Lo personal es político desde el pensamiento de las mujeres paraguayas
*Por Jazmín Duarte Aunque creado en los 70, el concepto de “lo personal es político”[1] nos sigue dando hasta hoy herramientas valiosísimas para comprender nuestra realidad actual, como así también el pasado. Comprender lo político y la acción política más allá de las esferas consideradas tradicionalmente públicas o ligadas al poder – el Estado y los partidos – es uno de los grandes aprendizajes que nos trae el feminismo y que tenemos que recordar continuamente cuando queremos pensar en “lo político” y en nuestro rol como personas que buscamos cambiar la sociedad, todos los días. La idea principal, y muy revolucionaria, que plantea este slogan es que lo cotidiano y lo propio de la vida personal está estrechamente vinculada con la forma en que nos organizamos y las decisiones que se toman para la comunidad como un todo. “Las cosas más cotidianas –la forma de comer, de alimentarse, las relaciones entre un obrero y su patrón, la forma de amar, el modo en el que se reprime la sexualidad, las coacciones familiares, la prohibición del aborto– son políticas”[2]. Son políticas en tanto y cuanto lo cotidiano e individual da forma y es reflejo de lo social a gran escala. Específicamente en este breve recuento planteo que revisemos y pensemos desde algunas de las ideas de mujeres paraguayas que fueron pioneras en su tiempo en exigir iguales derechos que los hombres. Mientras que la mayoría de las protagonistas a las que me referiré no llegaron a conocer este slogan ni participar del movimiento al que pertenece (el movimiento feminista de los años 60-70), las acciones y las reivindicaciones que realizaron implican interpelar a la sociedad de su tiempo – y el nuestro – acerca de la conexión directa entre lo personal y lo político. Esto expresó Serafina Dávalos, primera abogada paraguaya, en su discurso de clausura al Primer Congreso Femenino Internacional de la República Argentina, un día como hoy, pero en mayo de 1910: “…dada la dirección errónea que se da en el hogar a la educación de los niños de ambos sexos, separando completamente los varones de las mujeres, la escuela es la llamada a corregir este mal, encaminando hacia el verdadero cauce el sistema educacional; es en ese caso que los adolescentes de ambos sexos, después de haber pasado por las mismas aulas en la enseñanza primaria, continúan juntos en las escuelas de enseñanza secundaria y en las profesionales y tienen oportunidad de ‘descubrir’ que tanto los varones como las mujeres poseen aptitudes iguales y son capaces de la misma perfectibilidad, y entonces ocurrirá, que más tarde, en plena lucha por la existencia, los hombres formados al lado de las niñas, no se extrañarán de encontrarse con ellas en los empleos públicos, en el comercio, en las industrias”. Aunque podemos considerar a la educación como algo público no se considera normalmente como algo sumamente político. La educación no es neutra y si no educa conscientemente para la inclusión y la igualdad desde una perspectiva de género se está repitiendo los mismos modelos excluyentes que tiene la sociedad a la que pertenece. Serafina en su época ya nos señalaba algo que hoy tal vez nos parece básico: si las mujeres no están incluidas a la par que los hombres y compartiendo los mismos espacios ya desde el sector educativo, difícilmente lo hagan en espacios económicos o políticos después. Hoy la educación mixta es una realidad en la mayoría de los colegios de nuestro país, pero entonces ¿qué factores hacen que aún persistan prácticas o espacios sociales donde las mujeres no están incluidas? O viceversa (la ausencia de los hombres en las tareas de cuidado y del hogar) ¿En qué se fundamenta, hoy, la división por sexo que hacemos de nuestros diferentes espacios de convivencia y trabajo? Desde lo económico, una dirigente sindical de 1918, Eulalia Soto nos explicaba desde su experiencia que responsabilidades implicaban ser mujer y tener que trabajar para mantener su hogar: “Vera usted; la mayoría de nosotras venimos a la ciudad, a primeras horas de la madrugada, desde muy lejos, en todo tiempo haga frío o llueva; nos acompañan nuestros pequeños, a los que no podemos dejar en casa, venimos en ayunas, a lo más con unos mates en el estómago, y después de tantas privaciones para ganarnos unos pocos pesos, poquísimos, nos encontramos que cuando tenemos hambre no podemos comer y lo que es peor, que no podemos alimentar a nuestras familias, que como no entienden estas miserias de que somos víctimas, nos piden, lo que no podemos darles…porque no tenemos recursos para comidas […] lo más grave es, señor periodista, que esta ley no es para todas […] pues hay las favorecidas del administrador que, porque le ceban el mate, le andan adulando o son apadrinadas por algún gordo, pueden hacer fuego…y otras cosas y cocinar cuando les venga en gana” (Eulalia Rosa Soto, Secretaria General de la Asociación de Vendedoras del Comestibles, La Tribuna, 1918). El contexto de la frase es una huelga de mujeres vendedoras de diversos artículos de primera necesidad del mercado que se vieron afectadas por una prohibición municipal a cocinar dentro del mercado. Con su discurso Eulalia nos habla de una experiencia sumamente personal, pero que hasta hoy resuena en la realidad de tantas mujeres que trabajan en el mercado o en otros sectores comerciales del país. En su época la prohibición municipal no solo implicó un golpe a las familias que dependían de las vendedoras en huelga, sino los obreros y personas aledañas al mercado que se servían de la misma cocina. Su discurso nos señala cuán íntimamente está conectado el trabajo femenino y sus condiciones dignas con el funcionamiento de todo un sistema económico y social, y las decisiones de cómo esto se administre, se proteja, se democratice, son políticas – por si se preguntaban Eulalia y sus compañeras salieron victoriosas –. Desde el periódico oficial de la Unión Femenina del Paraguay, una organización conformada por mujeres feministas y pacifistas a mediados de los 30’, nos expresaban … Sigue leyendo Lo personal es político desde el pensamiento de las mujeres paraguayas
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