LEER ES RESISTIR: Mujeres latinoamericanas para contrarrestar el autoritarismo

*Por: Laura Tabares   Como señaló Hitler en Mein Kampf, las grandes mentiras suelen resultar más creíbles que las pequeñas porque a muchas personas les resulta difícil imaginar que alguien pueda distorsionar la verdad a una escala tan descomunal. Actualmente, la realidad ya no está moldeada únicamente por los discursos o los medios masivos, sino también por los algoritmos. En ese sentido, las redes sociales se han convertido en una gran cámara de eco para la desinformación, la polarización y los discursos que apelan al miedo y a la diferencia como amenaza. Este es el escenario en  donde las ideas autoritarias encuentran espacio para expandirse por dos razones: en primer lugar, la simplificación de la realidad en dicotomías rígidas como buenos y malos, blanco y negro, héroes y traidores a la patria. Y en segundo lugar, a esto se suman narrativas la reaparición de narrativas que históricamente han servido para justificar la desigualdad, la persecución y la represión pero en una versión más light para todos los públicos. Es así que hablamos de temas como  la batalla cultural contra lo woke, promesas populistas de echar motosierra a lo que valga y promesas de milagros endulzados con reflectores, showmans con vibras de therian enclosetado y mucha (pero mucha) inteligencia artificial para darle sabor a la cosa.    Por ende, este cambio de brújula política era de esperarse. Y se le puede echar la culpa a múltiples causas, pero yo quiero arrojar luz a una sola: la crisis de lectura. De acuerdo al último informe de lectura presentado por  la Cámara del Libro, se muestra que el  72% de los adultos en Colombia declara tener hábito de lectura y el promedio nacional es de 3,75 libros al año; sin embargo, la mayoría consume entre 1 y 5 libros anuales, lo que indica limitaciones en la frecuencia. A ello se suma que diversas investigaciones han señalado que la enseñanza de la lectura y la escritura suele orientarse hacia la comprensión literal y la memorización de contenidos en lugar de promover habilidades de interpretación, argumentación y evaluación crítica de los textos. Y es así que el ciudadano se convierte en una oveja más del rebaño que aplaude que la asfixie la bota del opresor; todo en nombre de la patria.   En este contexto de incertidumbre, noticias falsas y narrativas simplonas, es necesario volver a las raíces: a los espacios comunitarios, a los afectos y a las formas colectivas de cuidado, pero también a la pedagogía. En ese sentido, la educación crítica no solo implica fomentar la lectura, sino transformar la manera en que se lee. Dotar a las personas de herramientas para agudizar el debate, cuestionar el estatus quo y sobre todo, conocer su historia. Incluso el mismísimo Mario Mendoza lo menciona en su libro: leer es resistir. Por eso, en tiempos de discursos autoritarios, les traigo este kit de 6 libros escritos por mujeres para leernos y pensarnos Latinoamérica desde nuestras gafas moradas.   Cometierra (Argentina)  — Dolores Reyes Empezaba a ver que los que buscan a una persona tienen algo, una marca cerca de los ojos, de la boca, la mezcla de dolor, de bronca, de fuerza, de espera, hecha cuerpo. Algo roto, en donde vive el que no vuelve.   Esta frase acuña la esencia de esta novela de Dolores Reyes. La historia sigue a una joven huérfana conocida como Cometierra, una muchacha capaz de ver el destino de personas desaparecidas al ingerir tierra de los lugares donde fueron vistas por última vez. A través de los cuerpos ausentes, las desapariciones y los feminicidios, Reyes construye una narración donde la búsqueda de la verdad se enfrenta constantemente a la indiferencia, el silencio y la impunidad. Mientras la protagonista ayuda a otras familias a encontrar respuestas, también reconstruye su propia historia y descubre la violencia que marcó la muerte de su madre. La novela se caracteriza por un lenguaje crudo y escenas explícitas de violencia, lo que ha generado controversias. En Argentina, sectores conservadores cercanos al gobierno de Milei cuestionaron su presencia en bibliotecas escolares por considerar que contenía contenidos inapropiados para menores y que promovía la “degradación e inmoralidad”.   Léalo en caso de: que quieran meterle el cuento negacionista de que “los falsos positivos” no existen.   2. Hot Sur (Colombia) — Laura Restrepo   Seamos honestos: colombiano que se respete leyó Delirio en el bachillerato. Pero si aquella novela explora cómo el narcotráfico y las fracturas sociales se filtraron en la vida cotidiana de toda una generación, Hot Sur se adentra en otro de los grandes espejismos contemporáneos: el sueño americano.   La historia sigue a María Paz, una migrante latina que, como tantas otras personas, llega a Estados Unidos persiguiendo la promesa de una vida mejor. Sin embargo, ese sueño pronto se convierte en pesadilla cuando es acusada del asesinato de su esposo, un policía blanco, y condenada a prisión. La novela da un giro vertiginoso cuando María Paz descubre que el verdadero horror no se encuentra tras las rejas, sino esperándola fuera de ellas. A partir de esta premisa, Laura Restrepo construye una crítica feroz a la idea de prosperidad y al white picket fence dream que durante décadas se nos ha vendido: la promesa de que al otro lado de la frontera existen más oportunidades, mayor bienestar y una vida mejor. A través de una trama que entrelaza migración, racismo y violencia de género, Hot Sur desmonta el mito de que basta con cambiar de país para escapar de las injusticias, los prejuicios y las violencias que marcan una vida.   Léalo en caso de: que quieran convencerle de que los migrantes son responsables de todas las crisis sociales y de que papi Estados Unidos viene a salvarnos de nosotros mismos.   3. El canto de las moscas (Colombia)— María Mercedes Carranza   La poesía colombiana nos ha legado voces extraordinarias que han sabido transformar en versos sentimientos complejos como la rabia, el duelo, la impotencia y la esperanza. En 1997, la poeta colombianaSeguir leyendo “LEER ES RESISTIR: Mujeres latinoamericanas para contrarrestar el autoritarismo”

