3 mujeres, 24 bancas: ¿Qué democracia estamos construyendo?

* Por Noelia Díaz Esquivel   Solo 3 mujeres llegamos a la Junta Municipal de Asunción. Tres de 24. Apenas el 12,5 % de las bancas de una ciudad donde las mujeres representamos aproximadamente la mitad de la población. Y aunque esta vez tengo la enorme alegría y responsabilidad de estar entre esas tres, no puedo dejar de preguntarme ¿Cómo puede ser que, después de tantos años de democracia, las mujeres sigamos siendo una excepción en los espacios donde se toman las decisiones?   Hay algo particularmente contradictorio en estas elecciones. Asunción eligió a Soledad Núñez como intendenta, una mujer que parió en plena campaña, cuya candidatura y campaña estuvieron acompañadas y sostenidas por muchísimas otras mujeres. Mujeres organizando, recorriendo barrios, haciendo llamadas, cuidando votos, movilizando y poniendo el cuerpo. Pero cuando miramos la conformación de la Junta Municipal, volvemos a encontrarnos con una representación abrumadoramente masculina.   Esta historia no es nueva. Se repite, con diferentes protagonistas, desde la recuperación de la democracia. Las mujeres somos fundamentales para sostener la organización política, pero seguimos encontrando enormes dificultades para acceder a los lugares donde se ejerce el poder.   Y los números muestran que no estamos hablando de una percepción personal. Según el Observatorio de Género del Ministerio de la Mujer, en las elecciones municipales de 2010 las mujeres alcanzaron el 24 % de las concejalías electas a nivel nacional. En 2015, esa participación bajó al 23 % y en 2021 llegó al 27 %. Hubo avances, sí, pero demasiado lentos. Y ahora, en Asunción, apenas alcanzamos el 12,5 %.   Podemos decir, con toda razón, que estos fueron los resultados de las urnas y que las mujeres también votaron. Pero reducir esta discusión a que «la gente eligió» sería ignorar las condiciones profundamente desiguales en las que hombres y mujeres llegamos a competir. Porque no todas las candidaturas parten del mismo lugar.   Todavía vivimos en una sociedad que espera que las mujeres nos ocupemos de la casa, de las hijas e hijos, de las personas mayores, de los cuidados y de resolver buena parte de la vida cotidiana. Un trabajo indispensable, muchas veces no remunerado, que consume tiempo, energía y oportunidades. Mientras tanto, los hombres siguen teniendo, en general, mayores posibilidades de acceder a recursos económicos, redes de poder y financiamiento político.   Y a eso se suman los prejuicios que siguen tan presentes: que las mujeres somos demasiado emocionales, que nos falta carácter, que no tenemos suficiente fuerza o coraje para ejercer autoridad. Como si la valentía, la capacidad de decidir o la honestidad fueran atributos masculinos.   También están los partidos políticos, que tienen una enorme responsabilidad. No alcanza con incluir mujeres en las listas para cumplir una cuota. Hay que preguntarse qué lugares ocupan, qué recursos reciben, cuánto respaldo político tienen y cuántas posibilidades reales se les ofrecen para competir.   Las desigualdades también se reproducen en la comunicación. Los medios tradicionales suelen privilegiar las voces masculinas cuando se habla de poder, economía y decisiones políticas. Y en las redes sociales, las mujeres que hacemos política seguimos expuestas a ataques contra nuestros cuerpos, nuestra apariencia, nuestra sexualidad o nuestras relaciones personales. Cuestionamientos que demasiadas veces nada tienen que ver con nuestras ideas o propuestas.   Esta realidad es todavía más preocupante en un país atravesado por niveles alarmantes de violencia contra las mujeres. Según el Ministerio Público, entre 2017 y 2025 se registraron 357 víctimas de feminicidio en Paraguay. Una mujer asesinada, en promedio, cada ocho o nueve días.   La violencia que busca silenciarnos y la desigualdad que limita nuestra participación política no son fenómenos idénticos, pero tienen raíces comunes: una cultura que todavía se resiste a reconocer a las mujeres como personas con plena autonomía y derecho a ejercer poder.   Por eso necesitamos seguir hablando de paridad. No como un favor, una concesión o una cuestión decorativa. La paridad es una discusión sobre la calidad de nuestra democracia. Sobre quiénes tienen voz, quiénes deciden y quiénes quedan afuera.   Y no se trata de sostener que cualquier mujer representa automáticamente los intereses de todas. Las mujeres tenemos diferentes ideas, trayectorias, posiciones políticas y maneras de entender la ciudad. Precisamente de eso se trata la pluralidad democrática: de que esa diversidad también esté presente en los espacios de decisión.   La elección terminó, pero esta discusión no puede terminar con ella. Necesitamos revisar las reglas, exigir responsabilidades a los partidos, discutir el financiamiento de las campañas, distribuir los cuidados y enfrentar la violencia política de género.   Porque las mujeres no queremos seguir siendo solamente las que organizamos, acompañamos, cuidamos y sostenemos la democracia. Queremos participar, decidir y ejercer poder en igualdad de condiciones.   Y mientras 3 mujeres sigamos siendo una excepción entre 24 bancas, Asunción tendrá una deuda pendiente con la representación democrática.   Referencias bibliográficas -Ministerio de la Mujer. (s. f.). Concejalas municipales: Participación política de mujeres candidatas y electas a Junta Municipal. Observatorio de Género. https://mujer.gov.py/consejalas-municipales/](https://mujer.gov.py/consejalas-municipales/)   -Ministerio Público. (2026, 5 de marzo). Datos abiertos: Desde el año 2017 al 31 de diciembre del 2025 se registran 357 víctimas de feminicidio en Paraguay. https://ministeriopublico.gov.py/nota/datos-abiertos-desde-el-ano-2017-al-31-de-diciembre-del-2025-se-registran-357-victimas-de-feminicidio-en-paraguay-16386](https://ministeriopublico.gov.py/nota/datos-abiertos-desde-el-ano-2017-al-31-de-diciembre-del-2025-se-registran-357-victimas-de-feminicidio-en-paraguay-16386)   -Soto, L. (2015). Partidos políticos y participación política de las mujeres en Paraguay. Centro de Documentación y Estudios. https://www.cde.org.py/publicacion/partidos-politicos-y-participacion-politica-de-las-mujeres-en-paraguay/](https://www.cde.org.py/publicacion/partidos-politicos-y-participacion-politica-de-las-mujeres-en-paraguay/)   -Soto, C. (2015). Estancamiento o paridad: Perspectivas para la participación política de las mujeres en Paraguay. Centro de Documentación y Estudios. https://www.cde.org.py/publicacion/estancamiento-o-paridad-perspectivas-para-la-participacion-politica-de-las-mujeres-en-paraguay/](https://www.cde.org.py/publicacion/estancamiento-o-paridad-perspectivas-para-la-participacion-politica-de-las-mujeres-en-paraguay/)   -Schvartzman, G., & Soto, L. (2014). Las mujeres y la política en Paraguay: ¿Qué mueven las mujeres en la política y qué mueve la política en las mujeres? Centro de Documentación y Estudios. https://www.cde.org.py/publicacion/%E2%80%AAlas-mujeres-y-la-politica-en-paraguay-que-mueven-las-mujeres-en-la-politica-y-que-mueve-la-politica-en-las-mujeres/](https://www.cde.org.py/publicacion/%E2%80%AAlas-mujeres-y-la-politica-en-paraguay-que-mueven-las-mujeres-en-la-politica-y-que-mueve-la-politica-en-las-mujeres/)   -Bareiro Gaona, C., Encina Gaona, M., Pereira, M. M., & Valladares Barriocanal, M. (2025). Democracia en disputa: Mujeres, poder y violencia política en Paraguay. En Derechos humanos en Paraguay 2025. Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay. https://www.codehupy.org.py/wp-content/uploads/2025/12/Informe-DDHH-2025_web.pdf](https://www.codehupy.org.py/wp-content/uploads/2025/12/Informe-DDHH-2025_web.pdf)  

