El Ministerio de ~Educación~ la Verdad
*Por Valeria Zayas
En 1984, George Orwell imaginó un Estado que controlaba el pensamiento mediante la manipulación del lenguaje. A través de la neolengua, el régimen reducía deliberadamente el vocabulario, eliminaba matices y restringía la capacidad de expresar ideas contrarias al poder. Casi ocho décadas después, la novela invita a reflexionar sobre las decisiones del Ministerio de Educación en Paraguay.
En 2017, Enrique Riera, entonces ministro de Educación y actual ministro del Interior, prohibió mediante la Resolución Nro 29.664 los materiales referentes a la denominada “ideología de género”. En 2025, Luis Ramírez profundizó esta medida con la Resolución Nro 1803, disponiendo la eliminación del término “género” de los materiales educativos y la sustitución de expresiones como “igualdad de género” y “perspectiva de género”.
Todo esto en un país donde, solo en lo que va de 2026, el Ministerio Público ya registró veinte mujeres asesinadas, veintiocho que sobrevivieron a intentos de feminicidio y más de mil niños y niñas víctimas de abuso sexual en apenas cinco meses.
Mientras tanto, desde el Ministerio de Educación se insiste en que la prevención de la violencia debe abordarse desde la salud mental y el equilibrio emocional, antes que desde la perspectiva de género. Pero el problema no radica en la salud mental, sino en las desigualdades que vivimos hombres y mujeres a diario, ¿cómo pretendemos combatirlas si restringimos los conceptos necesarios para comprender la problemática?
Resulta contradictorio que estas decisiones se presenten como medidas de protección a la infancia. La educación integral, adecuada a cada edad, proporciona las herramientas para reconocer situaciones de abuso, comprender los derechos propios y ajenos y cuestionar conductas discriminatorias. Privar a los estudiantes de conocimientos relevantes no equivale a protegerlos.
Paraguay, además, asumió compromisos internacionales que obligan al Estado a promover la igualdad en la educación. La Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), la Convención sobre los Derechos del Niño y la propia Ley General de Educación paraguaya reconocen principios de igualdad, no discriminación y formación integral.
Eliminar una palabra de los libros no elimina la realidad que describe. Una educación que evita nombrar los problemas difícilmente los enfrenta. Antes de proponer cadena perpetua o sillas eléctricas, los legisladores deberían empezar por comprender qué es lo que está causando dejar a personas incompetentes al mando de su ministerio más importante.
En un Estado que debe garantizar el derecho a la educación de todos los niños y niñas, las convicciones particulares no deberían sustituir el conocimiento científico ni impedir el análisis crítico de las desigualdades.
Orwell comprendió que restringir el lenguaje puede convertirse en una forma de restringir el pensamiento. Paraguay no es la Oceanía de 1984, pero la decisión de suprimir conceptos de las aulas merece un cuestionamiento profundo.