Por Heather Balbuena*

Lo primero que se nos viene a la memoria a muchxs que militamos cuando hablamos sobre la identidad es pensar en la lucha de las Madres de Plaza de Mayo, pero también de la LEY DE IDENTIDAD DE GÉNERO. Este derecho, luchado colectivamente por diferentes organizaciones que pudieron escuchar y ver un 9 de Mayo del  año 2012  como fue sancionado, establece el derecho a la identidad de género de las personas a lo largo y ancho del país.

Para una persona la identidad es parte fundamental de su vida, ya que significa, en muchos casos, el desarrollo a nivel personal. En este sentido la población LGBTIQ+ es la más vulnerada  porque cuando obtenemos un derecho como la ley nombrada anteriormente, no se respeta en los ámbitos del Estado, o no se puede avanzar en obtenerla debido a la sociedad machista patriarcal en la que vivimos en la actualidad.

Es por esto que la lucha feminista y colectiva es fundamental, ya que el apoyo hace que te vayas empoderando, y que en un momento veas que no estas solx para comenzar un camino de transformación.

En noviembre del año pasado comencé una lucha, luego de tres años hice un proceso interno con respecto a mi identidad, y tras ver un proyecto de ley (que aún hoy sigue esperando su tratamiento en el Congreso), sumado que al hablar con diferentes compas tomé el valor para pedir que los documentos no sean pensados desde la mirada binaria (mujer o varón), sino que se vea reflejada la identidad de género de cada persona, es decir cómo se autopercibe (no binarie, género fluido, queers, etc). Y esta lucha que puede parecer personal, en realidad es colectiva, ya que afecta a toda persona que tenga una identidad por fuera a la cis.

Para poder seguir avanzando en un país con más políticas públicas con una mirada que nos incluya, se necesitan más compañerxs de la población LGBTIQ+ con militancia territorial atravesada por la perspectiva de género, en los diferentes espacios del Estado en todo el territorio de nuestra patria. Además, una correcta y efectiva aplicación de la LEY MICAELA. Un ejemplo claro de lo que nos falta es la escasa difusión en los medios hegemónicos de Tehuel, un pibe trans que salió a una entrevista de trabajo y nunca más se supo nada él.

Muchxs se preguntan si algún día viviremos en una Argentina donde la realidad sea diferente a la actual, yo creo que si seguimos tejiendo redes sororas, acompañando en la desconstrucción de las personas, militando y participando en la creación de políticas públicas y haciendo coordinación desde las organizaciones con los diferentes agentes del Estado un día vamos a ver una generación que no deba pasar lo que nosotrxs y podremos mirar atrás orgullosxs de haber sido parte de la historia de un país con igualdad para todos, todas y todes.

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