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Desperté un 13 de junio y mi primer pensamiento fue: hoy se vota la Ley de Aborto en el Congreso. Estoy segura de que en ese pensamiento no estaba sola. Se que somos muchas las mujeres que despertamos con la sensación de que un 13 de junio todo podía pasar, que podía cambiar un orden establecido y que podíamos dar un gran paso en nuestra incansable lucha por legalizar el aborto.

El día avanzaba rápido. Cuando aún no estaba preparada, el debate ya había comenzado. Salí al balcón y colgué un pañuelo verde. Quería que todxs supieran que era un día histórico y que en ese lugar de Pompeya, Buenos Aires, había una militante por el aborto, seguro, legal y gratuito.

Me maquillé de verde, abrí la puerta y me fui. Llegué a las inmediaciones del Congreso, me sumé al carnaval y, entonces, ya no fui yo, sino que fui todas, todos, todes. Un colectivo verde inundaba las calles. Los rostros estaban pintados y los brillos iluminaban sonrisas llenas de esperanzas. Miles de mujeres que querían cambiarlo todo y  que sabían que tienen la potencia y la fuerza para hacerlo caminaban y se abrazaban.

Había miradas cómplices y sonrisas nerviosas pues no se sabía muy bien qué era lo que pasaba adentro de ese enorme edificio gris de cúpula verde. Batucadas, sicus, guitarras, chacarearas, zambas y trompetas acompañaban el baile y los consignas que cantaban las mujeres. En las carpas se cocinaba guiso para alimentar el frío que hacía. No quedaba otra que sentarse a esperar, descorchar una botella de vino y acompañarnos toda la larga noche que sabíamos se venía por delante.

Cada tanto se corría la voz de las informaciones que venían de adentro. En un momento se decía que estaba difícil, que no llegábamos. Recibíamos esa info en silencio y continuábamos como si nunca hubiéramos escuchado porque sabíamos que quedaba noche y que todo podía pasar.

A las horas otro mensaje: estamos bien, acá dentro hay esperanza verde. Cuando recibimos aquella info nuestros cuerpos cansados tomaron energía para seguir cantando y aplaudiendo.

Entrando la mañana miramos nuestros celulares y leímos: la tenemos, la tenemos!! Incrédulas, para no quemarla, continuamos como si nada. Tanto habíamos esperado este momento que nuestra celebración sería justo al momento de la votación.

Miles de mensajes iban y venían y la ansiedad ya no la podíamos controlar. El sol dio comienzo a un nuevo día, pero no nos dio calor. Comenzamos a buscar un mate, un café, sabíamos que falta poco. Re convocamos a todas las que fueron a sus casas, se acercaba la hora.

Vimos correr a mujeres que no se lo querían perder y faltando pocos minutos para las diez de la mañana llegó el momento. 129 votos nos hacen explotar, los pañuelos verdes se alzaron y la algarabía inundó nuestros corazones verdes.

Así lo vivimos. Después de ello las lágrimas inundaron nuestras caras y los abrazos se sintieron distintos. Un poco más libres comenzamos a buscar a esas conocidas que sabíamos estaban por algún lugar. Las mujeres comenzaron a llegar para celebrar y no nos queríamos ir. Nuestra lucha obtuvo un primer gran resultado, nuestra demanda se está convirtiendo en política pública. Nuestras vidas están un poco más a salvo.

Me gusta este mujerío valiente. Me gusta el poder que construímos. Me gusta, me gusta, me gusta que simplemente seamos, que lo llevemos a diario y que nuestra libertad no sólo la ganamos si no que la cimentamos.

Ahora que si nos ven, nos quieren. Pero ojo que la consigna continúa diciendo: abajo el patriarcado que va a caer, que va caer. ¡¡A por ello, a por ello!!

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