A las mujeres que nos enseñan a mirar

Gracias tía. Gracias por existir en mi vida con esa profundidad tuya que a veces me hace pensar que hay pedacitos de mí que fueron escritos con tu letra y voz. Hay personas que llegan a nuestras vidas y dejan huellas. Otras, en cambio, se vuelven parte de la arquitectura misma de quienes somos. Vos pertenecés a esa segunda caegoría. Cuando intento reconstruir la historia de mis afectos, de mis búsquedas, de mis lecturas y de mis convicciones, inevitablemente te encuentro. La memoria trabaja así: no como una línea recta, sino como un tejido de escenas, conversaciones, libros prestados, viajes compartidos, silencios cómplices y gestos aparentemente pequeños que terminan transformando una vida. Fuiste quien me abrió ventanas que yo ni sabía que existían. Me acercaste a la sociología, a las Mais do Santos, a Lemebel y a otros mundos posibles. Me mostraste que existen muchas maneras de ser, de sentir y de habitar la vida. Con vos entendí que el conocimiento no es solamente una acumulación de saberes, sino una forma de comprender el mundo y, también, de transformarlo. Pero las enseñanzas más profundas no llegaron únicamente a través de los libros. Mi primer encuentro con el feminismo no fue una teoría ni una consigna. Fue verte caminar la vida. Fue observar una mujer libre, digna, autónoma y profundamente fiel a sí misma. Mucho antes de conocer palabras como emancipación o igualdad, aprendí de vos que la libertad se construye en decisiones cotidianas, en la valentía de elegir el propio caminio aún cuando no sea el más fácil. Entre las muchas cosas que me dejaste, hay una forma particular de mirar el mundo. Una atención paciente hacia aquello que suele pasar desapercibido. Los objetos cotidianos, las conversaciones largas, los paisajes que parecen hablarnos y las pequeñas maravillas escondidas en la rutina. DE vos aprendí que un frasco de vidrio puede ser mucho más que un recipiente, que un servilletero puede guardar una historia, que un libro puede cambiar el rumbo de una vida y que ciertas conversaciones tienen la capacidad de rescatarnos cuando menos lo esperamos. Gracias por regalarme el amor por los libros, las ganas de andar por el mundo y esa curiosidad que nunca termina. Gracias por sembrar en mí la idea hermosa de que siempre se puede aprender algo nuevo, incluso alemán, incluso a cualquier edad, incluso cuando parece tarde. También aprendí de vos algo que me acompaña hasta hoy: que decir no puede ser un acto de amor propio. Que el enojo tiene una potencia transformadora cuando señala una injusticia. Que hay momentos para sostener y momentos para soltar. Que cuidarse también es una forma de dignidad. Durante mucho tiempo pensé que la herencia era solo algo material. Con los años entendí que las mujeres heredamos otras cosas: maneras de mirar, preguntas incómodas, gestos de resistencia, formas de amar, de cuidarnos y de sobrevivir. Hoy puedo ver que nuestras conversaciones formaban parte de una historia más larga. La historia de mujeres que abrieron caminos para otras mujeres. De quienes compartieron libros, ideas y deseos para que las que veníamos detrás pudiéramos llegar un poco más lejos.  Pienso que muchas de nuestras historias feministas nacen precisamente así: en los vínculos que nos sostienen. En las sobremesas. En las cocinas. En los viajes compartidos. En las recomendaciones de lectura. En esas conversaciones que nos cambian sin que nos demos cuenta de inmediato. Vos fuiste una de esas mujeres para mí. Y entre las muchas cosas que me regalaste está la certeza ed que existen infinitas maneras de vivir. Como un caleidoscopio – de esos que tanto te gustan – me enseñaste que ningún camino vale más que otro si nace de un deseo honesto. Que la vida no consiste en ajustarse a un molde, sino en animarse a construir una forma propia de estar en el mundo. Te quiero con todo mi corazón, tía. Te llevo conmigo en mis decisiones, en mis lecturas, en mis búsquedas, en mis dudas y en mis ganas de ser un poquito mejor cada día. Si hoy puedo imaginar otros mundos posibles es porque hubo mujeres que me enseñaron a mirarlos antes de que existieran. Vos sos una de ellas. Nada de lo que me diste se pierde. Todo sigue creciendo en mí. Con todo mi amor, Clemen.

¿Y si la próxima amenaza a los derechos de las mujeres también tiene rostro de mujer?

*Por: Ana María Quintero El cuento de la criada, la novela de Margaret Atwood que años después fue adaptada a una exitosa serie de televisión, retrata una sociedad en la que las mujeres han perdido el derecho a decidir sobre sus cuerpos, su papel queda reducido a la reproducción y cualquier forma de familia o identidad que se salga de la norma es perseguida. Pero una de las cosas más inquietantes de esa historia no es únicamente el poder que ejercen los hombres. También muestra cómo algunas mujeres ayudan a construir, defender y legitimar ese mismo sistema.   No, no estoy diciendo que Colombia sea Gilead. Lo que creo es que la historia de Atwood plantea una pregunta que sigue siendo muy vigente: ¿basta con que haya mujeres en el poder para que avancen los derechos de las mujeres?   La respuesta es no. Y algunas de las mujeres que rodean al presidente electo Abelardo de la Espriella ayudan a entender por qué. Varias de ellas han construido su carrera política defendiendo iniciativas que buscan restringir el acceso al aborto, cuestionar los derechos de las personas LGBTIQ+ o promover una idea única de familia. Es ahí donde aparecen los paralelos con personajes como Serena Joy.   Muchas personas recuerdan a los comandantes como los principales responsables del régimen en la ficción de Margaret Atwood, pero olvidan que personajes como Serena Joy también fueron fundamentales para construir y defender ese modelo de sociedad.   Serena era una mujer con voz, influencia y reconocimiento público que promovía una visión conservadora de la sociedad y del lugar que debían ocupar las mujeres: estrechamente ligado a la familia, la maternidad y los roles tradicionales de género. Y cuando se observan algunas de las figuras femeninas que acompañan al hoy presidente electo, aparecen ecos de esa misma lógica.   Los primeros nombres que rodean al presidente electo muestran una coincidencia difícil de ignorar. Varias de las mujeres que podrían tener influencia en su gobierno han hecho de la oposición al aborto una de sus principales banderas políticas.   Una de ellas es Carol Borda, congresista electa por Bogotá por el partido Salvación Nacional, integrante del movimiento provida y miembro de la Misión Carismática Internacional, conocida como Iglesia G12.   Como integrante del equipo asesor de la concejal de Bogotá Clara Sandoval, hoy partidaria del presidente electo  Abelardo de la Espriella, Carol Borda participó en la construcción del Proyecto de Acuerdo 340, conocido como “Ruta por la Vida”. De acuerdo con Causa Justa y diversas organizaciones de salud, esta iniciativa suponía retrocesos en el acceso al aborto y limitaba el derecho de las mujeres a decidir sobre sus proyectos de vida.   Además, en la actualidad, Borda prepara un proyecto de reforma constitucional para modificar el artículo 11 de la Constitución y reconocer jurídicamente la existencia humana desde el momento de la concepción. Una medida de este tipo supondría nuevas restricciones al derecho a decidir, abriría la puerta a la persecución y criminalización de quienes interrumpen su embarazo y podría empujar a muchas mujeres a recurrir nuevamente a abortos clandestinos e inseguros.   También dirige la Fundación Nazer, organización que se ha opuesto al fallo de la Corte Constitucional que despenalizó el aborto hasta la semana 24 y al proyecto de ley integral trans.   Otra figura es Sara Castellanos, senadora electa por Salvación Nacional e hija de los pastores y fundadores de la Iglesia G12. Tras la sentencia C-055 de 2022, que despenalizó el aborto hasta la semana 24, Castellanos impulsó un “Referendo por la Vida” que, al igual que la propuesta de Borda, buscaba modificar el artículo 11 de la Constitución para reconocer el derecho a la vida desde la concepción.   Castellanos ha defendido una concepción tradicional de la familia, entendida como la conformada por madre, padre e hijos, dejando por fuera otras formas de organización familiar reconocidas social y jurídicamente. Asimismo, ha cuestionado la educación sexual y los contenidos sobre diversidad en las escuelas, y ha acusado a Fecode de promover la llamada “ideología de género”, una narrativa impulsada por movimientos conservadores y antigénero que busca deslegitimar las luchas feministas y los derechos de las personas LGBTIQ+, alimentando discursos de exclusión y obstaculizando avances en materia de igualdad y reconocimiento de la diversidad.   Pero esta agenda no se limita a las nuevas congresistas. También aparece en algunos de los nombres que han sonado para integrar el gabinete.   Dentro de los posibles nombres que suenan para integrar el gabinete de ADLE está el de Viviane Morales, exfiscal general de la Nación, quien en 2016 promovió un referendo que buscaba restringir la adopción a parejas homosexuales. La iniciativa desconocía la Sentencia C-683 de 2015 de la Corte Constitucional, que reconoció el derecho de las parejas del mismo sexo a adoptar, y fue cuestionada por la Defensoría del Pueblo por afectar los derechos fundamentales de niños y niñas, así como el principio de no discriminación. Finalmente, la propuesta fue archivada en la Comisión Primera de la Cámara de Representantes.   Y se suma el nombre de Juliana Gutiérrez Zuluaga, quien suena como posible directora del ICBF. Hermana del actual alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, y candidata al Senado en las recientes elecciones por el movimiento Creemos, liderado por su hermano, Gutiérrez durante su campaña al Senado abanderó temas relacionados con la niñez y las mujeres desde su experiencia personal. Más allá de ello, no se evidencia una trayectoria sólida en la formulación o implementación de políticas de protección integral a la infancia, un aspecto relevante para dirigir una entidad como el ICBF.   Otro de los nombres que ha sonado para integrar el gabinete es el de María Fernanda Cabal, ex-senadora del Partido Centro Democrático, quien podría asumir el Ministerio de Defensa. Cabal ha sido una de las voces más visibles en la difusión de discursos sobre la llamada “ideología de género”, se ha declarado abiertamente provida y ha manifestado que, a partir de una experiencia personal vivida hace más de dosSeguir leyendo “¿Y si la próxima amenaza a los derechos de las mujeres también tiene rostro de mujer?”