El perreo como insurrección: cuerpos migrantes y deseo político

*Por Juliana Quintana Pavlicich El estadio era una festival de luces, drones y dólares. Un ritual coreografiado del capitalismo deportivo estadounidense. Y, sin embargo, en el centro exacto de esa maquinaria apareció un cuerpo latino cantando en español sin subtítulos. Bad Bunny no pidió traducción ni pidió permiso.  Hay algo profundamente político en no traducirse. No sé a ustedes, pero a mí ver gente bailando en postes de luz, escuchar el “Lelolai” de Ricky Martin entre la maleza y corear “que se vayan ellos” desde la sala de mi casa en Paraguay fue como gritar un gol. Me quedó clarísimo que en un país que en los últimos años endureció sus políticas migratorias y donde el español es utilizado en discursos oficiales como sinónimo de amenaza, escuchar “quieren el barrio mío y que abuelita se vaya” fue, mínimo, emocionante.  Según datos de 2025 del Pew Research Center, una mayoría amplia de latinos en Estados Unidos desaprueba la gestión de Donald Trump, especialmente en materia de inmigración y economía, y percibe que sus políticas perjudican directamente a sus comunidades. Ese es el clima emocional de millones de personas que sienten el peso de redadas, discursos hostiles y precarización, mientras ven cómo su cultura sostiene buena parte de la industria cultural del país. Sabemos que el Super Bowl no es un escenario neutral, es el altar donde se celebra la masculinidad corporativa, la épica bélica de (ese) deporte, la publicidad más cara del mundo. Que allí irrumpa el Caribe con su cadencia, su erotismo, su memoria colonial es un gesto que desacomoda.  Y si incomoda, es mi revolución. Bad Bunny no es un ícono sin fondo. Hizo del género urbano un territorio donde las masculinidades se desarman y se reconfiguran. En el corazón de un espectáculo que históricamente glorificó la testosterona y el nacionalismo, su presencia desestabiliza el guión. No es solo un hombre latino triunfando, es un hombre latino que rehúsa encarnar el molde tradicional de virilidad. Desde una mirada feminista, el gesto importa. Importa que un artista global haya insistido durante años en denunciar los feminicidios en Puerto Rico. Importa que haya cantado contra la violencia machista, que haya puesto en el centro los cuerpos y las vidas que el sistema considera descartables. Importa la narración de la experiencia de un territorio que exporta cuerpos porque le vacían la economía. Importa que en un espacio saturado de publicidad y consumo aparezca alguien que recuerda que el goce también puede ser resistencia. ¿Bad Bunny es feminista? Ni idea. Tampoco sé si me importa demasiado. Si por feminismo entendemos lo mismo que Rosalía, básicamente, encajar en estándares imposibles para defender la igualdad de género, pues no. Porque lo que demostró fue que también lxs latinxs tenemos derecho a ocupar el centro del relato. Mientras desde el poder se insiste en levantar muros físicos y simbólicos, la cultura popular demuestra que las fronteras ya están erosionadas. La lengua española no es extranjera en Estados Unidos, es doméstica. Es voz de millones. Lo de Bad Bunny no fue revolución, pero fue fisura. Y las fisuras, cuando se repiten, terminan reescribiendo las paredes. Bancá que recién empiezo Lejos de la experiencia intelectual que proponía el rock en los años 70, con alegorías artísticas o literarias, el reggaetón nació con jóvenes que narraban la desigualdad en barrios pobres de Latinoamérica y el Caribe. Este género se popularizó hasta convertirse en un fenómeno global. Tanto es así que los ingresos por música latina en Estados Unidos alcanzaron un récord de aproximadamente 1.400 millones de dólares en 2024, según Recording Industry Association of America (RIAA), es decir, cerca del 8 % del total de ingresos de la industria musical en Estados Unidos.  El reggaetón es, en muchos casos, como el rock: desobediencia y disfrute, marginalidad y lucha.  “Si decidís bailar esa que te van a perrear y te van a garchar toda la noche, es problema tuyo. Después, cuando vayas a defender tus derechos al Congreso, no me pidas que te apoye”. Así respondió Fito Páez a Julia Mengolini en su programa Mirá quién vino (Futurock) cuando le preguntó por el reggaetón y “las feministas que lo escuchan”.  Si a ustedes, neoseñoras que están leyendo este artículo, les vibra el cuerpo cuando suena el violín en la intro de Salgo Pa’ La Calle, de Daddy Yankee. O cayeron enamoradas del primer chabón que les cantó “Acércate a mí, un poquito” en medio de una fiesta de 15 donde no podían tomar alcohol. O si pegan el grito al cielo cuando ponen “Ven y sana mi dolor”, les tengo una noticia: aparentemente, no somos buenas feministas. O cuanto menos, no somos coherentes con nuestro discurso. Súbete, perra, vamos a hacer política Del reggaetón se ha dicho básicamente todo. Que es machirulo o demasiado político, que es groncho o muy cheto, que cosifica a las mujeres o que las empodera, que no es cultura, que lo es, que sus melodías son aburridas o que se la pasan innovando, que carecen de diversidad rítmica o que devoran el mercado. Más allá de que haya algo de cierto en estas posturas, convengamos que, feministas o no, el reggaetón sufrió una serie de transformaciones a lo largo del tiempo, tanto de contenido como de forma.  La versatilidad del reggaetón lo llevó a incorporar otros géneros como el pop, R&B, trap, electrónica, salsa, bachata, afrobeat y más. También hubo cambios en la estética de figuras como J Balvin, que se animaron a modernizar el sonido y desafiaron los cánones de la moda reggaetonera. Volviendo a Bad Bunny, en 2021 escribí sobre las nuevas masculinidades argumentando sobre la nueva propuesta artística del autor de “Caro” (uno de mis temas y videoclips favoritos de BB) quien se subió a la ola del feminismo con “Yo perreo sola”, replicando símbolos al evocar a la cultura drag y el slogan “Ni una menos”.  La crítica sobre “cosificación” presupone que las mujeres no sabemos lo que hacemos al bailar. Cosificar significa despojar a una persona, en este caso,Seguir leyendo “El perreo como insurrección: cuerpos migrantes y deseo político”

Sostener el ritual o teoría de la gravedad

Por Romina Aquino González* Venía de días confusos, de una adicción a las redes insoportable, de despedidas que no terminaban de terminar, hasta que me acordé que tenía que continuar con esa lectura. Esa que había empezado en un avión, con rumbo a México. Yo iba con toda la expectativa de vivir historias extraordinarias, por eso, cuando empecé con este libro, lo sentí un poco de contramano. ¿Por qué ahora me agarraba una lectura de días pasivos, calmos, sin mucho misterio, solo días comunes, corrientes y luminosos? Obviamente, con todo el subidón de aventuras que fui a vivir, dejé el libro por la mitad.    Pero pasaron los meses, el viaje se asentó, volví a mis cosas diarias, empecé una nueva rutina, acepté el tránsito de mi ciudad, estaba en otra etapa de mi duelo, los días empezaron a parecerse, y las noches eran cada vez más largas, más tediosas, las bromas repetidas, los tragos con sabor a jarabe, y yo necesitaba volver a enamorarme. No de alguien, ni de algo, sino de las experiencias, de lo cotidiano, de lo mundano.    Y ahí Teoría de la gravedad, de Leila Guerreiro, me trajo al centro, al detalle, a lo que sucede mientras todes estamos viendo videos en Instagram. Un encuentro callejero casual, un viaje fugaz, una charla con papá, un café hirviendo, una despedida, un concierto, unas instrucciones para (des)vivir.    Para mí, este libro es una clase magistral de escritura de no ficción. Es tanta la fluidez y el paseo por lo mínimo, que al leerlo una termina con muchísimas ganas de escribir. Leyendo a Leila, por fin pude entender eso que dicen varias talleristas y escritoras: “Es mejor no usar tantos adjetivos, y adjetivar los sustantivos”. Así, en abstracto, a mi mente siempre le costó captar esa expresión, pero leyendo a Leila, lo entendí, lo disfruté y saboreé. Qué habilidad para jugar con el lenguaje y hacerte bailar con las oraciones.    Teoría de la gravedad es un diario de cosas inútiles y mundanas como barrer, amasar pan o construir una relación. Porque ¿de qué sirve barrer todos los días un piso que vas a volver a ensuciar? ¿De qué sirve llegar al volumen exacto de una masa de pan si al final se te va a quemar? ¿De qué sirve construir una relación, si al final vas a pasar los días haciendo cosas para destruirla? Al final, el hacer solo sirve para una cosa: seguir viviendo.    Leila no solo me dio ganas de volver a escribir solo por escribir, sino de seguir experimentando y moviéndome por este teatro público al que llamamos vida. Quizás hoy, más que nunca, nuestro vivir sea una performance constante para mostrar al resto, pero tal vez lo performático esté en otro lugar; en esos pequeños quehaceres o rituales, sencillos y sin sentido, que hacíamos como cuando éramos niñes, cuando sabíamos que nadie nos estaba mirando: jugar a ser algo que nadie te invitó, pensar algo y decir otra cosa, asistir a una ceremonia que va en contra de tus creencias, cambiar de camino cada cierto tiempo, tratar de no pisar una baldosa y caminar en una sola pierna.    Hace unas semanas andaba muy obsesionada con un cover de Believe hecho por la artista Okay Kaya. Repitiendo una y otra vez las frases de esa icónica canción, pensaba en el coro ¿Crees en la vida después del amor? Creo que es muy difícil desde el duelo pensar que puede existir algo más allá. Pero en el fondo, la respuesta siempre va a ser sí. Yo no solo creo eso, sino que me pasó, y me va a volver a pasar: el amor después del amor. Eso pasó conmigo cuando terminé de leer Teoría de la gravedad, volví a descubrir el amor por lo cotidiano, por lo ínfimo, por lo que damos por hecho, pero en realidad nunca lo está.    Lo que Teoría de la gravedad me ayudó a recuperar fue mi capacidad de asombro, a volver a conectar con la sorpresa, de alguna u otra manera, volver a romantizar la vida, pero ya con la conciencia de que mañana eso puede no estar, de que hay procesos que tengo que transitar sola, de que las amigas me pueden salvar, pero también tengo que salvarme a mí misma.    En su libro Todo lo que se mueve, Valeria Mata dice que los viajes también se componen del tiempo en pausa. “Quizás los momentos de aventura y salida de nosotros mismos necesitan equilibrarse con un largo periodo de reposo, pues de otra forma destruiríamos la ley del ritmo. El reposo también es condición de posibilidad de movimiento”. Esos momentos de reposo, son los que, al final, nos permiten apreciar nuestro entorno, darle un marco, un valor, más aún en estos tiempos tan frenéticos y llenos de horror.    Aferrarse a la belleza de lo mínimo, a la ternura de lo insignificante, es una forma de sostener la vida, de inventar razones y sentidos para habitar este mundo. Me di cuenta de que todavía me queda mucho por decir, por amar, por descubrir. Y como diría Leila: “No era un gran momento. No era un momento especial. Era tan solo un momento. En la estupenda simplicidad de la vida cotidiana. Dije ‘Yo no quiero salir. Quiero quedarme acá’. Era una verdad enorme.”  *Romina Aquino González (@buskndosenti2) es periodista, escritora y collagista. Forma parte de Emancipa Paraguay. 

