¿Puede el derecho producir alivio?

 

Por Alejandra Iriarte*

 

¿Puede el derecho producir alivio?

Reflexiones desde la abogacía feminista en torno a la novela “Por qué volvías cada verano”, relato coral de un abuso de Belén López Peiró.

 

El ejercicio de la abogacía como campo de batalla y herramienta de lucha feminista genera un sinfín de contradicciones entre quienes elegimos esta profesión y tratamos de modificar prácticas sociales a partir del derecho. Permanentemente nos cuestionamos el rol del derecho y del sistema judicial -en general- y del derecho penal -en particular- como mecanismos de transformación social y de combate contra el sistema hetero-patriarcal.

A partir de la lectura de la novela “Por qué volvías cada verano” de Belén López Peiró, me propongo reflexionar sobre estos puntos, y las implicancias de la abogacía feminista y su relación con las distintas formas de obtener “justicia”.

En el libro la autora reconstruye el relato del abuso sexual del que fue víctima durante su adolescencia por parte de su tío policía. Belén incluye declaraciones testimoniales que obran en la causa e incorpora la voz de sus parientes, la suya propia e incluso la del abusador, logrando narrar de una manera magistral una situación de abuso sexual.

Como punto de partida para estas reflexiones tomo un extracto del libro donde, desde la voz de su mamá, Belén recrea una conversación que tuvo con ella después que prestara declaración en sede judicial y conversara con la asistente social.

En esa conversación su mamá le transmite a Belén lo que les dijo la asistente:

…Y algo importante: dijo que con el juicio las víctimas se reivindican. Ya sé que para vos haber llegado hasta acá ya es una victoria, pero una condena te aliviaría, ¿o no?”

Me interesa detenerme a reflexionar sobre los interrogantes que se esconden detrás de este “¿O no?:

  • ¿qué buscan las víctimas al momento de hacer una denuncia?
  • ¿Qué las lleva a hacer una denuncia?
  • ¿todas las víctimas se reivindican con el juicio?
  • ¿cualquier juicio es una reivindicación para la víctima?
  • ¿En todos los casos una condena es un alivio?
  • ¿Cómo puede una condena producir alivio en una víctima?
  • ¿Hay otras herramientas para conseguir justicia?
  • Y finalmente… la madre de todas las anteriores: “¿para qué sirve el derecho?”

Las preguntas en relación a la eficacia de la denuncia, del proceso penal y de la posible condena, las responde la propia Belén.

La denuncia penal fue escrita por ella misma y presentada ante los tribunales de la Capital Federal en agosto de 2014. Cuatro años después, tras haberse modificado el lugar de radicación de la demanda a la jurisdicción del domicilio del abusador y donde ocurrieron la mayor parte de los hechos, todavía no se ha ordenado la elevación a juicio.

En una entrevista al diario La Nación, donde se le preguntó sobre el proceso judicial Belén contó: “Te revictimizan cuando te hacen repetir mil veces y explicar una y otra vez por qué estás ahí parada haciendo la denuncia. Presenté la denuncia en 2014, estamos a 2018 y recién ahora se presentó la elevación a juicio, que puede ser el año que viene o el otro, si es que hay juicio. Acá viene a jugar un rol especial el libro. Cuando me di cuenta de que yo había hecho todo lo que tenía a mi alcance: declaré, la pericia, escribí la denuncia. Ya no podía hacer más. Y esa justicia seguía sin depender de mí. Hay otra persona, sea un juez o un fiscal que decide por mí. En cambio, el libro era una justicia personal que sí dependía de mí. Fue una manera de poner las cosas en su lugar y también que la justicia haga algo para que no vuelva a pasar con otras mujeres. Y no solo a las mujeres que lo rodean a él, sino también al resto de las mujeres. Me llegaron un montón de mensajes desde que publiqué el libro. De mujeres que era la primera vez que podían reconocerse víctimas, de ciertos abusos o acosos, de mujeres que cuando leyeron el libro se animaron a hablar con su mamá”. Va más allá de mi situación, es una justicia ya ganada”[1].

