*Por Emilia Yugovich
Los diccionarios disponibles en internet, reúnen en sus definiciones de la palabra mafia los siguientes elementos: personas, organización, territorio, intereses, ilegalidad. Entonces podemos más o menos consensuar que, cuando decimos mafia, decimos: personas organizadas en torno a intereses vinculados a actividades que se desarrollan en conflicto con la legalidad.
La mafia está en nuestro imaginario social y reconocemos su peor cara, el sicariato; pero también reconocemos otras, las que financian propuestas políticas o las que aparecen como inversiones poco justificables en pequeños y grandes negocios, pero todavía debemos entenderla mejor, conocer los alcances de su participación en los procesos económicos y políticos de nuestro país, entender su dimensión económica para entender su presencia en el tejido social; ¿cuánto porcentaje del PIB corresponde a las actividades ilegales?; ¿a cuánta gente emplea?; ¿a quiénes emplea?; ¿en qué condiciones?; ¿qué protegen estos grupos organizados?.

Las actividades económicas vinculadas a la mafia por antonomasia son, el contrabando, el narcotráfico, la trata de personas, el lavado de dinero y algunas otras más, todas ellas claramente ilegales y vinculadas de alguna manera. Se realizan 24/7 dentro de un esquema de producción que también está globalizado y que abarca distintos territorios, niveles de gestión y etapas de producción hasta llegar a convertirse en flujo financiero limpio.
En el territorio paraguayo, no es una novedad la existencia de cultivos y de laboratorios para la producción de sustancias ilegales, tampoco que las rutas de contrabando, hace décadas, cruzan por estas latitudes y entre otras cosas, la existencia también de redes de distribución interna. Sobre esto último, un dato no menor declarado por la titular del Ministerio de Justicia en el año 2019 revelaba que, más del cincuenta por ciento de la población penitenciaria de mujeres estaban siendo procesadas o fueron condenadas por microtráfico, muchas de ellas “jefas de familias” que se dedicaban a la actividad, y algunas otras, como daño colateral por la actividad de sus hijos o maridos. Informes de organismos internacionales dan cuenta de que esto no sólo sucede en nuestro país, sino que se trata de un fenómeno regional.

La debilidad de la economía formal, y la imposibilidad de ofrecer salidas laborales dignas a sectores especialmente vulnerables, son las razones por las que en la región ésta sea una actividad de economía familiar, la venta al menudeo, el nexo con el consumidor final.

Algo similar ocurre con esas grandes cantidades de cannabis producidas por Paraguay en 8.000 hectáreas, cada centímetro cultivado por campesinos y campesinas que no tienen muchas opciones a las que dedicarse, ni tampoco existe un estado que les pueda brindar ni proteger nada. En estos niveles no hay gente enriquecida, hay muchos casos de familias, mujeres, hombres y juventudes empobrecidas que no tienen otra salida económica.
Pero hay quienes sí acumulan mucha riqueza, y se erigen en un poderío económico que premia las lealtades de los operadores en altos niveles de gestión (legales e ilegales) y se consolida, así como uno de los poderes fácticos y políticos más sólidos. Se mueven entre la legalidad y la ilegalidad, quiebran el estado de derecho cada vez que necesitan hacerlo. Ejemplos hay muchos, como cuando se impide una investigación fiscal, se fuerzan resoluciones judiciales, se interviene en la designación de magistrados “amigos” o se promueve la destitución de los que no lo son. En estos niveles el trabajo sí se paga muy caro.
Como breves notas finales nos quedan algunas nociones:
- Un estado ausente sin seguridad, sin mejores condiciones de trabajo y sin servicios, es el campo fértil que las mafias necesitan para arraigarse en la sociedad.
- La violencia es el lenguaje de todo este esquema y se ejerce hasta en su forma más espectacularizada, sin importar el costo en vidas.
- El camino hacia la conquista y disfrute de derechos es un camino que viene a contramano de todo esto, que le hace frente al proyecto mafia, que va minando su señorío y abriendo grietas en sus esquemas, y además es el mejor camino, acá queremos a la humanidad.