Por Laura Cantor – Melissa pinzón

El pasado 30 de marzo las mujeres de Colombia y el mundo estuvimos conmemorando el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar, pero en realidad; ¿qué tanto sabemos sobre esta actividad tan trivializada en nuestras cotidianidades? ¿cada cuánto nos preguntamos y reflexionamos al respecto desde nuestra práctica feminista?

Empecemos aclarando los conceptos; el trabajo doméstico alude a “las labores que se realizan al interior de un hogar para el cuidado de la vida y de la reproducción social; incluidas las tareas domésticas y de cuidados a personas y mascotas” según la Unión de Trabajadoras Afrocolombianas del Servicio Doméstico (UTRASD- Sindicato).En ese sentido, el trabajo doméstico corresponde en concreto a tareas tales como: Lavar, planchar, cocinar, limpiar, cuidar, acompañar en los procesos escolares, etc…

Así las cosas, el trabajo doméstico es un tema fundamental dentro de las conversaciones del feminismo; las tareas del hogar han tenido un significado histórico dentro del desarrollo de las sociedades y sobre todo, en la determinación del papel de la mujer en la historia. Así, por ejemplo, con la división sexual del trabajo, las labores de producción y reproducción fueron distribuidas según el sexo y el género, por lo que a la mujer se le ha condenado históricamente a su capacidad biológica reproductiva y consecuentemente a las labores de cuidado, a las que además se les ha asignado una suerte de códigos morales y biológicos que indican que dichas labores se realizan desde la lógica de la convicción y no desde la utilidad, razón por la cual, no suele identificarse como un trabajo formal con derecho a una remuneración económica justa.

No fue sino hasta con la llegada de la revolución industrial que las mujeres empezamos a ser vinculadas en el sector de producción, eso sí, bajo condiciones sumamente precarias y salarios significativamente menores con respecto a los de los obreros hombres. Sin embargo, la asignación de roles en el sector de producción no significó de ninguna manera la anulación del trabajo doméstico, ni la redistribución de las labores del hogar; lo que sucedió entonces, fue la agonía de una doble opresión: la de la fábrica y la del hogar, porque después de la jornada laboral cumplida, las mujeres continuaron llegando a sus casas a realizar las “obligaciones” tradicionalmente impuestas.

En la actualidad esto no cambia de manera sustancial, pero centrémonos en Colombia. Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), para el 2019,siendo la industria manufacturera representativa con un total de 346,3 billones en la producción de toda la industria nacional, los trabajos no remunerados representarían (si estos fuesen pagos) 332,5 billones de pesos. Es decir, los trabajos no remunerados hacen 13,8 billones de pesos menos que el sector industrial nacional. Ahora, es vital tener en cuenta quiénes desarrollan estas actividades no remuneradas, ya que según el DANE, 3 de cada 4 pesos que valdría éste trabajo es hecho por mujeres.

En Bogotá la situación no se compone. Desde la secretaría distrital de la mujer, se estima que el trabajo doméstico equivaldría a 17% del Producto Interno Bruto (PIB) de la ciudad, es decir 21,3 billones de pesos y que el 76% de las horas dedicadas a estas actividades son realizadas por mujeres. Es imprescindible resaltar que la dinámica propia del modelo neoliberal, es la que orquesta y conduce a este resultado, en el que se recarga sobre los hombros de las mujeres, responsabilidades que deberían ser asumidas en principio por el Estado; ya que son indudablemente los hogares con menos poder adquisitivo los que soportan la peor parte de esta estructura, pues es en los hogares con presencia de niños y/o ancianos enfermos, donde hay déficit en la calidad educativa de los hijos y donde tampoco hay acceso al trabajo o garantías laborales, en los que las mujeres deben hacer las veces de enfermeras, trabajadoras domésticas, profesoras, administradoras de crisis, cuidadoras, entre otras tareas; todo sin recibir un solo peso de retribución frente a ello.

Así, bajo el argumento de la entrega, el amor, y la idea de que las mujeres estamos hechas biológicamente para desarrollar estas actividades mejor que cualquier otra persona, se explota a las mujeres con sus actividades del hogar no remuneradas, reduciendo a cero la retribución de éstos trabajos.

Desde Revista Emancipa Colombia, invitamos a las mujeres en éste tiempo de cuarentena, donde el trabajo no remunerado continúa y se agudiza, a reconocer este como un trabajo más al cual se le debe atribuir un valor monetario, a proponer redistribuciones de tareas al interior de los hogares y a organizarnos en torno a estos problemas. Las puertas de Revista Emancipa están siempre abiertas.

El trabajo doméstico, “es trabajo y tiene valor. Secretaría distrital de la mujer. (2019) Bogotá.

Trabajos no remunerados valen más de $185 billones cada año.Portafolio. (2019)

 

https://www.portafolio.co/economia/trabajos-no-remunerados-valen-mas-de-185-billones-cada-ano-533078

http://www.sdmujer.gov.co/noticias/trabajo-dom%C3%A9stico-%E2%80%9C-trabajo-y-tiene-valor%E2%80%9D-0

Sindicato afro de mujeres trabajadoras domesticas

 

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