De acuerdo a sus propias declaraciones fue en el libro donde encontró la forma de hacer justicia, y la posibilidad de dejar atrás el miedo, el que tuvo antes y durante el proceso judicial, cada vez que iba a declarar a tribunales, cada vez que tenía que detallar dónde y cómo su tío la había abusado[2].

En la contratapa Gabriela Cabezón Cámara escribe “…Este libro es una batalla: la que ganó Belén López Peiró iniciando un juicio, buscando asesoramiento legal en un sistema que no se la prodiga a las víctimas (…) Y escribiendo, haciendo de su propia experiencia una obra exquisita, una intervención política poderosa”.

Fue en la palabra ficcionalizada donde Belén encontró una forma de sanar, de convertir su rol de víctima en un rol político. Del mismo modo que lo hace Virgine Despentes en Teoría King Kong, a partir de su novela Belén deja de ser la víctima de un abuso, para pasar a ser la actora política de su propia historia. Belén logra salir del lugar pasivo que nos asignan a las mujeres. Belén asume su situacióny la convierte en una herramienta poderosa de transformación, de lucha y de emancipación.

A partir de este caso concreto se ponen en evidencia todas las limitaciones propias del derecho penal, su verdadera función y su escasa utilidad para producir verdaderos alivios en las víctimas.

Entonces,¿de qué sirve el derecho?

Sin embargo, aún quedan en pie otros interrogantes, sobre todo el vinculado con la eficacia del derecho.  Julieta Lemaitre Ripoll nos ayuda a reflexionar sobre el poder simbólico del derecho al nombrar determinadas situaciones como disvaliosas.  La autora citada nos dice “El marco legal invita a pensar la condición de las mujeres en su plena humanidad, con el lenguaje por definición humanista de los derechos y la dignidad. Y ese lenguaje de la dignidad, de los derechos, tiene un impacto emocional profundo entre quienes han sufrido las violencias que atrae el ser mujer o niña. Así, las feministas se acercan al derecho no sólo por el interés personal o colectivo de lograr unos avances o unas prebendas, aunque sin duda esa es una dimensión importante; se acercan también porque las certezas morales del derecho le dan sentido a sus vidas. Por ejemplo, una situación que puede en otros marcos de comprensión aparecer moralmente ambigua como es la relación sexual consentida con niñas, o los golpes causados por el propio mal comportamiento, aparecen en el marco del derecho como injustificables”[3].

En este sentido es probable que el real aporte del derecho y de la denuncia judicial en el caso de Belén haya sido dotar de disvalor a la conducta de su tío. Acudir al derecho y al sistema judicial fue la forma de obtener legitimidad frente a la familia y la comunidad. A partir de la redacción de la denuncia y del uso del lenguaje del derecho, ya no es solo Belén diciendo que el policía y “buen vecino” del pueblo es un abusador, sino que encuentra en el lenguaje jurídico una herramienta para sostener su posición.  Deja de sersu palabra contra la de él, su posición es dotada de un mayor significado negativo al acudir a la legitimidad del sistema jurídico.

En el mismo sentido Alicia Ruiz reflexiona que “El derecho configura la subjetividad y las identidades, y –por esa vía– consagra o denuncia formas de discriminación, interviene en los espacios de conflicto que se generan a partir de esas configuraciones y en las inevitables secuelas individuales y sociales que provocan. Reconocer a alguien como sujeto de derecho, resignifica el discurso acerca de ese alguien. La operatividad de ese reconocimiento implica una intervención en el mundo simbólico, con consecuencias tremendamente reales”[4].

Una posición similar sostiene Rita Segato en “Las estructuras elementales de la violencia” al defender la necesidad de legislar en derechos humanos. La autora sostiene que ”[e]stá posición se explica no tanto por la productividad del derecho en el sentido de que orienta las sentencias de los jueces, sino por su capacidad de simbolizar los elementos de un proyecto de mundo, crear un sistema de nombres que permite constituir la ley como un campo de disputa, como arena política. La eficiencia simbólica del derecho es entendida como la eficiencia de un sistema de nominación que crea realidad y permite comprobar la naturaleza histórica, mutable; del mundo[5].