Dios, patria y familia: ¿de quién?

*Por Patricia Polania Niño Hasta 1932, en Colombia, una mujer no podía tomar decisiones propias ni al cumplir la mayoría de edad. Decidía el padre. Luego, el marido. Fue necesario un acto legislativo para que la ley reconociera que éramos sujetas de derechos, no extensiones de un hombre. Veintidós años después, en 1954, conseguimos votar. Lo consiguieron mujeres organizadas que aguantaron burlas, desprecio y décadas de puertas cerradas. Después vendría el divorcio, la igualdad jurídica, la tipificación del feminicidio como delito autónomo “La Ley Rosa Elvira Cely”, construida por organizaciones de mujeres que defienden los derechos humanos y la vida, y en 2022, el aborto libre hasta la semana 24, el derecho que Colombia le ganó al continente no por generosidad de ningún presidente sino por la demanda de Causa Justa ante la Corte Constitucional.   Cada uno de esos derechos costó generaciones. Y todos están en el menú de lo que un proyecto como el de Abelardo puede desmontar, uno por uno, sin que él tenga que decirlo explícitamente.   Porque Abelardo no habla de quitar derechos. Habla de la familia. Habla de “valentía, generosidad, humildad y amor incondicional”, que es su manera de describir el trabajo de cuidado no pagado que recae sobre las mujeres. El 89,8% de las mujeres colombianas realiza trabajo no remunerado, dedicando en promedio más de siete horas diarias a esas labores, más del doble que los hombres. El DANE calcula que ese trabajo equivale al 20% del PIB nacional, por encima del comercio y la manufactura. Eso no es amor. Es la economía y llamarlo virtud es la forma más elegante de no pagarlo.   Habla de “la estabilidad del hogar como fundamento del orden nacional”  y también de roles “definidos” en la crianza, lo que excluye a las familias que no caben en su molde. Habla de Dios con quien tiene, según él mismo, comunicación directa sobre su candidatura como argumento de política pública, justo cuando quiere sacar a Colombia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el organismo que ha sido escudo regional de los derechos sexuales y reproductivos. Y habla de armar a los civiles en un país donde, entre enero y agosto de 2024, Medicina Legal registró más de 32.000 casos de violencia intrafamiliar contra mujeres y 187 feminicidios, el 69% cometidos con un arma encontrada en el propio hogar.   ¿Entonces cuál es el peligro de Abelardo? Que sea exactamente lo que parece: un hombre que cree sinceramente que la familia tradicional protege a las mujeres, cuando los datos dicen que es precisamente ahí donde más nos matan. “La manada del tigre avanza con la convicción de que solo el amor constante y la autoridad moral pueden devolverle la grandeza a nuestra amada patria”.   Vale la pena entonces preguntarse de qué familia está hablando, porque la Colombia real no se parece mucho a la que él describe. Según el DANE, el 46,5% de los hogares colombianos están encabezados por una mujer, y en el 68,8% de esos casos, esa mujer no tiene pareja. Son 8,5 millones de hogares sostenidos por madres, tías, abuelas, hermanas mayores, la red de cuidado invisible que este país ha necesitado siempre y que ningún discurso sobre la familia tradicional ha sabido nombrar. Y cuando los padres están, no siempre responden: cada año se presentan entre 16.000 y 70.000 denuncias por inasistencia alimentaria, el 86% contra hombres, y el 92% de las demandas de alimentos las interponen mujeres que quedaron solas frente a la crianza. Ignorar ese país no es un error político: es una forma de violencia.   El problema no es que Abelardo crea en Dios. Así como lo dice anunciando su cierre de campaña: “Cerraré mi campaña en el último día de plaza pública en la ciudad del milagro. Iré ante el Señor de los Milagros en Buga para pedir la sanación de nuestra nación y rogar su divina intervención para ganar la batalla espiritual que estamos librando en contra del mal”.» El problema es que Colombia es un Estado laico y social de derecho, y ningún presidente puede imponer su lectura de la familia a toda la población. La Constitución del 91 nació precisamente de reconocer que en este país conviven infinidad de religiones, de formas de vivir, de maneras de entender el mundo y que esa pluralidad no es un defecto sino lo que nos define. Los derechos de los niños y las niñas no le pertenecen a la familia tradicional ni a ninguna doctrina: les pertenecen a ellos. Y en un país tan violento como Colombia, donde la garantía de derechos ha costado vidas, no puede estar subordinada a las creencias personales de quien gobierna.   Esta es una pregunta para todas las mujeres que quieran leer esta columna, sin importar cómo voten el 21 de junio: ¿a quién le entregamos la custodia de los derechos que tardamos décadas en conquistar? Porque nadie nos los dio. Los peleamos nosotras en las calles, en los juzgados, ante las cortes, desde el duelo convertido en ley. Y esa historia no se le puede entregar a quien ni siquiera la conoce.  