No hubiera sido posible sin tu amor

*Por: Juliana Quintana   «No iba a pasar esto sin tu amor», dice el mensaje que me dejó Coralie Arbo en el libro que publicaron con Micaela Cattáneo ¿Todo es culpa de Tacuara? Había barullo en la sala pero sentí que la dulzura del mundo me envolvió por unos minutos. Unos segundos atrás estaba muerta. Venía de unos días de navegar entre el trabajo intenso en el calor y el tráfico asunceno. Mis días, como los de tantas otras compañeras, se dividían entre el cuidado, las responsabilidades laborales y el activismo. Fueron las palabras de Cora las que me devolvieron al presente.    En su lanzamiento, Cora mencionó un día en que estábamos reunidas con nuestras amigas, una de las tantas veces en que nos encontramos para querernos y entender lo que nos pasa. Lo recordé con claridad. Estábamos en mi casa con Ale González y Clari de Iturbe. Cora estaba en plena producción de su «memelibro», y cada vez que se encontraban con sobrevivientes de la última dictadura en el laboratorio Memoria y Futuro, venía y nos contaba, emocionada, lo que aprendía y escuchaba.      En esa oportunidad, nos contó que Guillermina Kanonnikoff recordó que asesinaron en su casa a Juan Carlos da Costa, dirigente político de la Organización Primero de Marzo (OPM) que buscaba derrocar al dictador Alfredo Stroessner en los años 70. Así fue que nos enteramos que Alejandra González da Costa, escritora y cuentista, que lleva siendo nuestra amiga más de una década y media, era su sobrina. Ella lo había descubierto hacía relativamente poco en un museo de Brasil, cuando estaba de vacaciones con su novio. Inmediatamente, todas nos pusimos a googlear el nombre de su tío mientras ella nos iba contando lo que había averiguado hasta el momento. Nos decía que le costaba acceder a información porque algunos miembros de su familia no querían hablar de él.    Hay una historia en la gramática de las familias y amigues que aún permanece desatendida. El silencio. El stronismo marcó nuestra cultura, al punto de dejar a casi toda una generación sin la capacidad de hablar. A esto se refería Mica en la presentación de su libro, esta generación son nuestros padres, madres y abuelos quienes nos criaron con heridas, limitaciones y dificultades de entrar en contacto con su propia memoria. Pero la función del silencio tiene otro peso cuando en lugar de una herida es un pacto de complicidad con el régimen. De hecho, en respuesta a este silencio es que en Latinoamérica nacieron agrupaciones familiares de genocidas que militan por la memoria, la verdad y la justicia.    Aunque no hayamos formado parte de la generación que vivió durante la dictadura stronista, según el historiador francés Pierre Nora, heredamos sus secuelas. Nora definió los Lieux de Mémoire (lugares de la memoria) como cualquier entidad, tangible o intangible, que, por acción humana o el paso del tiempo, se transforma en un símbolo del patrimonio conmemorativo de una comunidad. Estos espacios pueden ser materiales, como monumentos, museos o eventos, o inmateriales, como el lenguaje y las tradiciones. Su función es anclar el pasado en el presente, evitando que las generaciones futuras caigan en el olvido histórico.   ¿Todo es culpa de Tacuara? Es una apuesta irreverente que desafía los límites de la memoria nacional y tiende un puente con audiencias nativas digitales. El texto y los memes dialogan con la historia y el fútbol, y condensan la indignación de un pueblo que castigó selectivamente a Tacuara por errar un penal en el mundial del 2010 pero se rehúsa a aplicar la misma lógica a los responsables de la dictadura de Stroessner. En muchos casos, hasta la reivindican.   Esa noche, fuimos a celebrar el épico lanzamiento del libro de Cora y Mica -el primero de muchos- y tuve uno de esos momentos que se conocen como epifanía. En esa mesa estaban: Taka, que migró a Montevideo tras la asunción de Milei en Argentina y hoy se está abriendo camino en ingeniería de datos; Gabriel, psicólogo y poeta, que se encarga de sostener la salud emocional del grupo y Clari, economista rockera que, con su moto, es capaz de llegar hasta el fin del mundo por nosotres. Estaban también Ana, Ale y Belén, que tienen esa capacidad de poner su ternura en un mensaje y conversar como si no hubiera tiempo ni espacio.    Recorrí con mi mirada a cada une de mis amigues y entré en un “estado de oxímoron”. Fue algo así como una mezcla de felicidad y pánico. Llegué a mi casa y me puse a escribir este texto en modo frenético porque tengo un alarmismo que me persigue en los últimos años. Esto creo que no lo confesé nunca por escrito pero uno de mis miedos más grandes es perder la memoria. Tengo miedo de que mi pensamiento se vuelva obsoleto antes de tiempo, de no reconocer un día el rostro de mi mamá, de no recordar el nombre de mi papá, de olvidar las anécdotas de mis amigas y todo lo que vivimos, de olvidarme de la dirección de mi casa. Tengo miedo de que desvanezca la voz de mi abuelo Pavli.    Puede parecer que estoy hablando de temas distintos pero, en el fondo, es el mismo. Estamos asistiendo a una batalla semiótica, por la memoria y los consensos históricos, en un sistema desigual dominado por algoritmos que amplifican ciertas voces y silencian otras, donde narrativas hegemónicas intentan moldear el sentido común. En este escenario, las luchas feministas en el mundo se enfrentan a algo mucho más grande que una reacción a nuestros derechos conquistados. Se enfrentan a una doctrina de la antifelicidad y la desmemoria. El tecnopatriarcado (palabra que me acabo de inventar pero que me viene joya) fue concentrando el poder económico y simbólico en las plataformas digitales y hoy se impone con una fuerza arrolladora.    Cuando me puse a escribir esto faltaban dos días para marchar por el 8M y tenía un montón de trabajoSeguir leyendo “No hubiera sido posible sin tu amor”

