Por Danae Prado C.

Nacer de nuevo.
Mecerse entre lavanda y romero.
Aprender a caminar destinos misteriosos.
Balbucear palabras nuevas para decretar mejores amaneceres.

Mirarse adentro,
abrir las fronteras de la piel
de par en par
auscultando sonidos, sentidos
y emociones,
redescubriéndose,
reconquistandose.


Figurar territorios vírgenes
en la geografía de la cuerpa
y la alma fracturada.


Nacer de nuevo,
pasear desnudar en la Alameda
y bailar de gozo en la punta del cerro,
escribir letras intimas en el espacio público,
soplar un diente de leon virtual
para mandar el secreto al mundo
y confiar en el nacimiento
y confiar en el surgimiento
y confiar.

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