El manual de la ultraderecha para atacar a las feministas en América Latina

Con la toma de posesión del presidente antiabortista José Antonio Kast en Chile, los activistas advierten que su agenda podría repetir los retrocesos ya vistos en otros países de la región * Por Ester Pinheiro Desde 2019, los gobiernos de extrema derecha en América Latina, desde Brasil y El Salvador hasta Argentina, han estado adoptando estrategias similares para atacar los derechos de las mujeres y la población LGBTQ+ y debilitar las políticas de salud sexual y reproductiva. Ahora, otro líder de extrema derecha ha llegado al poder en la región: José Antonio Kast, en Chile. Hijo de un alemán, quien fue miembro del partido nazi, Kast asumió un mandato de cuatro años en marzo de este año. Desde entonces, los movimientos feministas chilenos se han movilizado en respuesta a posibles reformas y políticas de su gobierno que podrían amenazar los derechos conquistados tras décadas de lucha. El gobierno de Kast, considerado el mayor giro a la derecha en Chile desde el fin de la dictadura militar en 1990, ya empieza a mostrar indicios de su agenda. Es importante comprender qué cambios podrían producirse durante su presidencia. Cambios en la educación sexual en las escuelas Kast pretende reformar la educación sexual en las escuelas. Durante su primera campaña presidencial en 2017, abogó por la eliminación de programas escolares y contenidos curriculares que, según él, “promueven el aborto y las llamadas ideologías de género”. El año pasado, volvió al tema prometiendo “garantizar una educación sin ideologías”. La propuesta contrasta con la del expresidente de izquierda Gabriel Boric. En enero de 2026, el gobierno de Boric reanudó un proyecto de ley para ampliar la educación sexual en las escuelas, lo que enfrentó una fuerte oposición de parlamentarios de extrema derecha, quienes la calificaron de “ideológicamente motivada”. El texto fue aprobado por un Comité de educación del Congreso en marzo pero aún debe pasar por otros trámites legislativos antes de convertirse en ley. La postura de Kast se hace eco de discursos ya conocidos en Brasil, como el movimiento “Escuela sin partidos políticos”, alimentada durante el gobierno de Jair Bolsonaro (2019-2022), quien buscó restringir la educación sexual asociándola con la “sexualización temprana” y el “adoctrinamiento ideológico”. En El Salvador, el presidente Nayib Bukele, en el poder desde 2019, también adoptó medidas similares. En 2022 el Ministerio de Educación ha eliminado del currículo de secundaria los materiales sobre educación sexual, prevención de la violencia de género y orientación sexual. Violencia digital La violencia digital, como el acoso en línea y el discurso de odio, ha sido utilizada como herramienta por movimientos de extrema derecha y gobiernos. En Chile, Martín de la Sotta, director de Chile Necesita ESI, una organización que promueve la educación sexual, afirma que los ataques en redes sociales se han intensificado desde la campaña presidencial de Kast el año pasado, con el objetivo de intimidar y silenciar a los activistas. El propio De la Sotta fue víctima de una campaña coordinada de acoso digital. “Me tomaron fotos en una fiesta y las publicaron en internet diciendo: ‘Este es el pedófilo que quiere abusar de sus hijos’, y cosas por el estilo”, dijo. Emilia Schneider, la primera parlamentaria abiertamente transgénero de Chile, reelegida el año pasado, también fue victima de ataques en línea. Fotos de ella antes de su transición comenzaron a circular en las redes sociales. “Su nombre es Emilia, pero publicaron las imágenes llamándola ‘Emilio’”, dijo de la Sotta. Feministas exiliadas Las amenazas y las campañas de intimidación han llevado a periodistas y voces feministas a abandonar sus países de origen cuando escriben sobre género, denuncian violaciones de los derechos humanos o critican las políticas de gobiernos de extrema derecha. La periodista argentina Luciana Peker afirma que el acoso en línea que sufrió se intensificó tras la publicación de un reportaje sobre el aumento de casos de feminicidio en 2022, resultando en amenazas de muerte. En diciembre de 2023, diez días después de que el presidente de extrema derecha Javier Milei asumiera el cargo en Argentina, ella abandonó el país. “La violencia provenía de sectores vinculados a quienes entraron en el gobierno de [Milei], por lo que no existían condiciones seguras para hablar, escribir, vivir o trabajar”, dijo Peker. En Brasil, después de la elección de Bolsonaro en 2018, un patrón de intimidación similar llevó a la especialista en derechos reproductivos Debora Diniz a abandonar el país. Afirma haber recibido repetidamente acoso en línea y amenazas de muerte de grupos de extrema derecha tras su testimonio ante el Tribunal Supremo Federal en defensa de la despenalización del aborto. Diniz explica que la cuestión de género es fundamental en la estrategia de la ultraderecha. “Controlar a las mujeres —cuándo, cómo y con quién tienen hijos— significa controlar la reproducción de la vida social y, en última instancia, la reproducción del poder”, afirmó. Dinámicas de intimidación similares también fueron documentadas en El Salvador bajo el gobierno de Bukele. Según Cristosal, una organización local de derechos humanos, decenas de activistas y periodistas mujeres se vieron obligadas a abandonar el país debido al ambiente represivo. Obstáculos para acceder al aborto Kast abogó por el retorno a una prohibición total del aborto, incluso en casos de violación, y afirma que “defiende la vida desde la concepción hasta la muerte natural”, una opinión compartida por los miembros de la Iglesia Católica en Chile y por sus partidarios evangélicos. Tras la reforma legal de 2017, el aborto está permitido actualmente solo en tres casos en Chile. Riesgo para la vida de la mujer, violación o inviabilidad fetal. Cerca de 80% de la población chilena está a favor del aborto, al menos bajo ciertas circunstancias. La administración anterior de Boric propuso un proyecto de ley para permitir que las mujeres tengan un aborto hasta las 14 semanas. El proyecto avanza lentamente en el Congreso, pero enfrenta importantes obstáculos en las comisiones lideradas por partidarios de Kast. “Es poco probable que sea aprobado”, afirma Anamaría Arriagada, presidenta del Colegio Medico de Chile, la asociación médica nacional. Activistas advierten queSeguir leyendo “El manual de la ultraderecha para atacar a las feministas en América Latina”

13 de mayo: la apuesta por instalar el Día de la Educación Sexual Integral en Chile