Residencia Kaos: Un puente entre la colectividad y la conciencia política

*Por Emilia Yugovich Edición: Equipo Editorial Revista Emancipa   Esa noche, alrededor del fuego, nos turnamos para revolver la salsa para los fideos.   —¿En sentido horario? —, pregunté mientras recibía el cucharón de madera. —En el sentido que quieras —fue la respuesta.   Al rato, llegaron los fideos. Yo, concentrada en la tarea de embadurnarlos con salsa, ahí al aire libre y sobre el fogón. Pronto, la cena estaría lista y veinte personas nos agolparíamos en torno a la larga mesa. Era la sexta y última noche en la casa habitada por el kaos, con K, donde el sentido de los relojes no importaba.   A 50 kilómetros de la capital, en la ciudad de San Bernardino, se desarrolló Kaos, la segunda edición de una residencia artística que tuvo lugar del 13 al 19 de julio pasado. Esta vez, con la modalidad de convivencia, la organización se propuso generar las condiciones para que los procesos creativos y las búsquedas de les residentes se crucen y se nutran entre sí.    La primera experiencia, “Mujeres en Residencia”, fue impulsada por la agrupación Nhi Mu Teatro Aéreo, en Asunción en 2021. Tres años después, la directora de teatro, Fátima Fernández, y la educadora social, Flori Rodríguez, creadoras de Proyecto FARO, tomaban la posta para dar continuidad a esta modalidad de creación colectiva. Ambas, entienden que el arte y la política son dos dimensiones de algo que no se puede separar. Con esa idea, apostaron a que Kaos diera un paso más: profundizar la búsqueda artística con una mirada política.    Una semana después, Fátima y Flori, que tuvieron a su cargo la coordinación de esta edición de Kaos, cuentan lo que las movió para la creación de este espacio.   En el inicio fue convivir para crear Fátima considera que la residencia artística es una creación colectiva y colaborativa. “Convivíamos un montón para crear”, dice en un audio de WhatsApp. Sobre la interacción entre las distintas disciplinas del arte, cree que se trata de algo fundamental “porque hace que se enriquezcan los proyectos”.       Segundos después, entra otro  mensaje. Se escucha la voz de Flori que dice: “Así nace Kaos”. Explica que, en esta segunda edición de la residencia, quisieron hacerlo más intensivo. “Quisimos crear una burbuja durante un tiempo para estar realmente concentrades en lo que estábamos haciendo. Con relación a lo multidisciplinario, yo creo necesaria la creación colectiva, las diferentes miradas y creo en la riqueza de un proyecto cuando se le inyectan cuestiones desde las diferentes disciplinas artísticas. Es completamente necesario que se entrelacen las cosas”, expresó.    La profundidad política del kaos Fátima cuenta que, además de ser un espacio de creación multidisciplinaria artística, es también un espacio para ensayar otras formas de organizar y de comunicarnos con las personas. Para ella, el haber pensado mucho la convocatoria, la naturaleza del espacio, el por qué mujeres, personas trans y no binarias, tiene que ver con lo que a ellas les interesa construir y con quiénes quieren hacerlo. “Si algo teníamos claro en esta residencia, eran las ganas de que se den charlas que a nosotras nos parecían demasiado necesarias dentro del ámbito de la creación, porque no nos parece que el arte sea algo separado de la política, sino que es un todo, está todo junto. Necesitamos escuchar nuestras voces.”, termina diciendo.    Flori contó que la residencia va por el lado de que necesitamos tener conciencia de nuestros contextos y de la coyuntura política.. “Existen residencias en las que se trabaja meramente el arte por el arte, pero no es el tipo de residencia que nosotras estamos buscando, justamente porque nuestras militancias feministas también se encuentran acá y es desde acá, desde el arte y desde este tipo de proyectos que estamos construyendo una nueva forma de hacer, de organizarnos y de comunicarnos. Queremos construir los cimientos de una militancia artística de creación colectiva y con conciencia política”, explica.      Kaos: “vacío que ocupa un hueco”, como decían los griegos “¡Qué fortuna!”, pensé mientras revolvía la salsa para los fideos con el cucharón de madera que había recibido de manos de Selva Fox. Un rato antes, se había desarrollado el último conversatorio de la residencia. Fui invitada a acompañar ese momento, junto con Elías Colmán, Rocío Robledo y Montserrat Vera, amigues y compañeres que trabajan en el ámbito del arte, la cultura, la academia y la psicología. En poco tiempo, entre residentes y visitantes, llenamos el espacio con reflexiones sobre el arte como herramienta transformadora, la micropolítica en la construcción de espacios seguros de resistencia para la creación colectiva, las nociones de autocuidado para sobrevivir al capitalismo tardío, sus crisis y sus formas de dominación, así como también la necesidad de conectarnos con la alteridad como principio básico de humanidad.    Dicen algunos sitios de internet de fuentes no verificables que Kaos, en griego, significa “vacío que ocupa un hueco”. Y yo, como elijo creer, entendí que cada edición de Kaos es una burbuja de vacío creada para ser ocupada enteramente por búsquedas artísticas atravesadas por una mirada política de respeto a la dignidad humana y a nuestros territorios. Es un espacio fundamental de resistencia, una oportunidad para detener el tiempo y crear(nos) en relación con otras personas y, por si todo esto no fuese suficiente, para alimentar a nuestras almas a través del arte comprometido.      Un testimonio de compromiso  La realización de esta edición de Kaos, fue posible gracias a las personas que pusieron cuerpo a cada uno de los equipos.    – Coordinación: Fátima Fernández – Flori Rodríguez  – Coordinación de producción : Fátima Fernández  – Producción ejecutiva: Patricia Sanchez – Patricia Masera – Selva Fox  – Asistencia en producción: Silvia Agüero – Elias Colmán – Gabriela Cueto – Pietu Zorrilla  – Mediadora: Silvia Agüero – Logística: Silvia Agüero – Pietu Zorrilla – Diseño e imagen: Guadalupe Lobo – Comunicación y redes: Lía Benitez  – Prensa: Stefy Ramírez  – Registro audiovisual: Milena Coral – Gabriela Cueto  – Coordinación deSeguir leyendo “Residencia Kaos: Un puente entre la colectividad y la conciencia política”

