia las subjetividades, ir un poco más allá de donde ya nadie se escucha.

Como sociedad a todas las personas nos interesa el debate sobre la educación sexual, y tod*s tenemos el derecho de participar en él y poder acordar: ¿Qué queremos para la educación de nuestr*s hij*s? ¿Qué marco de la educación sexual como sociedad vamos a acordar? ¿Queremos que la religión católica y sus valores sigan influyendo en la educación formal regulada por el Estado? ¿Queremos que se enseñe educación sexual solo para prevenir enfermedades, abusos sexuales, violaciones, embarazos de adolescentes, etc.? ¿Dónde queda el placer? ¿Dónde nuestros deseos, lo que sentimos? El contexto de hoy, en el que las tecnologías de la información y la comunicación han cambiado por completo nuestras formas y prácticas de la sexualidad, nos plantea nuevas preguntas para la educación sexual, por lo que nuestros pensamientos, y debates deben incluir también estos temas.

Con esto nuestras convicciones más profundas entran en juego, las certezas sobre los propios deseos, sobre el sexo, sobre la sexualidad, nuestros cuerpos; las normas y costumbres, la moral, la idea de familia. Porque tod*s tenemos sexo, género, cuerpos, vivimos nuestra sexualidad, nuestros deseos y nuestras identidades están construidas sobre ellos. Las certezas que tenemos -que están en las normas, las leyes, las costumbres- son las que entran en cuestionamiento frente a otras identidades, opciones, deseos, que hoy están siendo cada vez más visibles. Desde las disidencias sexuales, esas personas que el movimiento feminista nombra como “diferentes” y el grupo pro vida “perversos y anormales”, venimos exigiendo que nuestras vidas “sean posibles de ser vividas” sin ser aniquiladas, borradas, menospreciadas,  tomadas como monstruosidades, o bien como aquellas que “a pesar de…” deben ser disculpadas y toleradas.

Más allá de la polarización entre sectores, y del miedo de perder los avances conquistados, necesitamos un movimiento feminista que se piense más y se cuestione con honestidad. Es necesario tomar las críticas y debates que circulan hace varios años en el mundo, pensar en nuestras familias, nuestras organizaciones, nuestras camas, nuestras maternidades, nuestras aulas, parlamentos y calles.

El desafío del movimiento feminista en Paraguay, del LGBTI, y de otras organizaciones sociales, así como partidos de izquierda, también en la región de América latina y del mundo, es abrirse a este debate y articular demandas desde estos cuestionamientos, que incluyan las diferencias y subjetividades de las personas, desde diversas identidades y construcciones. Interpelarse a sí mismas y revisar las propias subjetividades, explorar más allá, valorar nuestros y otros cuerpos, confrontar con el miedo a la incertidumbre, abrirse a esos otros deseos. Porque la ceguera y cierre a lo subjetivo, nos hace débiles, excluye las diferencias, y nos quita la potencia que tenemos.

Este debate más abierto sería un aporte para que como sociedad podamos pensarnos y ponernos de acuerdo; tal vez la posta de este desafío ya la están tomando las nuevas generaciones de feministas, porque si alguna certeza tengo, como lo dice Virginie Despentes en su Teoría King Kong, es que “El feminismo es una revolución que ya ha comenzado. Una visión del mundo, una opción. No se trata de oponer las pequeñas ventajas de las mujeres a los pequeños derechos adquiridos de los hombres, sino de dinamitarlo todo… buena suerte chicas y mejor viaje…”[21].

 

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Foto: EFE

*Soy feminista, de izquierda, del movimiento LGBTI, formé parte y milité en varias organizaciones en Paraguay como: la Coordinación de Mujeres del Paraguay; el Grupo de Acción Gay Lésbico Transgénero; Aireana. Grupo por los derechos de las lesbianas; La comuna de Emma, Chana y todas las demás, biblioteca anarquista queer antimilitarista; Fridas, Feministas Radicales de Izquierda de Asunción. Actualmente y desde hace muchos años, trabajo como consultora en temas de género, comunicación e investigación; mamá de Ernestina, la alegría, incertidumbre y desafío  más grande de mi vida.

Gracias a: Natalia Ferreira por su apoyo de siempre, su aliento e insistencia pro activa para que escriba y no decaiga en el intento, sus comentarios y correcciones a este artículo complementaron y le dieron esa fuerza que sólo ella tiene; a Laura Bareiro por su contención sanadora,  por romperse su cabeza para entenderme, y seguir pensando juntas; a  Guillermo Maldonado, el queer filósofo, por sus certeros comentarios y aportes, a Rafa por continuar desafiando la vida junt*s; a mis amistades peligrosas por existir.

 

[1] Rich, Adrianne. Heterosexualidad obligatoria y existencia lesbiana. En: DUODA Revista d’Estudis Feministes núm 10-1996; (Recuperado de: http://www.mpisano.cl/psn/wp-content/uploads/2014/08/Heterosexualidad-obligatoria-y-existencia-lesbiana-Adrienne-Rich-1980.pdf, 4/10/2017). La primera versión de este ensayo fue publicada en el año 1980.