Por Amapola Varas Briones   En octubre de 2025 se realizó el Primer Congreso de Educación Sexual Integral (ESI) de Chile, organizado por la Fundación Chile Necesita ESI en la Facultad de Educación de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Durante tres días de congreso, participaron más de 450 personas en espacios de reflexión y diálogo sobre la urgencia de avanzar hacia una política de Educación Sexual Integral para el país. Lo que comenzó como un hito académico y de articulación social, rápidamente se transformó en una nueva apuesta política y cultural: impulsar el 13 de mayo como el Día Nacional de la Educación Sexual Integral. La iniciativa surge en un contexto marcado por la discusión legislativa sobre el proyecto que busca incorporar contenidos obligatorios de prevención y autocuidado en los programas de educación sexual, impulsado por la diputada Emilia Schneider junto a otras parlamentarias y parlamentarios. Pero también nace desde una convicción más profunda: que Chile aún mantiene una deuda estructural con la educación sexual. La convocatoria ha reunido a distintas organizaciones de la sociedad civil, entre ellas Chile Necesita ESI, Fundación Bienestar Mayor, Red Docente Feminista, Amnistía Internacional, Corporación MILES y APROFA. Una deuda educativa pendiente Para Martín de la Sotta, Director Ejecutivo de Chile Necesita ESI, el impulso de esta conmemoración responde a un diagnóstico compartido entre múltiples organizaciones: “Ha sido difícil tanto para el movimiento social como para las políticas públicas abordar la sexualidad desde el ámbito educativo. Hemos tenido avances en salud, pero es el sistema educativo el que sigue en deuda”. La propuesta de Educación Sexual Integral (ESI) busca superar una mirada reducida o exclusivamente biomédica de la sexualidad. Habla de prevención del abuso sexual infantil, pero también de autonomía, afectividad, ciudadanía, vínculos, prevención de violencias, salud sexual y reproductiva, diversidad y bienestar a lo largo de toda la vida. “La ESI agrupa demandas muy diversas entre sí y justamente por eso ha costado construir una narrativa común”, explica Martín. “Necesitamos un espacio que permita encontrarnos, reflexionar y también incidir políticamente”. ¿Por qué un nuevo día? Una de las preguntas que ha surgido es por qué impulsar una nueva efeméride, considerando que el 21 de junio ya se conmemora el Día de la Educación No Sexista. Desde Chile Necesita ESI sostienen que, aunque ambas luchas están profundamente conectadas, no son equivalentes. “La educación no sexista es parte del corazón de una propuesta de ESI. (…) Pero la Educación Sexual Integral aborda de manera más amplia los procesos de enseñanza y aprendizaje sobre sexualidad, afectividad y desarrollo humano”. La discusión incluye desde el conocimiento del propio cuerpo hasta el acompañamiento emocional, el consentimiento, la ciudadanía digital, la prevención de abuso sexual infantil y diversos tipos de violencias, como también el impacto de las redes sociales en las relaciones afectivas y sexuales. “Muchas veces, por concentrarnos en las desigualdades de género, olvidamos que también necesitamos fortalecer aprendizajes concretos sobre sexualidad y afectividad dentro de las escuelas”, agrega. Recuperar la memoria: el regreso de las JOCAS Parte importante de esta campaña ha sido volver sobre una experiencia que permanece viva en la memoria educativa chilena: las JOCAS (Jornadas de Conversación sobre Afectividad y Sexualidad), implementadas durante los años noventa. Durante abril, la organización realizó una gira por distintos territorios del país para reeditar simbólicamente estas jornadas y abrir nuevamente conversaciones sobre sexualidad en comunidades educativas. “Nos dimos cuenta de que las JOCAS siguen siendo uno de los pocos recuerdos colectivos de educación sexual en Chile”, comenta. “Muchas personas recuerdan que ahí pudieron hacer preguntas que nunca antes habían podido formular”. Las jornadas originales se desarrollaron en 1996 y 1997, suspendiendo actividades escolares para generar espacios de conversación donde el protagonismo estaba puesto en las inquietudes de adolescentes y jóvenes. Sin embargo, la reedición no busca idealizar el pasado. “También queremos revisarlas críticamente”, explica. “¿Es suficiente hablar de sexualidad tres días al año? ¿O deberíamos pensar en una transversalización real dentro del currículum y de las comunidades educativas?”. Para la organización, revisitar las JOCAS no es un ejercicio de nostalgia, sino una forma de recordar que Chile ya fue capaz de abrir estas discusiones públicamente. “Si hace treinta años el país pudo conversar sobre cómo educar en sexualidad, también puede volver a hacerlo”. Entre el Día del Estudiante y el Día de las Familias La elección del 13 de mayo tampoco es casual. La fecha se ubica entre dos efemérides significativas: el Día del Estudiante, el 11 de mayo, y el Día Internacional de las Familias, el 15 de mayo. “Por mucho tiempo nos dijeron que la sexualidad iba a ser un punto de conflicto entre las familias y las escuelas”, plantea Martín. “Nosotros creemos exactamente lo contrario”. En un contexto donde los discursos conservadores han utilizado la sexualidad como un eje de polarización política y cultural, la campaña busca reinstalar la conversación desde el encuentro y no desde el miedo. “Si hay un tema donde las familias y las escuelas necesitan trabajar juntas, es precisamente la educación sexual”, concluye. La apuesta del 13 de mayo es, finalmente, abrir nuevamente una conversación que Chile mantiene pendiente: cómo construir una educación sexual integral, democrática y capaz de acompañar las vidas reales de niños, niñas, adolescentes y comunidades educativas enteras. El llamado es a reunirse el día 13 de mayo a las 18:00 hrs en el Paseo Bulnes en Santiago para La clase de educación Sexual Integral más grande Chile.

El mártir como mandato de la masculinidad

Por: Paula Forero   El patriarcado no solo oprime cuerpos: también los fabrica para el sacrificio. Cuerpos de hombres que deben estar disponibles para morir por una causa mayor. Esa relación entre masculinidad y el “mártir” no es solo una figura narrativa: es una columna vertebral del poder político.   Tras el asesinato de Miguel Uribe Turbay, su padre declaró: “Hijo, tu sacrificio no será en vano”. El dolor se convirtió en instrumento político, evidenciando lo normalizado que tenemos como país que la muerte pueda aprovecharse para impulsar una causa. Estas declaraciones no son una anomalía en la política colombiana. Daniel Quintero, Gustavo Petro y tantos otros a lo largo de la historia han prometido que “morirían por el país”, apelando incluso a la bandera roja, blanca y negra que ahora acompaña al Presidente en varias ocasiones, con el lema atribuido a Bolívar: “Libertad o muerte”. Para la política masculina, un líder se prueba en la disposición a entregar su vida.   Entre las miles de cosas machistas que tienen en común la izquierda, la derecha y el centro —y, en general, la política masculina— está su obsesión con el sacrificio. No basta con vivir por la causa. La prueba máxima es morir por ella. La masculinidad hegemónica se sostiene sobre varios pilares, incluidos la valentía, la glorificación del dolor y el rechazo total del miedo y la vulnerabilidad. Morir “por algo más grande” se ofrece como evidencia final de hombría: un “verdadero hombre” preferiría caer muerto antes que admitir que siente y que teme. Esta es solo otra forma de huir de la vulnerabilidad, porque el sufrimiento se lee como coraje.   El mártir encarna ese ideal: es quien lleva el sacrificio al extremo, incluso a la muerte, mostrando que el compromiso y la hombría están por encima de la propia supervivencia. Deja de ser persona y se convierte en símbolo, en propaganda. Una historia útil, una bandera que otros pueden agitar. Su cuerpo se vuelve herramienta narrativa del poder. Pero esa lógica tiene costos profundos: la vida que se le exige entregar, la angustia que debe esconder, el dolor que debe callar.   La glorificación del sacrificio no es una acción inofensiva: corroe el proyecto colectivo; implica que el vivir y la lucha cotidiana se devalúen frente al morir heroico. Así, la entrega diaria —marchar, organizarse, defender derechos, cuidar lo común— queda relegada a un papel secundario. Se instala la idea de que la verdadera transformación sólo se consigue con sangre, como si la vida no alcanzara para cambiar nuestra realidad.   El bienestar deja de asumirse como un derecho y empieza a presentarse como un premio que otros reclaman en nombre del mártir. Cuando la muerte se convierte en símbolo de honor, proteger la vida deja de ser prioridad. Y si morir por la patria es glorioso, los asesinatos políticos dejan de verse como un fracaso del Estado y pasan a justificarse como “sacrificios inevitables”. En un país como Colombia —atravesado por la guerra, la violencia partidista, el asesinato de líderes sociales y la idea de que algunos cuerpos deben morir para que la historia avance— estas no son frases retóricas: terminan funcionando como un manual de lo que supuestamente debe ser un “buen líder”.   Así, una elección se convierte en un concurso a ver quién promete la muerte más épica, quién está dispuesto a convertirse en mártir para demostrar que merece gobernar. En cada elección escuchamos la promesa de entrega total, de muerte si es necesario. Pero lo que deberíamos exigir es otro tipo de promesa: la de la vida, la de sostener en cuidado. Lo verdaderamente transformador es que nadie tenga que morir para que el resto pueda seguir.   Es necesario aclararlo: este análisis no afirma que los asesinatos y atentados políticos en Colombia ocurran por el mandato de la masculinidad o la glorificación del mártir. La violencia política es absolutamente reprochable y jamás sería responsabilidad de quienes la sufren. Lo que quiero señalar es una narrativa que se ha normalizado en nuestra política: la idea de que la muerte por una causa es el punto más alto del compromiso. Entiendo que en este país ningún derecho ha sido regalado, que muchas conquistas se han logrado en las calles y que, lamentablemente, han tenido víctimas mortales. Pero creo que es momento de detenernos y cuestionar esos mensajes que todos los sectores repiten. Desromantizar la violencia que marcó especialmente los años 70, 80 y 90. Hacer un llamado urgente a cuidar la vida. Porque ninguna causa, ningún partido y ningún líder político está por encima de ella.   Es importante recordar que quienes más han sostenido la vida en medio de tantas muertes y asesinatos han sido las mujeres. Han entendido desde siempre el valor de la vida y del cuidado, porque reconocen los costos reales que deja cada mártir: el vacío, el duelo, la comunidad que se fractura, acompañar a quienes se quedan. Por eso han centrado su lucha en resguardar la existencia y su dignidad, conscientes de que ningún proyecto político puede sostenerse si exige cuerpos sacrificados como punto de partida.   Por eso, propongo una pregunta: ¿queremos líderes dispuestos a desaparecer para probar que son hombres? ¿Queremos líderes que honren la vida o que la entreguen para ser reconocidos? La masculinidad que se define por matar y morir ya nos ha costado demasiado.  

