Somos continuidad

*Por Vanesa Mari

A veces parece y algunos consideran que de un día para otro las mujeres empezamos a hablar y participar de política, como si nos hubiésemos puesto de acuerdo y un buen día nos zambullimos en el alucinante mundo político. Como pidiendo permiso, como dando explicaciones a todos todo el tiempo sobre nuestros derechos y obligaciones fuimos ganando batallas, espacios, rompiendo con estereotipos y desnaturalizando el patriarcado.

Sin embargo, la historia parece dejar afuera de la historia a mujeres que a través de las construcciones sociales, de sus cuerpos y de sus discursos, comienzan a tener visibilidad. Nos contaron una historia machista, una historia escrita por machos y protagonizada por machos pero no nos cuentan que también hay páginas escritas por rebeldes, soñadoras, que con su participación iluminaron los procesos sociales, económicos, políticos y culturales de todo el mundo. En esas páginas de la historia, la sociedad no veía o no quería ver que las mujeres ya no prestaban exclusividad al trabajo del hogar, sino que por el contrario, soñaban con la emancipación y la igualdad, donde hombres y mujeres tengan la misma inspiración sobre la militancia, las luchas y las reivindicaciones sociales.

Casi siempre somos nosotras las que desempolvamos a aquellas mujeres que hicieron historia, tomamos sus legados y no nos damos por vencidas, en cada debate insistimos con sus aportes que sirvieron a la construcción social y cultural. Nos aferramos a las experiencias de ayer como ejemplos de las luchas y reivindicaciones de hoy y nos esperanzamos con que este sea el principio de un proceso que culmina en la conciencia social, y para eso debemos repasar y repensar hechos que nos marcaron y nos llevaron a tener en la actualidad una gran participación política. Por ejemplo, en Argentina las mujeres se pusieron al hombro infinitas huelgas; domésticas, modistas, lavanderas, alpargateras, tabacaleras y telefonistas entre otras, todas tenían un único objetivo: exigir el reconocimiento de sus derechos y participación política. Estas luchas y movilizaciones hicieron que las primeras académicas, sindicalistas, profesionales y políticas del país organizaran en mayo de 1910 el primer Congreso Femenino Internacional realizado en Buenos Aires, algunas de las mujeres que estuvieron en la organización de dicho Congreso Femenino fueron Cecilia Grierson, Julieta Lanteri, Elvira Rawson y Alicia Moreau, entre otras. Allí triunfaron sobre algunas propuestas, como el sufragio universal para ambos sexos; divorcio absoluto; ocho horas de trabajo para adultos y seis para niños hasta la edad de dieciséis años; treinta y cuarenta días de descanso antes y después del parto con goce completo de sueldo para proteger la maternidad y educación obligatoria y laica para niños de ambos sexos hasta la edad de catorce años, entre otras.

Pero si nos vamos un poco más atrás de la línea de tiempo, también existieron mujeres que desde el lugar que podían y como podían acompañaban a sus maridos, algunas desde sus hogares y otras salían a guerrear con ellos, estas mujeres lograron combinar amor y revolución como María Guadalupe Cuenca y Mariano Moreno; o entre Martín Miguel de Güemes y Carmencita Puch; entre Belgrano y María Josefa Ezcurra; San Martín y Remedios de Escalada; Simón Bolivar y Manuela Sanz y sin dudas, nuestra mejor embajadora, Juana Azurduy junto a Manuel Ascencio Padilla.

Con todo esto, tenemos que saber que las experiencias nos convierten en sujetos de lucha y que la participación política fue y es, sin dudas, el espacio que encontramos para transformarnos y expresar nuestra disconformidad con el patriarcado, para romper con los roles asignados “según el género”, para decir basta a la violencia machista, para ocupar el lugar que nos corresponde en el mercado laboral, para romper con el famoso techo de cristal y así la lista sigue de manera interminable. La política es la herramienta de transformación que nos permite generar conciencias, reconstruir la historia completa, con todas sus protagonistas adentro y sobre todo visibilizar a las invisibles, a las que a lo largo del tiempo han sido borradas de los libros, de los discursos y de la conciencia pero que a todas nos une la misma voluntad de resistir injusticias, dogmas, dominaciones de todo tipo, incluidas las de género.

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