Diccionario cuatrilingüe: Una herramienta para preservar la cultura

Por Mónica Bareiro Edición: Noelia Díaz Esquivel “Cuando se extingue una lengua se pierde mucho más que un idioma, se pierde cultura, se pierden saberes”, señalaba Mario Somaja en el lanzamiento del primer diccionario cuatrilingüe de Paraguay. Esta publicación que combina ayoreo con castellano, guaraní y portugués, pretende ser una herramienta de integración para los pueblos chaqueños. José Iquebi tenía alrededor de 12 años cuando “paraguayos” lo capturaron, era un niño ayoreo en una comunidad que hasta entonces, no había sido contactada. Creció en la selva chaqueña, con su familia. Un día, paseando por el bosque se perdió y para su mala suerte, fue capturado por personas que lo expusieron en una jaula, nadie lo entendía, no podía defenderse entre las rejas que le impusieron. Iquebi contó su historia 55 años después en un libro: lo habían expuesto como si fuera un animal. Él tenía miedo, lloraba, buscaba a su mamá. No comprendía lo que le decían, nadie podía entenderlo. En 2023 y con solo una última comunidad ayorea viviendo en aislamiento voluntario, la distancia entre la colonización paraguaya, esta lengua y su cultura se hace cada vez más pequeña. Sin embargo, a través de un diccionario cuatrilingüe las brechas tienen la posibilidad de acortarse, porque esta herramienta se encuentra disponible para que los próximos contactos entre nativos y personas externas a sus comunidades, sea de intercambio, de cordialidad, de construcción. El diccionario cuatrilingüe como herramienta de comunicación Este diccionario incluye como matriz, la lengua ayorea y la traduce al castellano, pero también por primera vez incluye el guaraní y el portugués, teniendo en cuenta la ubicación geográfica de las comunidades y la división geopolítica de su territorio. En poco tiempo más, se habilitará un puente internacional, muy cerca de poblaciones ayoreas en la zona de Carmelo Peralta, se estima que el paso entre Brasil y Paraguay será fluido por lo que muchas personas de habla portuguesa llegarán hasta la zona y las comunidades deben estar preparadas. El sacerdote José Zanardini, antropólogo, teólogo y sociólogo, especializado en culturas originarias del Paraguay y uno de los impulsores de este proyecto, explica que las comunidades ayoreas de Carmelo Peralta interactúan diariamente con personas de habla castellana, guaraní y portuguesa, por lo que este material era una necesidad desde hace mucho tiempo. Zanardini explica que se hicieron cuatro tomos para facilitar el uso de las personas en estos cuatro idiomas, y además se incluyeron datos y fotografías históricas en una edición de mucho valor. Además del sacerdote, los autores de este diccionario son Deisy Amarilla, Oscar Posoraja, Armindo Barrios, Vicente Chiqueno y José Ma. Rodrigues. Esta publicación, iniciativa de la Comisión de Pueblos Indígenas del Congreso Nacional, es resultado de varios años de trabajo coordinado, y contó con el apoyo de WWF-Paraguay.La publicación de estos materiales fue declarada de interés nacional, social, educativo y cultural, por la Comisión Permanente del Congreso  Nacional y de interés lingüístico por la Secretaría de Políticas Lingüísticas. Lanzamiento oficial del diccionario El lanzamiento oficial fue en Carmelo Peralta, departamento de Alto Paraguay. Durante el acto los líderes ayoreos Vicente Chiqueno y José Iquebi, realizaron cantos y rituales sagrados ante el numeroso público que se congregó para el evento, ante la atenta mirada de alumnos de los colegios Las Almenas y Cristo Rey. Iquebi presentó “El canto del Tigre”, un ritual de protección  milenario y a pesar de su avanzada edad intercambió palabras y accedió a las fotografías que le solicitaban los presentes, sin perder su temple solemne y cordial.   El acontecimiento fue presidido por el senador Fulgencio Rodríguez, quien en su discurso oficial pidió disculpas a los pueblos originarios de Paraguay, por tantos años de maltrato a los que fueron, y siguen siendo, sometidos. Señaló que existen muchas maneras de enmendar los errores del pasado y que desde donde le toque, seguirá trabajando para lograrlo. Mario Samaja, coordinador residente de la ONU en Paraguay, también participó del evento y en su discurso dijo que “cada dos semanas se extingue una lengua en el mundo. Y cuando se pierde una lengua se pierde mucho más que eso, se pierde la cultura, se pierden saberes”. Cómo conseguir los ejemplares Los ejemplares estarán disponibles de manera gratuita para bibliotecas, centros culturales, instituciones educativas. Los interesados pueden completar el formulario de solicitud a través de este enlace: Clic aquí para el formulario   Este material fue producido en el marco del programa Voces Para la Acción Climática Justa, implementado en Paraguay por WWF y Avina.

¡Feliz día a las MAESTRAS del Paraguay!

El 30 de abril, Paraguay, conmemora el Día del Maestro. Si, del MAESTRO, en masculino, a pesar que son mayoritariamente las mujeres quienes ejercieron y ejercen la docencia en el país. Según datos del Ministerio de Educación y Ciencias, al 2018, en Paraguay se cuenta con 79.935 docentes matriculados, de los cuales 29.924 son hombres y 50.011 son mujeres. La mayoría de los y las docentes se concentran en zonas urbanas y en el sector oficial. Recordando la premisa “lo que no se nombra no existe”  hoy celebramos a LAS MAESTRAS, las nombramos, porque bajo el impuesto genérico masculino se invisibiliza a más de la mitad de la humanidad y, con ello, no aparecen las referentes mujeres. Por eso, hoy reivindicamos la PRESENCIA de las MUJERES PARAGUAYAS EN LA DOCENCIA, es una cuestión de derechos, de justicia. En HOMENAJE a todas LAS MAESTRAS PARAGUAYAS recordamos a MARÍA FELICIDAD GONZALEZ y compartimos esta recopilación histórica realizada por Shirley Gómez Valdez, publicada en la cuenta de Facebook de la Asociación Cultural Manduara. María Felicidad González fue una reconocida educadora normalista y participó de la creación del movimiento feminista paraguayo, trabajando por la propuesta de ley de igualdad derechos de la mujer presentada por el entonces diputado Telémaco Silvera. Fue hija de Gregoria de Jesús González y nació en Paraguarí en 1884; realizó sus estudios primarios en Asunción, en 1905 obtiene el título de Maestra Normal, pero deseosa de una mayor capacitación viaja a la ciudad de Paraná (becada), en cuya Escuela Normal obtiene el título de profesora. Vuelta al país, se desempeña como directora de la hoy Escuela Brasil. En 1909 ingresa a la Escuela Normal del Paraguay en calidad de regente, denominación de las dos Normales unificadas, hasta 1914, y Vice Directora de la misma a partir de esta fecha. Fue sin duda la más calificada discípula de las hermanas Speratti. En 1921, al ser transformada la institución en la Escuela Normal de Profesores mediante el agregado de un plan de estudios de tres años, su Dirección fue otorgada a María Felicidad González, quien además enseñó las materias profesionales, por muchos años. En ese lugar inició la brillante trayectoria de esta mujer múltiple, a cuya solvencia intelectual y poco común capacidad organizadora debió dicho establecimiento educacional el alto nivel logrado, en tiempos en que la educación en nuestro país —a solo treinta años de la guerra— era obviamente muy rudimentaria. No conforme con la labor intelectual a alto nivel que desempeñaba como directora y titular de varias cátedras, Felicidad González brindó a sus alumnas las ventajas que proporciona un edificio adecuado, dotado de amplias y cómodas instalaciones. Con la eficacia que la caracterizaba, sensibilizó a las autoridades, movilizó a la opinión pública y emprendió la construcción de una nueva casa de estudios. Seguidamente, creó la Copa de Leche y proveyó a la escuela de Sala de Proyecciones, Biblioteca Infantil y Laboratorio de Psicología Experimental. Fundó, además, la revista “El Hogar del Normalista” con el fin de conservar la tradición de la casa e informar sobre su funcionamiento. Paralelamente, publicó dos libros que constituyeron una gran ayuda para los docentes: Misceláneas psicológicas y Organización escolar, y colaboró regularmente en periódicos y revistas nacionales y extranjeros. Consciente de la necesidad de una mayor proyección de la mujer en el ámbito nacional, fundó el Consejo de Mujeres, iniciativa que fue cálidamente acogida por las damas asuncenas —entonces algo reticentes a desarrollar actividades extrahogareñas—, gracias al enorme prestigio que gozaba la educadora. A Felicidad González le cupo el alto honor de representar por primera vez a la mujer paraguaya en congresos internacionales. Su actuación en el Congreso Feminista de Baltimore, en abril de 1922, y en la Conferencia Panamericana, de Montevideo, en 1933, le valió el cálido elogio de las autoridades de los mismos. En 1932 abandonó la Escuela Normal de Profesores, para integrar el Consejo Nacional de Educación. Durante los años de la Guerra del Chaco, trabajó activamente en la Cruz Roja y en hospitales de sangre. El Gobierno de la nación reconoció sus méritos otorgándole la Medalla del Honor al Mérito Educacional, y designándola Miembro Honorario Vitalicio del Instituto de Historia y Museo Militar; y la sociedad paraguaya volvió a distinguirla, declarándola Mujer destacada en el Paraguay, el Día de la Mujer de las Américas —mayo de 1949— y colocando una placa de bronce, con una leyenda alusiva a su trayectoria, en la Escuela Normal de Profesores, en setiembre de 1971. Falleció el 7 de octubre de 1980. FUENTES: “Breve historia de grandes hombres” de LUIS G. BENÍTEZ / “Suplemento Cultural” del diario ABC Color de fecha 1 de mayo de 2011/ “Voces de mujer en la historia paraguaya” de Ana Barreto Valinotti / Portal Guaraní. Portal de Kuña Roga.   IMAGEN: Libro Voces de Mujer en la Historia Paraguaya (Ana Barreto Valinotti)