La herida invisible: niñas atrapadas entre usos, costumbres y silencio

Por: Emilia Heinz   ¿Qué pasa cuando a una niña la obligan a iniciar una relación con un hombre mucho mayor? La sociedad se indigna, lo condena, lo señala y tristemente, lo olvida. Son prácticas enquistadas bajo el nombre de “tradiciones”; el intento de cuestionarlas se apaga pronto, sofocado por una resignación colectiva que prefiere normalizarlas antes que confrontarlas. En ese silencio, se perpetúan desigualdades, violencias y omisiones, desdibujando el verdadero sentido de la autonomía indígena.   La autodeterminación de los pueblos indígenas es un principio fundamental, pero no debe convertirse en escudo para justificar prácticas que vulneran vidas. Los sistemas normativos tradicionales (lo que comúnmente conocemos como usos y costumbres) no pueden estar por encima de los derechos humanos de niñas y niños.   Durante mucho tiempo, algunos usos y costumbres han sido, y seguirán siendo, señales de alerta mientras no nombremos las cosas por lo que son: uniones tempranas y matrimonios forzados. Para que exista una unión temprana, no hace falta una ceremonia. Basta con que una niña sea convencida o presionada para irse a vivir con un hombre mayor y asumir el rol de esposa.    En algunas regiones, esa “decisión” responde a acuerdos entre familias, donde la niña se intercambia por una despensa, unas gallinas o, simplemente por el “honor” y aunque esperen a que cumpla 18 años para llevar a cabo el reconocimiento legal, la violencia ya ocurrió, porque cuando no hay consentimiento libre, pleno e informado, hablamos de un matrimonio forzado. La violencia no deja de ser violencia solo porque alguien la llame costumbre.    Una niña que carga a su propio bebé en lugar de cuadernos no es una anécdota aislada. Es una realidad que se repite. Una situación empujada por la falta de oportunidades o por la creencia de que no hay alternativas. Historias con nombre y apellido, que no se reconocen como injusticias, y por eso se han normalizado generación tras generación.   Actualmente, en Chiapas, según cifras del Censo de Población y Vivienda 2020 realizado por el INEGI, más de 3.500 niñas entre 12 y 17 años viven en condición de unidas o casadas. De esas adolescentes el 7.9% pertenece a pueblos originarios, lo que evidencia una incidencia más alta en contextos indígenas. Y no se trata solo de uniones; según la misma fuente, más de 11.300 niñas ya son madres dentro de ese mismo grupo de edad.   En 2024, Chiapas registró la tasa más alta a nivel nacional de nacimientos en niñas de 16 años o menos. Hubo más de 5.100 partos, lo que equivale a 92 nacimientos por cada 100.000 habitantes. ¿Te imaginas a 92 niñas embarazadas? Algunas de apenas 10 o 12 años, incluso con hombres mayores de 60 años, sin mencionar cuántas de ellas pierden la vida durante el embarazo o el parto. Un hecho terrible.   Muchas de ellas no saben que esa situación nunca debió ocurrir. La unión temprana desencadena abandono escolar, embarazos adolescentes y múltiples formas de violencia: física, sexual y psicológica. Lo más alarmante es que muchas ni siquiera lo identifican como una injusticia, porque han aprendido que “así debe ser”.   Aunque el matrimonio infantil está prohibido por ley en México desde 2019, la norma aún choca contra una realidad persistente: una deuda histórica con las niñas, que no se salda con discursos bienintencionados, sino con voluntad política, inversión pública, educación y acción comunitaria.   Los derechos de las niñas no pueden depender del lugar donde nacieron, tampoco pueden ser vistas como moneda de cambio o soluciones económicas para sus familias. Visibilizar estos temas no significa exhibir ni juzgar moralmente, significa actuar con responsabilidad ética y sentido de urgencia.   Necesitamos abrir espacios seguros, donde las niñas puedan informarse, decidir y expresarse. Donde su voz cuente. Reconocer este problema es el primer paso para abrir caminos donde cada niña pueda elegir su propia vida, sin miedo, sin presiones, sin que nadie decida por ella.   Llamemos violencia a lo que muchos llaman tradición. Llamemos delito a lo que muchos ven como costumbre y reconozcamos a las niñas por lo que son: personas, mujeres, libres, con conciencia propia. Acompañémoslas a soñar, imaginar futuros distintos, saberse capaces. No basta con señalar lo evidente ni juzgar a las comunidades: hay que cuestionar las estructuras que están fallando.   Respetar los usos y costumbres no significa aceptar la injusticia. Podemos hacerlo desde la cultura, desde la educación y desde los derechos humanos. Porque no todo lo que ha sido siempre tiene que seguir siendo.   Nombrémoslo. Cuestionémoslo. Y si incomoda… es porque ya no estamos dispuestas a callar.