[2] “La lesbiana es el único concepto que conozco que está más allá de las categorías de sexo (mujer y hombre), pues el sujeto designado (lesbiana) no es una mujer ni económicamente, ni políticamente, ni ideológicamente. Lo que constituye a una mujer es una relación social específica con un hombre, una relación que hemos llamado servidumbre, una relación que implica obligaciones personales y físicas y también económicas (trabajos domésticos, deberes conyugales, producción de hijos, etc.), una relación de la cual las lesbianas escapan cuando rechazan volverse o seguir siendo heterosexuales”, Witting, Monique “El pensamiento heterosexual”, http://www.redmovimientos.mx/2016/wp-content/uploads/2016/10/Wittig-Monique-El-Pensamiento-Heterosexual.pdf

[3]Rich analiza el concepto de heterosexualidad en el marco de la teoría feminista contemporánea desde el «punto de vista de las mujeres», mientras que el lesbianismo radical lo hace sin adoptar ese punto de vista, pues “considera el lesbianismo como algo necesario políticamente y como algo exterior al régimen político heterosexual en su globalidad” Turcotte, Louise. Un cambio de perspectiva, en Witting, Monique (op. cit).

[4] Witting, Monique “El pensamiento heterosexual”, en: Devenidos contra-estrategia, en: https://tifoideo.wordpress.com/2012/02/18/monique-wittig-y-la-condicion-lesbiana/

[5] Stolcke, Verena. Presentación simposio internacional “¿Naturaleza o cultura? Un debate necesario. En: file:///C:/Users/VVillalba/Downloads/258366-357270-2-PB%20(2).pdf (este archivo no abre, no es un link a internet)

[6] Alusión a la obra: “El género en disputa”, de la pensadora académica Judith Butler. Referente de la denominada corriente feminista post estructuralista.

[7] “Che ko la karai”, Luis Bareiro, Diario Ultima Hora, 8/10/2017, http://www.ultimahora.com/che-ko-la-karai-n1111970.html

[8] Line Bareiro, en: http://www.cde.org.py/line-bareiro-la-prohibicion-de-la-teoria-de-genero-es-un-paso-al-oscurantismo/

[9] Reconocida feminista y politóloga, que ha impulsado la Red contra toda forma de discriminación, la que ha propuesto un anteproyecto para una Ley contra toda forma de discriminación.

[10]Gloria Rubin, http://www.hoy.com.py/nacionales/rubin-desmiente-a-los-provida-es-mentira-que-se-ensene-a-ser-gay

[11] https://www.facebook.com/notes/aireana-laserafina/cr%C3%ADmenes-a-mujeres-trans-son-la-consecuencia-de-la-ideolog%C3%ADa-del-odio/2173318672895058/

[12] https://www.facebook.com/notes/aireana-laserafina/el-mito-del-trauma-inicial/2161423534084572

[13] https://www.facebook.com/PartidoConvergenciaSocialista/posts/1477245645658565

[14] El Surtidor, flyer,

https://www.facebook.com/elsurti/photos/a.828543117179795.1073741848.617537874946988/1686732221360876/?type=3&theater

[15]Despentes, Virginie. “Teoría King Kong”. Editorial Melusina, España, 2007.; en: http://catedraunescodh.unam.mx/catedra/CONACYT/08_EducDHyMediacionEscolar/Contenidos/Biblioteca/Lecturas-Complementarias/Lagarde_Genero.pdfhttp://catedraunescodh.unam.mx/catedra/CONACYT/08_EducDHyMediacionEscolar/Contenidos/Biblioteca/Lecturas-Complementarias/Lagarde_Genero.pdf

[16] Bareiro, Line, en: http://www.cde.org.py/line-bareiro-la-prohibicion-de-la-teoria-de-genero-es-un-paso-al-oscurantismo/

[17] “La teoría de género no enseña a ser homosexual, lesbiana o transgénero. Enseña que el cuerpo de la niña no es propiedad del varón, que no la pueden tocar si ella no quiere, que puede vestir el color que le guste, que su misión no es reproducirse y someterse, que puede parir y criar si ese es su deseo, y hay que proteger ese derecho, pero que la maternidad no es su único destino. Y enseña también que la niña y el niño tienen iguales derechos, que las aptitudes y habilidades no dependen del sexo, y que hay personas con orientaciones sexuales e identidades de género diferentes y no por ello deben ser discriminadas ni violentadas” (Lilian Soto, http://www.liliansoto.org/2017/10/15/el-dificil-camino-hacia-la-igualdad-de-genero

).

[18]  Ochy Curiel, “Género, raza, sexualidad. Debates contemporáneos” http://www.urosario.edu.co/urosario_files/1f/1f1d1951-0f7e-43ff-819f-dd05e5fed03c.pdf

[19] Cabral, Mauro. “La paradoja  transgénero”, en: https://programaddssrr.files.wordpress.com/2013/05/la-paradoja-transgc3a9nero.pdf  En este artículo se describe también como las mismas pensadoras feministas han hecho reconstrucciones históricas del concepto,  en donde coinciden que esta corriente es heredera del concepto biomédico de género.

[20] Cabral, Mauro. Op cit.

[21] Despentes, Virginie, Op. Cit.

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