Todo es movedizo

* Por Romina Aquino González Tres navegantes, una invitada especial y una narradora/piloto omnisciente. El escenario: un comedor, el corazón de una casa. Un refugio en medio del océano salvaje que es el mundo de hoy. Una cueva en medio del horror de los años que sobrellevamos. Un lugar para pensar. Un lugar para sentir. ¿Cómo vuelvo a tu jardín perfumado tras una estancia entre frutas malsanas?, escribe Adriana Almada en su poemario patios prohibidos. Mirando a nuestro alrededor, la pregunta encajaría perfectamente. ¿Cómo volvemos a acercarnos después de tanta distancia? ¿Cómo volvemos a confiar después de tanta violencia? ¿Podemos todavía confiar en el otrx? ¿Hay todavía un otrx? ¿Alguien? Fátima Fernández Centurión, María Victoria Carballar, Guadalupe Lobo y Natalia Dos Santos Vega asumieron el compromiso de trabajar desde ese lugar, el de la duda, con una sinceridad aplastante, pero tan reconfortante, a la vez. Porque ¿quién podría decir que después de estos años pandémicos lo tiene todo resuelto?   Tres amigas, con intenciones de reconstruir sus vidas, de seguir sus sueños, de continuar buscando respuestas. Una idea: un bar nocturno. La excusa para estar juntas, para encontrar algo en común, para ganar un poco de plata y conquistar el deseo real: el de ser artista en un país ingrato. En la incertidumbre, al final, lo único certero es que nos tenemos. ¿Quiénes somos sin la otra? ¿Sin la amiga que sabe y puede contar nuestra historia? Pero qué pasa cuando esa historia está tan fragmentada que ni el amor ya funciona como pegamento. El acuerdo inicial: una habla y las otras escuchan. Utópica regla que nunca llega a concretarse. Hay tanto por decir que hasta el silencio se materializa en la obra, para ser una palabra viva, que respira, se pasea por la sala y se cuestiona su propia existencia. Al silencio, lo acompaña la musicalización de Mar Pérez, que es parte esencial de la narrativa. Cual titiritera, Mar mueve los hilos que tensionan o recomponen los vínculos en escena. En su rincón, ella se ríe, como si no tuviera influencia, pero en cualquier momento sus dedos pueden provocar un desborde. El absurdo que atraviesa lo verosímil que es la trama puede ser un poco sofocante, pero la obra se equilibra en esos actos de metateatro, momentos de locura, paréntesis desquiciado, para retomar una vez más la idea: hacer algo que nos salve. ¿Qué más queda en el absurdo? Si no es creer en la otra. Soñar con un futuro juntas. Imaginar que nunca nos vamos a separar. Construir algo, una cosa, que perdure, más allá de nuestras individualidades. No se trata ya de luchar en contra de o nadar contra corriente, sino de hacer una coreografía ahí, en las aguas turbulentas. En un momento en el que todas las armaduras están en el suelo, queda mirarse, transitar las heridas, pronunciar nombres de fantasmas en voz alta, entender que hay quienes nunca se van o nunca estuvieron realmente. En la vorágine del encuentro, un deseo permanece intacto. El deseo de alguna vez llegar. No sé a dónde. Quizás al Atlántico Sur. Quizás a esa obra épica. O a ese lugar oscuro de la conciencia, para entender al fin, que no hay sitio, verdad o fundamento que funcione para siempre. Solo el movimiento. El ir y venir. El ahata aju. El balanceo único en el que intermitentemente nuestras vidas coinciden. La obra Tres Tristes Tigres, escrita por el dramaturgo Vinicius Souza, en el 2014, adquiere una forma única, movediza, tornasolada, agridulce, en nuestro contexto, bajo la dirección de Guadalupe Lobo y la interpretación de María Victoria Carballar, Fátima Fernández Centurión, Natalia Dos Santos Vega y la propia directora. Y quedará como ese grito, transparente y desesperado, de enunciación: acá estamos y no vamos a ceder lo conquistado. Sobre la obra Más información al +595 981 094279 O en la cuenta de IG @teatrodelaluz

Chile: Poetisas se reúnen en recital por Alejandra Jiménez a la Convención Constitucional

  Este sábado 27 de Marzo a partir de las 20 horas, ocho poetisas y escritoras se reunirán en un Recital Poético virtual, para apoyar la campaña a la Convención Constitucional de la actriz comunista y feministas, Alejandra Jiménez.   Alejandra, es candidata en el Distrito 10, que comprende las comunas de Macul, Santiago, Ñuñoa, San Joaquín, La Granja y Providencia y es actriz con una larga trayectoria como gestora cultural, siendo Directora del Circo del Mundo.   En el recital, participarán Marina Arrate, Carmen Berenguer, Eugenia Brito, Soledad Fariña, Kemy Oyarzún, Atena Rodó y Malú Urriola, y será Coordinado, por la escritora Isabel Gómez.   Isabel Gómez realizó la invitación, destacando que “se trata de un grupo de poetas muy representativas de la literatura nacional, como también muy comprometidas con la defensa de los valores democráticos que siempre deben primar en la sociedad, como los derechos humanos y la defensa de las causas populares” Asimismo, Alejandra Jiménez, agradeció el recital e invitó a sumarse, valorando que “las mujeres poetas se hagan parte de esta candidatura de las culturas transformadoras, como artistas pero también como sujetas políticas, pues las culturas y las artes son también expresión política, que debe estar plasmada en la nueva Constitución”   La cita es este sábado 27 de marzo, a partir de las 20 horas, en vivo desde el Facebook Ale Jiménez Constituyente.

