Por Laura Litvinoff*

Me acuerdo algunas imágenes nítidas del primer Ni Una Menos; del día helado que caminando al compás y al calor de la muchedumbre se volvió cálido enseguida; de la tarde gris convertida en noche violeta; de la sorpresa de ser miles y miles de pibas y no tan pibas que salimos a la calle a manifestarnos porque la indignación, la rabia y la angustia nos desbordaban.

Los femicidios no paraban pero nosotres sí paramos. Nos movilizamos y nos organizamos casi intuitivamente, agitades por la necesidad de cambiarlo todo. Y con la confianza de nuestra potencia, de nuestra desobediencia, fuimos aprendiendo a hablar nuestro lenguaje, hicimos nuestras las calles, y nos unimos en un grito colectivo de justicia que pronto también recorrió el mundo.

El jueves 3 de Junio se cumplieron seis años del día en que el histórico movimiento feminista de Argentina volvió multiplicado y se hizo marea comunitaria, afectiva y colectiva. Y aunque aún nos quede mucho camino por andar, muchas cosas por cambiar y no podamos movilizarnos como siempre para vernos en las calles, sabemos bien que a nosotres no hay pandemia ni desastre mundial que nos detenga, porque si hay algo que supimos lograr en estos años de lucha continua, fue la construcción y la consolidación de nuestras redes feministas; esos lazos que nos amparan y nos cobijan frente a todo un sistema patriarcal (judicial, político, económico y policial) que no para de oprimirnos.

En estos seis años de aprendizajes constantes son muchas las certezas ganadas, pero sin duda la más importante es la de saber que nos tenemos.

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*Laura es periodista y cineasta de Argentina. Instagram es @ll.escritura

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