Por Tamara Homel*

Conocí a Lucía Hiriart de Pinochet. No fui muy cercana. Pero, me tocaba verla, cuando anunciaban cadena nacional, eso ya era suficiente para soportar la alcurnia criolla que mostraba y los aires pomposos de una dictadora.

 Y ahí estaba la señora con sus sombreros estilo post guerra del 45 y sus abrigos peludos, toda rebosante ella. Algunas seguían su estilo, pero no les alcanzaba más que para abrigos de conejos o liebres, lucían como viejas vikingas menos estilizadas, llenas de polvos en la cara para lucir más blancas.

Su vestir y esa falsa elegancia a pesar de que procedía de una familia descendiente de franceses nacidos en Chile o sea migrantes de cierta alcurnia.

Otras veces me tocaba verla por la calle San Pablo o por la Alameda cuando avanzaba presurosa al CEMA CHILE con su escolta de matones, criminales de la DINA después de la CNI. Mientras con mis amigos los veíamos pasar era el momento oportuno para soñar en la libertad del pueblo.

Ella, el típico estereotipo impuesto a las señoras de la década de los 80, donde se enquistó aún más el machismo patriarcal y como figura nacional y dictatorial, potenció un tipo de mujer proveniente de la visión católica.

Pulcra, casta y dadivosa con los más «pobres».

Mujeres de la clase alta que se codeaban por las tardes en juego de canastas, muy gringas ellas y los fines de semana hacían subastas ya les llamaban ventas de garajes para hacer donaciones a los más pobres.

La visión de la mujer en la dictadura jugó un rol ultraconservadora: pechoña y preocupada del matrimonio y la familia, centrada en la dependencia del hombre y del Estado, sin independencia ni autonomía y Lucía fue el ejemplo de ello.

¿Pero quién era Lucia Hiriart de Pinochet?

Ella fue la encargada de promover un tipo de mujer desde su injerencia como primera dama del dictador.

No solo la copia feliz de lo que podría ser un estilo y moda de una cultura emergente de la familia militar, a ser y gozar de la importancia nacional con todos los medios del Estado y de las comunicaciones a su servicio.

No es casualidad que lo que más alertó a la burguesía chilena en el período de Allende fue la explosiva capacidad que mostraron las mujeres de la UP.

Las mujeres trabajadoras pudieron estudiar y comenzar carreras universitarias que antes solo eran el privilegio de la clase alta.

El poder adquisitivo logrado por la mujer en la UP generó en la sociedad la aceptación y el respeto de la autonomía de la mujer. Aunque no tenía su correlato directo en las familias trabajadoras de por la imposición casi mesiánico del machismo.

La incorporación de la mujer al trabajo rompe rápidamente con la antigua y clásica dependencia del hombre.

Sin ir mas lejos muchas trabajadoras se convierten en Dirigentas Sindicales y Encargadas de áreas en las empresas estratégicas de estado y en las fábricas de privados.

La mujer es capacitada por los órganos de dirección del Estado, así surge las ramas de trabajadoras y la mujer se incorpora a las decisiones de gobierno, se crean programas de alfabetización para las mujeres trabajadoras, las empleadas domésticas al final de su jornada diaria asistían a las escuelas nocturnas a recuperar sus estudios otras a leer y a escribir por primera vez. Fue un cambio definitivo.

Entonces, cuando se habla de cuales serían los errores que provocaron la contra revolución tan acelerada y sangrienta es reconocido que existirían errores pero que principalmente son los logros alcanzados por la Unidad Popular aceleraron la reacción de la burguesía.

Por eso, la acción del golpe militar avanza en consolidar una mujer adscrita a la cultura y a las leyes consagradas por la iglesia y la burguesía es generada por las miradas hacia las otras dictaduras del continente y en su afán de relacionarse y de la admiración que tenía con el franquismo. Así se instala más libremente la cultura del Opus Dei, teniendo como elemento ideológico la concepción de cómo debía ser una mujer.

 Algunas de las primeras medidas de los primeros días de la dictadura fueron:

  • Se prohíbe el transito a toda mujer vestida con minifalda o pantalones.
  • Las escolares usarían sus uniformes obligatoriamente un Jumper cuyo largo era cuatro dedos bajo la rodilla.
  • A las mujeres escolares se les prohíbe usar el pelo suelto y los hombres debían usar corte militar
  • Se decretó que las profesoras no podrían usar pantalones.
  • Se prohíbe la Educación Sexual y Cívica en las escuelas y se aumenta en cuatro horas religión.
  • Se prohibieron las revistas progresistas de mujeres y todo tipo de literatura que hablara de la emancipación de la mujer.
  • Se prohibió toda entrega de anticonceptivos y se terminó por decreto en los consultorios los programas de anticoncepción
  • Se prohibió toda participación libre en la JJVV solo los designados y designadas por la dictadura.

Durante la dictadura militar se levanta un  control social en las acciones de las niñas, jóvenes y mujeres, sobre lo que tenía que decir y hacer una mujer, levantando símbolos como las Misses de Chile que eran los ejemplos de virtud e insensatez, lo importante era lucir y no pensar.

Entonces la exacerbación del mandato patriarcal y machista se fue anquilosando mucho más por la rigidez de la dictadura donde la cultura militar fue impuesta.

Teniendo claro que el desarrollo feminista estuvo presente en el periodo de la dictadura y este vino a aparecer en la década de los 80, era menos visible o de menos injerencia en la población. Sin embargo, con la destacada participación de la mujer en los «Comprando juntas» y al alero de la Iglesia aparecieron organizaciones de clase como los comités de DDHH donde la presencia de la mujer crecía notablemente. Las mujeres se hicieron presentes en las calles y se desarrollaron los primeros mítines organizados por mujeres para exigir verdad y justicia.

Los 8 de Marzo fueron cobrando en Chile una importancia tal que dio inicio a grandes organizaciones de mujeres y feministas.

Asumir que los cambios culturales en contra el machismo son lentos, debe considerar que la dictadura fue un coadyuvante de la perpetuidad del machismo y fue un freno de la causa feminista.

Por supuesto, Lucía Hiriart encarnó muy bien el prototipo cultural de la dictadura y jugó con las emociones, el triunfalismo y exitismo de la mujer al lado del dictador.

La sociedad chilena se oscureció y lo que llamábamos oscurantismo cultural tenía su principal protagonismo en Lucia Hiriart de Pinochet.

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