Claudia Miranda, cantautora feminista presenta su disco

  *Por Emancipa Paraguay Claudia Miranda presenta su primer disco con ocho temas que narran vidas y experiencias de mujeres en Paraguay Claudia Miranda, cantautora feminista paraguaya lanza su primer disco “Las brujas” que contiene una colección de ocho temas musicales: Aháma Mamita; India Juliana; La loca; Mba’ éreiko ndapehejái mitâ ohuga; Las brujas;Sin ti soy yo; Ambovyvy. “Los temas abordan realidades e historias que nos cruzan a las mujeres y al movimiento feminista, sobre las que vamos haciendo propuestas que están cambiando nuestro país y el mundo. Dedicamos este disco a las luchadoras sociales y feministas que crean un nuevo futuro para todas las mujeres”, dice el texto que acompaña el disco. El disco contó con el acompañamiento de  un equipo de músicas y músicos de excelencia, con el apoyo del Centro de Documentación y Estudios (CDE), integrante de la Articulación Feminista Marcosur (AFM). “El feminismo crea un lugar diferente para las mujeres en la sociedad, con igualdad y justicia, que recupera el valor de ser mujeres, con autonomía, dignidad y plenos derechos como seres humanos. Esta creación de realidades se hace a través de nuevas referencias culturales, ideas, conocimientos, acciones e imaginaciones que desafían los antiguos y consolidados lugares de la desigualdad. Y aquí no puede faltar el arte, que genera belleza y transmite emociones a partir de una mirada sensible, a veces dolorosa, hacia las injusticias que aún imperan para tantas mujeres, ya través de la energía para enfrentarlas y  erradicarlas”, explica el documento En esta nota, Claudia Miranda responde algunas preguntas para la Revista Emancipa:   -¿Quién es Claudia Miranda? -Claudia Miranda es una artista popular, popular porque nace de las entrañas del pueblo paraguayo con todo lo que eso implica. Aclaro esto,  porque los jazzistas dicen que son músicos populares y en Paraguay la mayoría son clase media para arriba, o sea ni un popular entre ellos, por eso siento como que hay que aclarar ese punto. ¿Qué implica ese pueblo paraguayo? Pues saber lo que es ser criadita, saber lo que es ser desalojada con tus hijos de un asentamiento, saber lo que es estar en Tacumbú o Buen Pastor etc. -¿Cómo te iniciaste en la música? -Me inicié en la música gracias a mi mamá que me pilló bajando a escondidas la guitarra de una tía que andaba sobre un mueble, yo pensé que me iban a castigar por bajar la guitarra ajena sin permiso, y grande fue mi sorpresa cuando en vez de castigarme me enviaron a estudiar a la escuela municipal de guitarra de Encarnación donde hasta hoy funciona La Casa de la Cultura. Tenía 10 años. -También hacés teatro. Si tuvieras que elegir entre la música o el teatro, ¿Qué elegirías y por qué? -Elegiría el teatro, toda la vida, porque es mucho más completo en el sentido de que se puede soñar libremente mundos diferentes y además,  trabajar en equipo, nadie hace teatro solo o sola, y en todas las obras de teatro se trabaja con música. Es más,  cuando compongo mis canciones muchas veces me sitúo en las miles de probabilidades que conocí haciendo teatro, me abrió un mundo que ninguna escuela de música me abrió, pero como no todo es perfecto, hace años dejé de hacer teatro porque no hay apoyo en el área, se volvió un espacio muy elitista y claro, ya no encajé puesto que mi arte viene de otras realidades, sólo me quedó mi guitarra y el mundo que el teatro me abrió en la cabeza y en el corazón. -Este disco “Las Brujas” ¿De qué se trata?  -Este disco es muy importante para mí porque ya estoy vieja, y si voy a esperar el apoyo del FONDEC o de la Secretaría de Cultura donde mis proyectos son rechazados año a año… pues ya estaba segura de que iba a morir sin grabar un sólo tema. Y ni mi mamá iba a saber que su hija compuso “en vida” una canción (se ríe…) Todas las canciones son composiciones originales de Claudia Miranda, músicas y letras, los arreglos son compartidos, algunos son de la autora, pero la mayoría de los arreglos son colaboraciones cada uno de los y las instrumentistas, el tema Las Brujas cuenta con arreglos de Celso Joabe. Los temas 1,2,3,4,5 y 8 fueron grabados mezclados y masterizados en Dacostapro Estudio de Producción Musical. El tema Sin ti soy yo fue grabado en Kamikaze records y es una cortesía de Aireana para el disco paraguayo-mexicano Vulvasónicas con Las Reinas Chulas de México. -¿Se puede vivir del arte en Paraguay? -En Paraguay es más seguro morir en vida que vivir del arte. Las personas que venimos de la clase popular y además nos atrevimos a intentar vivir del arte terminamos haciendo fila en casa rosada, para comprar comida y retiramos la guitarra cuando sale un show y después la volvemos a empeñar, casa rosada hace mucho más por los artistas que el FONDEC y el Ministerio de Cultura, lo digo porque cada año paso por ahí como 30 veces mínimo, y siempre me cruzo ahí con mis colegas. -¿Qué te ha dado el arte -El arte me ha conectado con lo humano, lo que en la sociedad ya no se puede distinguir, lo bello, lo sublime, lo que te da ganas de aguantar un día más, porque al salir de un ensayo o de un concierto una tiene que volver a la triste y lamentable realidad. El arte es lo único que me mantiene viva, conectada conmigo misma y con los demás que no es poca cosa. -¿Qué satisfacciones te ha dado el arte? -Participé en festivales internacionales como cantante actriz y narradora oral, en Argentina, Brasil, Bolivia y México, recibí varias invitaciones a las que no pude ir por falta de apoyo a Uruguay y Colombia. Pero también recibí invitaciones de esos países. En donde pedían apoyo del gobierno paraguayo para mis boletos y no se consiguió. Hice la producción artística de algunos materiales discos educativos y musicales, trabajé con renombrados directoresSeguir leyendo “Claudia Miranda, cantautora feminista presenta su disco”

Cuando la cultura se convierte en trinchera de resistencia y encuentro lgbti+

  Siempre que ingresamos a un lugar hacemos un pacto: aceptamos las reglas del espacio, la música y lo que tiene para ofrecernos. Pero, ¿qué pasa cuando los espacios no nos aceptan a nosotres? ¿Cuándo sus lógicas de funcionamiento de una forma u otra nos excluyen?   Por Manuela Bares Peralta y Jimena Gibertoni* “Casa Brandon” fue uno de los primeros espacios que propuso un contrato distinto, un lugar donde se resquebrajaban los estereotipos que imponía el afuera mientras se consolidaba como trinchera de encuentro para la comunidad lgbti+. La cultura no está exenta de las lógicas patriarcales sobre las que se construyeron los ámbitos y los vínculos que transitamos. Muchas veces, esas lógicas parecen más amigables, casi disfrazadas pero continúan ahí latentes. Hacer cultura, desarrollarla y visibilizarla en pleno corazón de Villa Crespo bajo las reglas de la comunidad lésbica, gay, bisexual, trans, intersex y queer era disruptivo y, a la vez, revolucionario. La irrupción con fuerza en el terreno público y mediático de la agenda de los feminismos, la diversidad sexual e identidad de género permitieron que los espacios culturales se repiensen bajo nuevas lógicas. Al calor de este nuevo escenario, nacieron espacios como Feliza donde sentirse segure no era un privilegio sino un derecho conquistado a la hora de pasar la puerta de entrada. Con dicha consigna Feliza surge en un contexto donde los espacios territoriales de encuentro eran limitados e implicaban lógicas heteropatriarcales, donde las opciones para transitar la identidad sexual eran acotadas en el ámbito cultural de nuestra ciudad.  Un foro online con más de 50 mil lesbianas y bisexuales que intercambiaban proyectos sobre cultura y arte, a la vez que, hablaban sobre sus identidades. Ese fue el comienzo del proyecto que, después, se vio minado de transformaciones: la fiesta Tresjolie es un ejemplo de eso. Conquistar aunque sea por una noche un espacio completamente heteronormado. Encuentros en lugares seguros para la comunidad lgbti+, un espacio de visibilización y difusión cultural que tiene a la diversidad como enunciador y eje central. La imperiosa necesidad por alargar esa noche fue el motor para que Feliza se transforme en un espacio cultural pensado para la comunidad lgbti+ y fuera de las lógicas heteronormadas. Pero el desafío que les tocaba atravesar a algunos centros culturales era otro: ¿qué significa incorporar la perspectiva de género dentro de los espacios? Esta pregunta comenzó a saldarse con la creación de la campaña contra el acoso en el circuito de nocturnidad porteño y en la inclusión de festivales, fiestas, ciclos de charlas y literatura diversos en las programaciones. Esos caminos fueron acompañados con el armado de distintos protocolos contra las violencias con el fin de que los espacios dejaran las lógicas tradicionales y abrazaran la diversidad. Habitar lugares que fueron pensados y creados para la comunidad lgbti+ es una conquista irremplazable. Esos espacios son indispensables para acceder a la cultura de una forma más igualitaria y equitativa. Pero lejos de clausurar el debate potencia nuevas demandas en la construcción y transformación de los espacios que fueron edificados bajo otras lógicas. La necesidad de imprimir la perspectiva de género en su interior se vuelve transversal, ya no alcanza con una proporción de su programación, ya no queremos ser solamente les invitades a un festival queer sino que queremos que haya lesbianas, travestis y trans en las grillas habituales.  La cultura independiente sigue teniendo enormes deudas con estos colectivos que convoca para llenar escenarios y ciclos. En los más de 450 espacios culturales que hay en la Ciudad sólo hay una pequeña proporción que tiene al género como eje transversal. ¿Será que llegó el momento para pensar una cultura construida por elles y para elles?. Esta época nos enfrenta ante nuevas demandas y a la búsqueda urgente de nuevas conquistas. La cultura continúa siendo terreno de desigualdades que no son exclusivas del sector pero que generan consecuencias específicas en él. Si la comunidad lgbti+ es un actor fundamental en la generación y divulgación de nuevas identidades culturales también debe ser un factor decisivo a la hora de pensar propuestas que hagan más inclusiva a la cultura en su conjunto.     *Manuela y Jimena son integrantes de la Red de Abogadas Feministas y Abogadxs Culturales    

