Por Azul Verzura

Cargamos una mochila más pesada que el cemento. Contracturas irreparables, piernas temblando, nervios incesantes, dolores insistentes, discusiones internas, sentimientos antagónicos, excluyentes, no binarios, binarios, un conjuntos de piezas en constante renovación que nos empapa el día a día con una pregunta enorme ¿Y ahora?

Nos pesa el aire, el frio, el viento, el tiempo, la ira, el miedo, el amor, la verdad, la injusticia, el terror, el sexo, los orgasmos. Nos pesa el saber, la ignorancia, tu estupidez, tu sensatez, los besos, las manos, los sueños.

A medida que nos vamos vinculando con el nuevo paradigma -sano y maravilloso- del feminismo nos encontramos con la visión que, hoy, nos hace brillar los ojos.

“compañero” el término que hoy es, lo que hace varios años atrás, era el amor romántico como ideal de vida. Un compañero, una compañera, une compañere, el nuevo amor que se pone a cuestionar todo lo instalado. La nueva forma de besar, de tener sexo, de mirarse a los ojos y de sonreír. La nueva manera de acostarse, de hablar mirándose a los ojos, de ser libre y responsable. El compañerismo polifacético. El compañerismo donde los ideales están presentes, los valores y las diferencias también. Es el hilo conductor de la des-patriarcalización de los vínculos monógamos, polígamos o como cada une crea (y sea) que es sano vincularse.

Replantearse la manera de elegir también es parte de esta revolución que nos permitió cortar lazos tanto amorosos como de amistad y a su vez, familiares. Utilizar el término “responsabilidad afectiva” y “realidad efectiva” también es parte del compañerismo. Un compañerx no es solamente la persona que te acompaña. Un compañerx es aquel o aquella que ante cualquier tipo de injusticia –social, económica, de género, personal, interpersonal- se mueve con vos, modifica, replantea, reconstruye, de-construye, dice que sí cuando hay que decirlo y no, también. Es esa persona que permite que unx se sienta completx sin recaer en esa metáfora capitalista –ultra capitalista- en la cual buscamos “la media naranja”. Es esa persona que, también, la libertad no lx abruma sino que le permite pensar y cuestionarse cada tipo de situación en la que la confusión, avasalladora de este periodo socio-cultura-economico, nos toca la puerta. Es esa persona que pregunta, que erotiza el cuestionamiento, la curiosidad y la exploración del cuerpo ajeno. Es aquella persona que pide permiso, entiende, da espacio y a su vez, también se lo das vos. Es reciproco. Es positivo.

El compañerismo es lealtad, es bandera política.

Tener un compañerx es político. Nuestros vínculos, nuestras decisiones son políticas. Nosotres somos política. Aunque quieran sembrar el odio, desarmarnos, hacernos creer que si no amamos como nos vende la góndola de la televisión –monogamicamente y por el resto de nuestras vidas- no vamos a amar nunca, y mucho menos, ser amadxs. Es político porque también los limites tienen la marca de un fibrón. Es político porque no es liberal. Porque no se entiende como individual. Es político porque es de a dos o más. Es político porque tiene ideales. Porque tiene pasión y corazón. Porque siente, mueve, arde, motiva y te hace aprender. Porque cuida, besa, ama, camina, trota, corre, frena. Porque es y porque no duele. Porque no deja doler y sobre todo, porque pide perdón. Porque es coherente y no entra en pánico con la confusión, sino que lo entiende como parte de las relaciones junto con la resolución. Porque es honesto y sincero. Porque se abraza sin miedo, porque se lucha, se combate la opresión y se rompen las cadenas que dejan marcas. Porque nos da arcadas el amor romántico que nos vendieron y sabemos que no es real. Porque aceptamos “el fracaso”, porque no somos ideales ni perfectos. Porque somos seres humanos con contextos que nos atraviesan y entendemos que, esta nueva manera de amar y ser amadxs, a todxs nos cuesta incorporarla pero que no nos cansamos de llevarla a cabo con una bandera política que es la que nos va a liberar de lo toxico que nos contamino tiempo atrás.

Sí, da miedo encontrarse en ese corral que te pone contra la espada y la pared entre lo viejo y lo nuevo; entre los caminos nuevos que nosotrxs mismos generamos, que también nos acorrala el mandato instalado patriarcalmente. Por eso, un compañerx es aquel -que dentro de ese proceso- evita el protocolo de amor romántico idealizado –inalcanzable y capitalista- ayudando y acompañando desde la perspectiva de género, el feminismo y la libertad, una nueva manera de resistir contra el sufrimiento que nos hicieron creer que era necesario.

Tengamos compañerxs, militemos el amor compañerx.

*Azul es escritora y editora de http://reviradas.com.ar/ militante nacional, popular y feminista.

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