Por: Danna Díaz Hereira

Mujer, ¿quién dijo que tu cuerpo es un castigo? ¿Quién afirma que tus labios son condena y pecado tu sonrisa?
Luna creciente, las voces marchitas te dicen: tu cuerpo no te pertenece, está maldito y por tanto no lo toques; oculta tu piel que crece suave y tus senos que florecen pletóricos para besar la brisa que ondea el cielo, el mar y la tierra. Mantén gacha la constelación de tus ojos. Sé esclava del prejuicio aunque en tu edad temprana no sepas lo que es todavía juzgar.
Luna llena, te murmuran voces hermanas que te avergüences, que te resignes, que te hagas menuda y que tu voz quede distante. Te incitan a odiar tu existir y a maldecir la ventura de tu feminidad, mujer ¡a huir de miradas insensibles, a sentirte insegura en tus pasos! Que busques, mujer, mujer, de luna llena y redonda, ser de revista, de publicidad, pero eso que dicen sano te va dejando loca y resentida, insana de muerte. Quieren que te cortes a pedacitos, que te escondas en nubes de maquillaje, máscaras de un cansino teatro. Quieren que en medio de tu vida te preguntes decepcionada y difuminada en el asfalto «¿quién soy?»
Luna menguante te susurran brotes de pequeñas voces: es tarde. Y te hablan al mismo tiempo, un ruidoso remolino que no escucha y solo aturde. Te ven ahí y creen que en tus huesos y tu piel ya no hay gloria ni lustro, que el brillo que importa es el de todas las estrellas que giran y giran en tu mismo cielo, naciendo y creciendo como rocío y escarcha. ¿Por qué te sientes tan cansada del mundo? Vamos, si aún no es tarde, si aún hay sueños, si aún hay ideas; mira esas manos viejas que ahora son alas de tanto recorrer el tiempo; mira ese cuerpo curtido que es bello como lo es el árbol más ancestral porque dentro de sí contiene los conocimientos más excelsos. Escucha entre ese ruido, luna menguante, porque hay una voz que conoces, que te trae recuerdos y te hace joven: esa voz te busca y te aviva, antes de que se apague tu fuego. No es tarde.
Mujer ¿quién dijo que eres solo un cuerpo vacío y que dentro de ti no se agolpan desbandadas de colores y formas celestes y divinas?

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