En este contexto, ¿qué rol debemos ocupar las abogadas feministas?

En primer lugar, considero que para ser verdaderas abogadas feministas y no reproducir las prácticas tradicionales de los/as abogados/as “clásicos” –cis hetero patriarcales- y desentendernos del contexto social, debemos reflexionar en cada caso sobre estos aspectos.

La discusión de fondo radica en entender qué convierte a la abogacía en feminista. Es decir, si se trata solo del uso del lenguaje jurídico y del derecho con perspectiva de género o si esto por sí solo no basta para constituir en feminista al ejercicio del derecho.

Me inclino por esta última hipótesis, entendiendo que dentro de la abogacía feminista el uso del lenguaje jurídico y sus posibilidades,constituyen sola una de las herramientas a las que podemos acudir. Nunca podemos actuar ignorando el contexto sociopolítico en el que ejercemos nuestro trabajo, por eso, nos toca ampliar el ejercicio de la abogacía más allá de los tribunales.

En este sentido, ¿escribir una novela sobre el relato de un abuso, no es también una forma de apropiarse del derecho desde el feminismo?

Fue Katherine Bartlett quien al preguntarse sobre los métodos feministas en el derecho[6], permite realizar una conceptualización de los abordajes que realizamos las abogadas feministas. En este sentido las preguntas que me surgen no son otra cosa que un ejemplo del método del posicionamiento. No se trata solo de dogmática legal sino de entender el contexto en que se dan los hechos, y desde ese entendimiento realizar un abordaje integral de la situación que se nos plantea.

Sin ánimo de responder cabalmente a los interrogantes que formulé al principio, creo que una posible primera conclusión sobre el rol del derecho, es que el mismo sirve para construir legitimidad. Es probable que si Belén no hubiera redactado e impulsado la denuncia judicial como paso previo, el libro no hubiese sido escrito.

Es una pura especulación, pero responde en parte al proceso que hizo la autora. Su primer impulso fue escribir su propia denuncia. Poner en lenguaje de derechos una situación de su vida cotidiana. Fue este primer paso el que le permitió salir del lugar de víctima pasiva.

Es probable que no sea mucho más que esto lo que se le puede pedir al derecho, y que nuestra tarea como abogadas feministas consista en asumir los límites del derecho y ser conscientes de sus –útiles, pero escasas- posibilidades. Solo así, quizás, podamos evitar el impulso de decirles a todas las personas que consultan por casos de abuso, violación y violencia en general, que lo mejor que pueden hacer es empezar un taller de escritura.

Para esto es imprescindible reflexionar sobre nuestro rol como abogadas feministas y tener en cuenta todas las implicancias que tiene nuestra tarea.

*Alejandra es Abogada. Integrante de la Red de Abogadas Feministas. Escritora y Tucumana.

Ph: Marcos Sierras

 

[1]https://www.lanacion.com.ar/2147970-belen-lopez-peiro-la-joven-que-fue-abusada-por-su-tio-y-escribio-un-libro-para-sanar

[2]Ver https://www.pagina12.com.ar/128803-el-limite-es-el-consentimiento

[3]Lemaitre Ripoll, Julieta. 2009 “Legalismo Feminista. Los derechos de las mujeres en los años noventa”. En el Derecho como conjuro. Fetichismo legal, derecho y movimientos sociales, de Julieta Lemaitre Ripoll. Bogotá: Siglo del Hombre, pp 197-236. Pag. 201

[4]Ruiz Alicia E.C. “Cuestiones acerca de Mujers y Derecho” Pag. 116

[5]Segato, Rita Laura “Las Estructuras Elementales de la violencia. Ensayos sobre género entre la antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos”. Prometeo Libros. 2010. Introducciòn pag. 18

[6] Bartlett Katherine T. (1990). “Métodos Feministas en el derecho”

 

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