*Por Mónica Bareiro

monibareiro@gmail.com

La yerba mate es testigo y parte de las charlas más amenas, de los secretos más íntimos, a veces fría, otras bien caliente, a veces a solas y otras en compañía, pero siempre presente. ¿Te preguntaste alguna vez de dónde viene y el proceso que pasa antes de llegar a tu guampa?

2.f. Hoja de la yerba mate, seca y molida, con la que se prepara el mate. Rae

“Ilex paraguariensis, yerba mate, yerba de los jesuitas o yerba del Paraguay, es una especie arbórea neotropical originaria de América del Sur”. Wikipedia

Como la mayoría de las personas que nacemos y crecemos en Paraguay, no recuerdo cuál fue mi primer contacto con la yerba mate. No sé si fue desayunando algún cocido o tal vez alguna persona mayor en mi casa me invitó su tereré. Solo sé que siempre estuvo ahí y nunca me pregunté de dónde venía. Pasa con muchas cosas, con casi todo, pero para mí eso cambió hace unas semanas con La Civilización de la Yerba.

Se trata de una serie de podcast que visitó en el campo a productores y productoras de varios puntos del país, a historiadores, aficionados y a las más expertas vendedoras de poha ro’ysa (remedios yuyos) del Mercado 4 de Asunción. En todos los capítulos y en todos los ámbitos, aparecían ellas: las mujeres de la yerba mate, las mujeres de la resistencia.

Marlene Villalba, Alicia Amarilla y Norma Ávila, entrevistadas en la serie.

Una de ellas es Celia Motta, tiene 25 años y una hija de 4, por teléfono me cuenta que tampoco recuerda cuando probó la yerba, pero en su caso porque creció entre los yerbales de su padre en Edelira, un municipio de Itapúa ubicado a 384 km de Asunción.

“Desde que tengo memoria, conozco la yerba mate. Es el rubro principal de las familias campesinas en esta zona. Nos acompaña siempre en las alegrías y las tristezas. Es parte de nuestro día a día”, señala con una de esas sonrisas que no se ven, solo se escuchan tímidamente pero se sienten muy profundas.

Desde los 18 años, Celia integra el Comité de Mujeres Oñondive (juntas), impulsado por la Organización de Mujeres Campesinas e Indígenas (Conamuri). Oñondive es una de las tres organizaciones que dieron pie a la Asociación Oñoirũ (compañeros), la productora de yerba orgánica y artesanal más exitosa en la actualidad.

En la asociación trabajan de manera directa unas diez mujeres, pero, según Celia, la yerba mate da sustento de manera indirecta a muchas más porque “las mujeres siempre están presentes durante la siembra, la cosecha, encargadas del cuidado de sus compañeros durante todo el proceso. El rol de la mujer es fundamental”.

Celia Motta, en su yerbal.

Sobre la producción, Celia, que mediante Conamuri pudo formarse como agroecóloga en Brasil, comenta que es un proceso largo y que para ver los primeros resultados hay que esperar como mínimo tres años. En esa etapa, la primera ganancia es de alrededor de G. 700.000 u G. 800.000 por cada hectárea.

Con los años, dependiendo del suelo y del tipo de manejo de corte, se puede llegar a producir 18.000 kilos de yerba por hectárea, que Oñoirũ paga entre G. 2500 y G. 3000 el kilo. Es decir, que con solo una hectárea con óptimo rendimiento se podrían obtener más de G. 50 millones en una cosecha. Ahí llega otra tarea fundamental, que casi siempre recae en las mujeres: administrar ese dinero para el sustento familiar.

De esto también habla Alicia Amarilla, coordinadora nacional de Conamuri, y resalta que “tenemos que visibilizar el trabajo de las mujeres porque ahí está el trabajo más quisquilloso, en mirar, en observar. Porque la agroecología no es una receta, es experimentar, ir plantando y adaptando de acuerdo al territorio, ir diversificando y plantando en la chacra y quien generalmente se encarga de eso es la mujer. Por eso es importante visibilizar el trabajo de las mujeres”.

Producción respetuosa

Saturnina Almada y Celia Motta, en Edelira.

Saturnina Almada tiene 61 años, es madre, abuela y por casi tres décadas trabajó como enfermera en Edelira. “Pero siempre me gustó la chacra, tengo mi huerta, jardín, animales y con mi familia, amamos el campo, amamos la yerba mate”, dice en unos audios de Whatsapp. Ahora que se jubiló, “Ña Nina”, como le conocen todos, puede dedicar más tiempo a sus cultivos desde la asociación que integra, Oñoirũ.