Privilegio. Los orgasmos de la resistencia

*Por Mónica Bareiro @monibareiro   Voy a usar 900 palabras para hablar sobre los orgasmos que me di yo misma. ¿Habrá una forma de contabilizarlos? No creo, porque antes de ser consciente de que eso que pasaba cuando me tocaba con tanto gusto, tenía un nombre, ya hubo muchos. Soy una privilegiada.      “E” no lo era tanto, aprendió a masturbarse a los 32 años por impulso de un novio extranjero. Mi amiga “M” no lo hace porque le da asco, sí, le da asco su propio cuerpo heteronormativo… Nunca ninguna parte de mi cuerpo, incluso las partes menos normativas, me dio asco. Soy una privilegiada.   Como todo en la vida, con el tiempo fui perfeccionando mis técnicas o los rituales alrededor de tocarme, de sentirme, escucharme y correrme. Hoy, que vivo a pleno lo que considero “madurez sexual”, tengo la certeza de que no sería posible si no conociera tanto cada parte de mi cuerpo y su capacidad de respuesta a los estímulos. Masturbarme me ayudó a disfrutar más de mis momentos compartidos. Ese también es un privilegio.   Cuando mucha gente necesita un juguete, un estímulo externo o sentir con el corazón a otra persona para liberarse, fluir y gozar, para mí, masturbarme es una necesidad básica y natural, como tomar agua. Innegociable.   Como la mayoría de las personas de mi alrededor, no tuve educación sexual. Mucho de lo que sé, lo aprendí con la pornografía, leyendo, escuchando a mis compañeras, porque aunque no sea normal ni frecuente, puedo hablar de ello.    Fundamentalmente, soy una privilegiada porque nací en un país que a pesar de ser machista, no forma parte de los más de 30 estados en el mundo en los cuales todavía se practica la ablación genital femenina, una práctica brutal incentivada por la religión.   No creo “pecar” por mencionar la religión en este escrito porque es el mismo concepto, con diferentes etiquetas, el que prohibiendo, castigando u ocultando, se metió con el placer de millones de mujeres a lo largo de la historia y lo sigue haciendo. Hoy, tengo el privilegio de ser atea y libre de mandatos que puedan intentar meterse con mi placer, en cualquiera de sus formas.   También tengo el privilegio de haber nacido en esta época y no en el siglo XIX, en coincidencia con un tal Jean-Etienne Esquirol, psiquiatra y médico jefe del Hospital Salpêtrière de París, que clasificó la masturbación como trastorno mental. Recién en 1968 se eliminó esta horrible etiqueta, y en 1972 pasó a considerarse “normal” aunque el estigma, el sentimiento de culpa y la vergüenza perduren hasta hoy.   Las redes sociales y la posibilidad de crear comunidad y visibilidad, es otra de las ventajas de haber nacido en 1987, justo dos años antes de que cayera la dictadura de Alfredo Stroessner en Paraguay. Actualmente hay movimientos en redes sociales que brindan información clara, con lenguaje sencillo, sobre el placer femenino y una infinidad de temas más. No es algo banal, o exclusivamente banal, sino de acercar a las personas datos que históricamente nos habían restringido.     Y a pesar de que la política sigue, al igual que la religión, metiéndose con mis placeres y los de mis hermanas, mi autoplacer es algo que no me podrán quitar, es mi derecho, mi privilegio, mi ventaja, mi alegría… No necesito más que mis manos y a veces ni eso…   Podría hablar de las sensaciones, de los sonidos, de cómo mi mente se queda en blanco y me relajo o logro el ánimo necesario para enfrentar mi día de la mejor manera, pero no lo voy a hacer porque entiendo y acepto que la percepción de placer es para todas diferente.   No, no me enseñaron a masturbarme, no sé si mi mamá lo hizo, o si mis hermanas lo hacen, porque en casa no se habla de eso ni se dicen groserías, pero somos libres y yo soy privilegiada, independiente… libre.   Esto no va de ir de sobrada por la vida, va de ir consciente. Porque para disfrutar de la sexualidad, una de las bellezas más grandes de la vida, hay que estar conscientes, explorar, conocer y asumir: ningún placer que no haga daño a terceros, puede dar vergüenza.   Aunque no quisiera, no puedo omitir acá que absolutamente nada de lo arriba mencionado, se relacionó jamás con los hombres. Privilegiados entre privilegiados, nunca cuestionados. No tuvieron que luchar por su placer, ni una sola vez en la historia.   Podría dar datos, citar a mucha gente imprescindible para el placer que a lo largo de los siglos luchó por lo que hoy tenemos, pero escribir esto con mi corazón y mi mayor sentido común, también es un privilegio. Hoy lo uso en compensación a tantas voces que callaron, que murieron sin saber que el mejor elemento para el placer, ya lo traíamos integrado al nacer, porque sí, solo las mujeres tenemos clítoris, todo un enorme órgano con más de 8.000 terminaciones nerviosas cuyo único fin es darnos placer.   Hace unos años empecé a hacerme fotos desnuda y tiempo después, a trabajar en un ensayo fotográfico sobre el autoplacer. Expongo y comparto mi placer porque quiero, porque es parte de la persona que soy y porque ninguna mujer en el mundo debería avergonzarse por ello.   Así que sí, mi autoplacer es un privilegio, no pienso renunciar a él y acabo este texto aquí, porque mis orgasmos fueron y espero que sean millones más, pero 900 palabras es acá mismo.     ——— *Moni Bareiro es periodista y comunicadora. Parte de su carrera se basó en el periodismo ambiental en territorios como el Pantanal paraguayo. Actualmente coordina proyectos de comunicación sobre género y crisis  climática. En 2008 estudió fotografía en el Instituto de la Imagen, participó de exposiciones colectivas en Asunción y San Bernardino. Desde hace un par de años desarrolla ensayos desde el autorretrato, el desnudo y la sexualidad como herramienta política, conjuntamente con la escritura.Seguir leyendo “Privilegio. Los orgasmos de la resistencia”

Quiz feminista: María Rios

María Ríos, nació en Asunción, esta artista multifacética hace música que emociona, inspira y moviliza. Es cantautora, feminista, profesora y gestora cultural. Estudió Letras y canto, y desde el 2016 viene componiendo canciones propias cargadas de contenido social y poético. En 2017 lanzó su primer disco Cantando al sol y desde entonces no paró: fundó la banda Julianas, lanzó sencillos como Cambiar Cambiar y Lo que tanto quiero, y participó en proyectos colaborativos con otras mujeres músicas. Es semillera del movimiento latinoamericano Dándole Cuerda y organizó su XIII Encuentro en Paraguay. Fundó el colectivo “Cancioneras” y publicó el primer libro sobre compositoras paraguayas. Su música cruzó fronteras y llegó hasta Cuba, donde fue invitada al festival “Ella y yo”. En 2025 lanzó una guarania de amor en jopara, disponible en todas las plataformas. Hoy enseña artes literarias y musicales y sigue demostrando que su voz, además de melódica, es profundamente política.     1-Emancipa:¿Cuándo conociste la palabra feminista? María: En el 2010, allá por Uruguay. 2- Emancipa: ¿Cuál es el texto que todo o toda feminista debe leer? María: Descolonizando los afectos de Geni Núñez, es una escritora guaraní de Brasil.     3- Emancipa: ¿Quién es la autora que deberían leer los chicos y chicas en la escuela? María: Todas esas de antiprincesas, que tienen varias autoras y las publica Chirimbote.     4- Emancipa:  ¿Quién es tu heroína feminista? María: La India Juliana, o Juana Azurduy. Pienso en ellas y en la época en la que se revelaron.     5- Emancipa:  ¿Por qué el futuro debe ser feminista? María: Y porque es la única forma de estar vivas, libres y sin miedo.   7- Emancipa: Da una recomendación para que una feminista puede sobrevivir es un espacio y no morir con los  machistas, sexistas, heteronormados, etc. (PD: se puede aplicar fiesta, trabajo, encuentro familiar, etc)  María: Yo recomiendo juntarse con amigas, comprometerse a crear protocolos de cuidados, hablar de espacios seguros y por ende, generar nuevas formas de convivencia para que los machos reconozcan y las pongan en práctica a fin de que el vínculo sea sano y seguro para todas, todos y todes.     *La producción de este material estuvo a cargo de Noelia Díaz Esquivel  

¿Qué pasa cuando educadorxs en sexualidad se juntan?

