Hipocresía social y el odio como política: por qué las vidas de las personas trans importan

*Por Sonia Martina

¿Sabes cuál es la expectativa de vida de las personas trans en Paraguay? De 35 a
40 años. ¿Sabes por qué? Por la violencia sistemática que como sociedad seguimos
ejerciendo, excluyéndolas de los derechos más básicos como la identidad, la salud y
la educación. Tuve la enorme fortuna de trabajar muy de cerca con adolescentes
trans. La lección de vida, de principios, de fortaleza, de resiliencia que me dieron no
tiene precio. Escuchaba atentamente sus dolores y también sus sueños y anhelos.
Soñar con ser activista por los derechos de la niñez para que ninguna niña
experimente lo que había vivido, fue de las cosas más movilizantes y hermosas que
escuché de una de ellas.

Hoy una de esas voces fue apagada, escribo esto con una mezcla de rabia y
profunda tristeza y me pregunto: ¿qué mierda nos pasa como sociedad? ¿Por qué
tanto odio? ¿En qué te afecta la existencia de una persona trans? ¿Qué te pasa por
la cabeza para pensar que podés decidir la identidad y existencia de otras
personas? ¿Cuánta indolencia y deshumanización puede caber en una persona?
Rabia y dolor. Pienso; no podemos seguir así de indolentes e inhumanos. ¿Qué
carajos nos pasa como sociedad para seguir sosteniendo discursos de odio que van
desde las “inocentes” bromas y terminan en la violencia extrema o la muerte? Pero,
por otro lado, vamos discurseando sobre amor y paz y ponemos fotitos familiares a
lado del pesebre. ¡Harta de esta sociedad hipócrita!

Justicia para todas las vidas apagadas por la violencia de este sistema social
excluyente y transodiante.

*Sonia es feminista, activista y orgullosa madre autónoma.

1 comentario

  1. Hola, Sonia. Te escribo desde mi perspectiva como psicóloga y desde una profunda convicción de que la vida humana siempre está primero, más allá de cualquier circunstancia, elección, etiqueta o creencia religiosa.
    Comparto plenamente tu dolor y tu rabia ante la pérdida y ante una realidad social que duele y margina. Como profesionales de la salud mental, nos toca atestiguar de cerca el sufrimiento que genera el rechazo sistemático, y es desgarrador ver cómo se apagan vidas que tenían tanto por aportar, por soñar y por vivir.
    Desde la psicología, sabemos que la validación de la identidad y el afecto son necesidades humanas básicas y vitales; la exclusión no es solo un problema social, es una herida directa a la salud mental y a la supervivencia emocional y física de las personas.
    Creo firmemente que defender la vida significa protegerla en todas sus expresiones, sin condiciones ni exclusiones. Ninguna postura religiosa, moral o social debería estar por encima de la dignidad humana y del derecho inalienable a existir en paz y con plenos derechos. La empatía y el respeto por el otro no son negociables, y construir una sociedad verdaderamente humana exige dejar de mirar hacia otro lado frente al sufrimiento ajeno.
    Te mando un abrazo solidario en este momento de tanta impotencia.
    Angélica Rojas, Psicóloga.

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