Apuntes sobre teatro en tiempos de cuarentena

  Por Ana Laura López (*) Escenario de pandemia: cuerpos disponibles, detectables, individualizados, recluidos, digitalizados, intangibles. Contacto prohibido. Teatro impensable. La pandemia nos deja en suspenso y no es posible continuar con la actividad teatral. El encierro y el parate me llevan a pensar y a escribir, que son más o menos la misma cosa. ¿Dónde ir a buscar la punta de un ovillo que ayude a encontrar salidas posibles? No sé por qué, siempre suelo acudir al diccionario y a las etimologías. Voy a la raíz desde la literalidad. Resulta que “teatro” viene del griego théatron, que deriva del verbo théaomai, que quiere decir “contemplar”. “Espectáculo”, por su parte, proviene del latín spectaculum, que deviene del verbo spectare: “contemplar, mirar”. De acá, nacen también las palabras “espejo”, “espectro”, “bello” (speciosus), “especial”. Mirar es una acción muy importante dentro del teatro, no sólo por su centralidad para el espectador, sino también en el dispositivo escénico: la mirada sostiene, tensa las cuerdas de lo dramático, establece contacto, interpela. Pero no es lo único que define al teatro. Al fin y al cabo, varixs artistas crearon la experiencia de teatro ciego y con mucho éxito; y existen actores y actrices no videntes que desarrollan su labor de manera genial. No es, entonces, la mirada la que se ha puesto en jaque con la pandemia. Sigue activa (por lo menos, una parte de todo el complejo entramado de miradas que mencionaba antes), consumiendo obras online; vivos de Instagram; videos de Tik Tok. En ese sentido podríamos decir que lxs espectadorxs no se han perdido, que siguen ahí. O, quizás, deberíamos llamarlxs(nos) “audiencias” (segmentadas, previsibles, analizables), y amérite preguntarnos si esta condición de audiencia aparece con la pandemia, o si ya venía de antes. Hacer un registro audiovisual de nuestras obras resulta un imperativo, por necesidades de difusión: aplicar a festivales, convocatorias, salas. Esa circulación, acotada, tiene un fin específico: dar una idea sobre las decisiones de puesta y criterios estéticos de una obra a programadorxs, juradxs y curadorxs. Pero, ¿qué pasa con el aquí, ahora y los cuerpos desplegando su acción, con el teatro filmado? Primero, se disocia la relación con el público, olvidando que ese aquí y ahora, esa corporalidad y acción lo implica. El público no es algo externo al hecho teatral sino parte constitutiva. La reproducción de teatro filmado no es más que una jerarquización del dispositivo escénico ficcional por sobre la relación con los espectadores. Un teatro que sucede sin que nadie lo espere ni desee; sin esa línea de tensión en la que se construye el pasaje momentáneo, virtual y simultáneo de todos esos cuerpos a otros posibles virtuales. Pero ya volveré sobre esto. ¿Qué más sucede con el teatro online? Se elimina la contingencia, se establece una profilaxis. Se nos dice que la conjunción de los cuerpos es peligrosa y que debemos reemplazarla por la conexión. Con el virus de por medio, esto parece indiscutible, pero estos procesos ya venían siendo parte de nuestra cotidianidad. ¿Qué más? Se fija al teatro en una mueca. Deja de ser recreable para pasar a ser repetible (el teatro en la época de su reproductibilidad técnica, podríamos decir, parafraseando a Walter Benjamin). La cámara y la edición ordenan los cuerpos y sus gestos. La cámara fija los mantiene lejos. Los primeros planos los acercan. Mi ojo recibe, pero no ordena, no elige, no puede ver qué pasa en un costadito. No puede armar su propio discurso teatral. Somos expectadores La fonética me lleva a otro lugar: expectación. La RAE la define como “espera, generalmente curiosa o tensa, de un acontecimiento que interesa o importa / contemplación de lo que se expone o muestra al público”. Hoy, el teatro (y cuando digo “el teatro” pienso en todos los roles que lo hacemos existir) está repleto de expectadores. ¿De qué quedamos expectantes lxs artistas? Rápidamente, podría listar: de volver a ensayar, de producir, de enseñar, de hacer funciones. Pero también, nos tiene en vilo el estado de nuestra situación económica, hija de nuestras vidas precarizadas. Cómo sostener nuestros proyectos si las salas no pueden funcionar, si los cuerpos no se pueden reunir, si todo eso está vedado por un tiempo indeterminado, y si, cuando se restablezca, no sabemos si las personas tendrán dinero para pagar una entrada, la cuota de un taller, el valor de la hora de alquiler de sala de ensayo. Quizás, sea momento de parar la pelota y reformular la pregunta: ¿de qué deberíamos estar expectantes lxs artistas? ¿Dónde poner nuestra mirada? La precariedad no es nueva para nosotrxs, sólo que ahora nos golpea en la cara, en un contexto en el que se nos asume prescindibles sin discusión. Nosotrxs ya estábamos produciendo en un mundo que nos consideraba improductivxs, vagxs, accesorixs; en el mejor de los casos, respetables, pero inútiles. Éramos adorno, cotillón frente a lo que en nuestras sociedades capitalistas se considera esencial para la producción, reproducción y disciplina de los cuerpos que trabajan y consumen: escuela, salud, industria y seguridad. Deseamos volver a nuestras actividades; necesitamos hacerlo, como cualquier trabajadxr, especialmente aquellos precarizadxs y/o informales. Porque eso somos. ¿Es a eso que queremos volver? Una realidad en la que tenemos que explicar y justificar lo que hacemos; que no, que no somos una competencia de recursos para aquello que se considera esencial; que no somos parásitos de una sociedad, en la que todo se mide por rendimiento, desempeño, eficiencia y utilidad. Las políticas desplegadas ante la pandemia establecieron criterios demarcatorios que, en el contexto anterior, el capitalismo se hubiera negado a admitir: que hay bienes y servicios esenciales y otros, prescindibles. El sector cultural fue el primero en cortarse y será el último en volver. Es, según esta escala de valores, el sector menos necesario. Así lo hemos oído varias veces. Así acabamos por creerlo y aceptarlo muy rápidamente, llegada la pandemia. Nos entregamos sin chistar, porque ya no había tiempo de pensar algo que deberíamos haber puesto en cuestión mucho antes. No hay tal normalidad a la que debamos volver, porque esSeguir leyendo “Apuntes sobre teatro en tiempos de cuarentena”

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