Por: Karen Noriega   Escribo esta nota de prensa porque cuando una gran amiga, integrante de la Alianza ESI Latam, me contó sobre el Laboratorio, no dudé un segundo en decirle que quería participar.  Me inspiró ver a un grupo de viejas berracas -como le decimos en Colombia a las personas con temple firme- educadoras en sexualidad trabajando a través de zoom, intentando mediar las diferencias de horario, compartiendo sus experiencias y ofreciendo su corazón, como diría Mercedes, por una causa: que todas las personas tengamos autonomía plena sobre nuestros cuerpos y proyectos de vida. Eso es la ESI, la posibilidad de una humanidad que nos duela menos y nos libere más.   Estas educadoras han trabajado en Urabá, Barú, Tierrabomba, Cartagena, Soacha, Bogotá, Medellín y Cali en Colombia. En la periferia de Montevideo y Canelones en Uruguay. En Buenos Aires y Villa Martelli en Argentina. En Comaltepec, Zacapoaxtla, Puebla y Morelos en México. En Ayacucho y Urubamba en Perú. Son mujeres que conocen las necesidades urgentes de sus estudiantes y que, con amor y mucho estudio, decidieron entregarles las herramientas necesarias para la vida en sus salones de clase. Todas son egresadas de los programas de Educación de Enseña por Colombia, México, Perú, Uruguay y Argentina, y son miembros de la red Teach For All.    Son mujeres que han visto cómo sus estudiantes faltan a la escuela por dificultades para gestionar y cuidar de su ciclo menstrual o que tuvieron que renunciar a su proceso educativo por una maternidad que les interrumpió la adolescencia. Esta nota de prensa es solo un poquito de la esperanza en la humanidad que sentí al verlas construir en colectivo, con los retos que trae, pero sopesando las dificultades para posicionar una agenda urgente cuando el contexto apremia. América Latina vive una coyuntura de tensiones Aunque se ha gestado un movimiento social admirable en defensa de los Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos, también enfrentamos un retroceso en términos de igualdad, impulsado por discursos antiderechos y el avance de las nuevas derechas. No es menor, por ejemplo, que en países como Argentina, se difunda una narrativa desinformada sobre la ESI para fines políticos: según el último informe de El Barómetro, en redes sociales circula y se reproduce la idea de que la ESI “adoctrina a las infancias” y promueve la perversión en niños y niñas. Narrativa que, además de ser una afirmación falsa y anticientífica, se distribuye a través de los canales oficiales del gobierno y sus representantes. Es decir, las narrativas antiderechos permean los gobiernos y el desarrollo de políticas públicasen detrimento de toda la población. Educar en ESI a niños, niñas y adolescentes es procurar por experiencias de vida más felices, autónomas y libres de violencia.    Es por eso que este es el momento para organizarse y resistir desde la educación, y la ESI representa una herramienta pedagógica esencial para el cuidado de niños, niñas y adolescencias, así como para el fortalecimiento de la autoestima y la autonomía de todas las personas. La Alianza ESI Latam convocó desde la colectividad, no solo para dignificar el rol educativo, sino para activar a otros sectores en la defensa integral por estos derechos que están bajo amenaza.    Según la ONU, se estima que en la región cada 20 segundos una adolescente se convierte en madre. Una adolescente que, con educación sexual integral y con voluntad política de los Estados, pudo haber disfrutado de su adolescencia: estudiar, jugar, ser feliz y sobre todo, ser dueña de su proyecto de vida. En este contexto, posicionar la ESI como un derecho humano urgente es una tarea que atraviesa los gobiernos, el activismo y los espacios educativos.   Las verdaderas pedagogas re-educativas Se juntaron 9 organizaciones, que integran por la Alianza ESI Latam, para convocar a un Laboratorio de 4 días en Bogotá. Y en su primer versión se atrevieron a sacar una convocatoria regional: más de 60 personas se inscribieron, pagaron hostal, atravesaron la cordillera y llegaron acá, a una ciudad cerca a las estrellas para soñar, compartir, conspirar, dolernos en colectivo y sobre todo, pensar en lo que vendrá.    El Laboratorio ESI Latam es un espacio presencial, creado para construir intercambios entre educadorxs y personas de sectores aliados como salud, justicia y derechos humanos. Su propósito es reflexionar, aprender y conspirar colectivamente para posicionar la ESI en el centro de la garantía de los Derechos Sexuales y Reproductivos en América Latina.   La agenda abarcó la dimensión política de la ESI, la social y comunitaria – relación de la ESI con la construcción de paz, identitaria e interseccional y metodológica con herramientas pedagógicas transformadoras. 4 días de profundizar en cómo la educación de calidad es con ESI.    A la Alianza le interesa trabajar reconociendo los aciertos y aprendiendo de los retos que  hay para superarlos. Abriendo el espacio para que otras personas traigan conocimientos y saberes que alimenten la construcción colectiva y la alegre rebeldía de no perder la esperanza, de seguir luchando por los derechos que ganamos y las victorias que vendrán.    Es así como consolidaremos una comunidad de aprendizaje capaz de responder a contextos sociales y políticos adversos. El Laboratorio está dirigido principalmente educadorxs, pero también a profesionales y activistas de sectores aliados comprometidos con el cuidado de niños, niñas y adolescencias, la educación transformadora y la justicia social. Este es un movimiento regional en defensa de la equidad, la autonomía y los derechos de niños, niñas y adolescencias.   Este es el primero de muchos espacios, espero yo, que les recomiendo no perderse. Este ha sido un año de convulsiones y seguro muchas personas pensaron que ya no hay nada por hacer. Con convicción les digo, hay todo por hacer. No estamos solxs, somos una Alianza.    Por la autonomía de nuestros cuerpos, sexualidades y territorio. ¡Unámonos!   

QUIZ FEMINISTA: REGI RIVAS

  Regi Rivas es dibujante e ilustradora. En 2025 lanzó su libro “Me senté en mi banquito y me puse a llorar”, una obra tan honesta como conmovedora. Desde la tristeza hasta el desamor, pasando por la ternura, el deseo y el feminismo, sus dibujos son una forma de decir lo que a veces no se puede poner en palabras. Su arte es refugio, grito, caricia y rebelión. Es referente de una generación de mujeres que dibujan sin pedir permiso, su arte es una forma de resistir con belleza. Forma parte de la iniciativa Club de Artistas Frustradas y de  Colectiva Robusta. Regi es cruda, honesta y profundamente humana. Ahora conozcamos las respuestas de Regi a nuestro Quiz Feminista 2.5   1-Emancipa:¿Cuándo conociste la palabra feminista? Regi: Creo que a mis 20 recién, tal vez en la adolescencia pero el recuerdo es muy vago. Cómo muchas mujeres de mi generación el feminismo nos llegó un poco tarde.   2- Emancipa: ¿Cuál es el texto que todo o toda feminista debe leer? Regi: A mujeres vivas, siempre. Ya sea hablen de amor, de feminismo, dolor, muerte, etc. Creo que es importante darle fuerza a esas voces contemporáneas que nos están hablando de lo que está pasando en el mundo. A lo largo de la historia se silenció a tantas mujeres que ya no podemos seguir permitiendo lo mismo. Así que: a elegir bien!     3- Emancipa: ¿Quién es la autora que deberían leer los chicos y chicas en la escuela? Regi: Selva Almada.     4- Emancipa:  ¿Quién es tu heroína feminista? Regi: Judith Buttler     5- Emancipa:  ¿Por qué el futuro debe ser feminista? Regi: Porque creo que es el camino de la lucha y justicia social y por la igualdad de género. Creo que ahí está la cuestión, nuestra verdadera liberación del patriarcado y sus infinitos mandatos.     7- Emancipa: ¿Nos darías una recomendación para que una feminista pueda sobrevivir es un espacio y no morir con los  machistas, sexistas, heteronormados, etc.? (PD: se puede aplicar fiesta, trabajo, encuentro familiar, etc)  Regi: Dejar de callarse podría ser. Creo que eso ayudaría a sobrevivir porque nos reivindica en nuestras luchas y deseos. En todos los ámbitos tenemos a hombres, y a veces también mujeres, diciéndonos qué hacer o qué y en vez de estar asintiendo hay que empezar a hacer escuchar nuestras voces, que sepan que no nos callamos más, ante lo chico, ante lo grande, ante lo inmenso.      *La producción de este material estuvo a cargo de Noelia Díaz Esquivel

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