*Por Emilia Yugovich

Hace ya varios días que, a propósito del Censo Nacional de Población y Viviendas 2022, hicieron su aparición las cadenas de mensajes de texto y audios que advierten sobre cómo  esta herramienta está puesta al servicio de la “ideología de género”. Forma ya parte de nuestro ambiente convivir con esta clase de informaciones, y lo que es peor aún vivir el efecto que causan en la realidad.

El pasado 20 de octubre, en Asunción se congregaban grupos de personas que acudieron de distintos puntos del país, para exigir al gobierno la no implementación del temido Plan Nacional de Transformación Educativa impulsado por el Ministerio de Educación. La razón: a través de este plan se impondría en las escuelas la famosa “ideología de género”. La fuente: en su mayoría, largos minutos de audios que circulaban por plataformas de mensajerías y discursos de algún que otro pastor.

El enemigo es siempre el mismo, aunque no se logre explicar muy bien cómo, el peligro es volverse gay o trans. Es el mismo enemigo detrás de todos los temas de interés colectivo, por citar tres ejemplos, el Censo ahora, el Plan Nacional de Transformación Educativa y la firma Tratado de Escazú, hace un tiempo. No necesitan exponer ninguna relación causal entre estos instrumentos y su efecto homosexualizador, porque el une con flechas que interesa resaltar es el que conecta todos los temas con el mismo enemigo, a quien se debe hacer frente abroquelados en defensa de las familias de cartulina.

Esta es la cara con la que se nos presenta una fuerza política cada vez más masificada por la efectividad de sus campañas de odio que infunden miedo y su desplegada presencia territorial. Es la posición que ocupan en el debate público ante todo lo que implique posibilidad de avances en materia de derechos. Pero la posición, no es lo mismo que el interés, este está protegido por la posición que se manifiesta de manera pública. Entonces tenemos que preguntarnos ¿qué protege el estandarte celeste y rosa con los que se embanderan estos grupos?

Negar mecanismos de acceso a la información y participación en la toma de decisión sobre proyectos que impacten en el medioambiente, no puede racionalmente vincularse a la defensa en contra del aborto y la ideología de género; lo que en realidad se protege es el avance sin control ni tregua de la explotación de los recursos naturales que nos quedan. Oponerse a que las niñas y niños reciban una formación escolar con enfoque de derechos solo puede fortalecer los prejuicios, discriminaciones y abusos que se sufren en el ambiente familiar y escolar. Oponerse al censo, es para mantener cerradas las puertas de los hogares escondiendo lo que hay detrás de ellas: la histórica y verdadera familia tradicional paraguaya, la del padre ausente, la de madres solteras, la de abuelas, tías o hermanas mayores que se encargan de la crianza de hijos e hijas de la familia; no la familia de cartulina que quieren ver representadas en las tareas escolares.

Existen además, ciertas iglesias que predican – si está bien dicho – el esperado y merecido éxito material en la tierra, prometido a los elegidos por Dios. Mientras de mejor salud goce la economía de una persona es porque Dios así lo quiso. Este relato, en un contexto de crisis económica general, ayuda a fortalecer el imaginario de que no es el Estado el que tiene que intervenir para mejorar las condiciones económicas de la población, es Dios, y mientras menos Estado (y menos derechos) más Dios, o mercado que da igual. En la región tienen una agenda similar, con la misma estrategia de despliegue del odio para infundir miedo y con relatos siempre funcionales a los proyectos neoliberales.

Saliendo de dos años de pandemia, definitivamente ya estamos en un momento de quiebre sin retroceso con los discursos que sostienen el actual modelo de producción, por ejemplo, tenemos frío en noviembre. Estamos ya hace tiempo en crisis con la idea de los roles de género, porque gracias a las luchas libradas en distintos momentos y contextos, alcanzamos como humanidad, altos niveles de desarrollo y empoderamiento de nuestras diversidades, es impensable no plantearse el transitar hacia la conquista de más derechos. Un movimiento contrario únicamente podría imponerse por la fuerza y eso ya no lo podemos permitir.

El espiral de violencia crece ascendentemente. Sabemos que el amor vence al odio, pero esa batalla requiere de cada uno de nuestros esfuerzos para la construcción de un proyecto político con la capacidad de defender lo conquistado y de disputar el futuro. No queda otra, es por nuestras vidas y por las que vendrán.

* Emilia es abogada, feminista activista por los derechos humanos. Forma parte de Kuña Sorora y Emancipa Paraguay

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