“Mi papá tenía cultivos de yerba mate en nuestra chacra familiar y siempre nos gustó. Ahora nosotros tenemos también en nuestra parcela y es muy lindo, porque es una planta que nos da mucha alegría. Verle a la hoja cuando está verde parece que te da muchas ganas, no sé qué es lo que te da la yerba”, dice.

Según me cuenta Ña Nina, su cultivo de yerba mate no es muy grande y tiene también otros rubros, que aclara con determinación: son orgánicos. “Somos defensoras de los productos orgánicos, nosotros no usamos productos químicos, todo lo que plantamos crece de forma natural, dice.

A pesar del largo proceso de crecimiento de los plantines de yerba mate, Ña Nina afirma que es un rubro muy conveniente y que el precio que se paga por el producto con certificación es más conveniente aún. Pero resalta un punto no menor: el periodo de cosecha es justo uno en el cual no hay cosechas de otros rubros en la zona así que la yerba se convierte más que nunca en el motor económico de estas familias.

Una planta, varias aristas

Silvia Villalba, promotora cultural del Centro Cultural de España Juan de Salazar, que junto a Nomad Radio produjo la serie de podcast, explica que justamente una de las prioridades en el proceso fue visibilizar el rol de las mujeres en el proceso de producción de yerba mate. Esto se vio también en la producción del programa, con una alta participación femenina en guiones, entrevistas y voz en off.

Para Silvia, integrar el equipo que hizo la serie de podcast fue un gran aprendizaje y le permitió conocer experiencias como las de Norma Ávila, productora de la yerba mate SEA quien en el segundo capítulo explica el proceso de recuperación de un cultivo ancestral que ya no se realizaba en su comunidad.

“Con el trabajo de esta mujer se está empezando nuevamente a producir, vender y así colaborar con la sostenibilidad de las familias, de los hijos, algo fundamental para el arraigo de estas personas en sus comunidades”, dice.

La serie, que se puede escuchar a través de iVoox o Spotify, explora varias aristas sobre la yerba mate, como la historia, el valor cultural, su potencial económico, el proceso de producción y su valor a futuro tanto a nivel ambiental como económico. Entre los protagonistas se encuentran los investigadores e historiadores Mito Sequera, Christine Folch y Herib Caballero Campos, las activistas de la coordinadora de mujeres indígenas y campesinas Conamuri, lideresas indígenas como Bernarda Pessoa (pueblo Qom), Diego Gonçalves (pueblo Avá Guaraní), los campesinos de la cooperativa agroecológica Oñoirú, Norma Ávila como representante de la Yerba SEA, además de un nutrido grupo de comunicadores que llevan investigando durante un año para la realización de la serie.

Silvia comenta que decidieron recurrir al formato podcast porque el costo de producción es mucho más bajo en comparación a un material audiovisual, pero fundamentalmente porque la distribución es sencilla, ágil y práctica.

La realización se pudo llevar a cabo mediante la colaboración de organizaciones como Conamuri, Oñoirú y el Centro Cultural de España Juan de Salazar. Además, cuenta con la música original de artistas paraguayos que se sumaron al proyecto como Juanjo Corbalán, Santi & Tugçe, Tekoveté y Pynandi.

Último capítulo en la plaza

El último capítulo de la serie de podcast se presenta en vivo este sábado 16 de julio en la Plaza Italia, Asunción. El tema es “Los nuevos acentos de la yerba” y gira en torno la historia internacional de la yerba, antes y hoy, el uso de la “ilex” en otras latitudes y las oportunidades de futuro de este producto tan cotidiano.

El conversatorio se hará a partir de las 12 del mediodía, en el marco de la Feria Agroecológica. Para esta edición se cuenta con la participación de la investigadora estadounidense Christine Folch, el productor Ramón Benítez y la comunicadora Marlene Villalba.

Pensar en el origen, la historia y la importancia social de algo tan cotidiano como la yerba, al menos para mí, fue un ejercicio intenso. Implica ver con otros ojos a todo lo que pueda relacionarse a ello, implica disfrutar con más intensidad, y quizá un poco de ceremonia, este tereré que me acompañó durante la escritura de este artículo. No puedo negarlo, hoy me siento un poco más orgullosa de mi cultura gracias a ellas, las mujeres de la yerba.

Fotografías: Gentileza/William Costa/Celia Motta

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